JAVIER CUERVO
Al final va a resultar que la voz que le dijo a George W. Bush que invadiera Irak no era de Dios. Aunque Dios es muy guerrero -sobre todo el del Antiguo Testamento, que es el que más rige en EE UU- también es infalible y Bush ha acabado por reconocer que la guerra está resultando un error. Dios es una voz muy acreditada en todo el mundo. Cualquier persona que diga que oye voces en su interior que le indican lo que debe hacer encontrará alguien en su entorno que le recomendará que lo consulte a su médico. En cambio cuando alguien dice que oye la voz de Dios se tiende a respetarlo como cosa de la fe. Cuando Dios habla a alguien con poder se es todavía más respetuoso, supuesta la línea directa que existió durante siglos entre el poder terrenal y el otro, ahora reinstaurada y con banda ancha incluso en Venezuela. Si un ciudadano medio dice que la voz de Dios le pidió que matara a su hijo primogénito -un recado que están en las primeras páginas de la Biblia- inmediatamente alertamos a toda la familia y a la policía municipal pero si el presidente de una potencia asegura que Dios le ha recomendado matar a 650.000 iraquíes y enviar a morir a 3.000 de los suyos se hace un silencio como de "ellos sabrán".
Ahora Bush reconoce que aquello que oyó en su cerebro no era la voz de Dios. Como era la voz de otros se hace recomendable olvidarse de miramientos religiosos y tratarlo con haloperidol. Bush no reconoce la voz de Dios ni acaba de identificar la de la experiencia y así ha quedado claro en el razonamiento de su último discurso. Como enviar tropas a Irak ha sido un error propio la única enmienda que se le ocurre es mandar a 21.500 militares más. Vaya por Dios.