Así pues, concluida la visita de la señora comisaria Hübner, quizá proceda decir primero que este tipo de viajes, aunque no sean pocos los observadores escépticos, tiene casi siempre un plus de utilidad que consiste en permitir a quienes deciden, en Bruselas, una aproximación a la realidad de lo que gobiernan. Que no es asunto menor en cualquier circunstancia y país, pero sobre todo en aquellos que, por lejanía, tienden a ser vistos en el corazón del continente casi sólo como tierras cuya existencia consiste en recibir dinero que sale de las arcas comunes; y eso gusta poco, sobre todo a los que más las nutren.
En ese sentido, por tanto, hay que convenir en que la iniciativa de la Xunta invitando a doña Danuta fue feliz y sus resultados iniciales, siquiera los gramaticales, han estado a la altura de lo que se esperaba: eso de que la UE diga que va a cofinanciar el AVE entre Vigo y Oporto permite suponer que realmente lo habrá, lo cual no es poco, y sobre todo alimenta la esperanza de que la estrategia europea puede modificarse algo, dándole al Atlántico una atención siquiera proporcional a la que hasta ahora se ha dado al Mediterráneo. Lo que para Galicia, y la Eurorregión con el norte de Portugal, puede resultar decisivo.
El segundo de los datos positivos de la visita hay que referirlo al apoyo que se ha prometido para la intención de la Xunta de modificar en parte los objetivos a cubrir con los Fondos para dedicarlos al famoso I+D+i, lo que podría llamarse "la apuesta irlandesa" del señor Touriño. Una apuesta clave para el futuro del país y, por tanto, un apoyo estratégico básico para que ese futuro tenga de verdad posibilidades de alcanzarse, entendiendo por tal lo que don Emilio ha reiterado, que es la convergencia con Europa en términos económicos, sociales y culturales.
Lo mejor, por tanto, de cuanto ha sucedido en este escaso día y medio ha sido la ratificación de la intención del gobierno gallego de modificar algunas de las premisas sobre las que se había trabajado hasta ahora, y apostar decididamente por la neurona al menos al mismo nivel que se ha hecho por el cemento. Cierto que eso es posible porque la Xunta anterior, aún con errores, llevó el déficit infraestructural de Galicia, que antes era abismal, a un nivel más razonable, pero era tiempo de variar el objetivo y esa variación está ya sobre el papel y con las bendiciones previas. Hosanna.
Dicho todo lo anterior, y sin la menor intención de amargarle a alguien la fiesta, convendría quizá insistir en la relativa urgencia de que la visita de doña Danuta no se quede en agua de borrajas, como una expedición más del centro jacobino a la periferia. Y en ese sentido no estorbaría que la Xunta, y su gobierno amigo, busquen la concreción en plazos y cifras de las excelentes intenciones de la señora comisaria de Política Regional; no por desconfianza, naturalmente, pero sí por precaución. No sea que suceda como alguna otra vez, que en eso de los chascos hay experiencia.
En todo caso está claro que es mejor que haya venido que no que se hubiese quedado en Bruselas.
¿O no...?