Faro de Vigo

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Como cada año, los periódicos realizan pequeñas entrevistas veraniegas que resultan la mar de jugosas. Muy apropiado lo de la mar, dado que es verano. Si fueran en invierno tal vez serían fríamente jugosas. O navideñamente jugosas. Son pequeñas por ser de breves preguntas y breves respuestas, no por ser chicas de tamaño tipográfico. Son tipo cuestionario. No hay entrevista mala, hay mal entrevistador. Realizar una entrevista es fácil. Realizar una buena entrevista es muy difícil. Oriana Fallaci le hizo una a un famoso púgil que la recibió eructando. No sabemos si el regüeldo lo incluyó como respuesta. Ahí ya tienen un tema de debate entre los teóricos, que los hay partidarios de editar y pulir las respuestas, mientras que otros opinan que dejar los coloquialismos y muletillas añade valor y expresividad y ayuda a retratar mejor al personaje. Hay preguntas que merecen un eructo. Ojo, puede ser de satisfacción.

Las entrevistas de Rosa Montero se estudiaban en la facultad cuando yo fui a la facultad, que era un tiempo en el que aún se llevaban los tipómetros y había teléfonos móviles que pesaban un kilo. Hoy Montero ya no hace entrevistas. Siempre me he preguntado si ya no tiene nada que preguntar. O si considera que ya nadie tiene nada que decir. Lo bueno es que escribe novelas. No sé si en las novelas de Rosa Montero los personajes se hacen preguntas, que sería como entrevistarse. A mí me gustó mucho una que se titula La loca de la casa. La loca de la casa, según Santa Teresa, es la imaginación. No me dirán que no es una portentosa y atinadísima reflexión. En las entrevistas veraniegas no se desnuda a los protagonistas, dado que la gente en pelotas ahora en verano está muy sudada y no sería decoroso espectáculo. Se les pregunta por sus lecturas y aficiones, sus rincones favoritos, sus sueños. Por su posesión más preciada o tal vez si llevan lentillas. Hay quien se pone pedante y quien se pone estupendo, no falta quien se imposta y quien es sincero. Tampoco faltan los silencios. Los silencios pueden ser ruidosas respuestas. Pero son difíciles de reflejar. A mí las grandes entrevistas me las hace mi hijo, dotado de gran sagacidad a sus tres años y que es muy dado a inquirir sobre el nombre de la calle por la que pasamos, por los ingredientes del yogur, sobre el por qué de la existencia de la luna e incluso por quiénes son Rajoy y Pedro Sánchez, nombre que suele escuchar por la funesta manía de uno de visionar los noticiarios televisivos almorzando, lo conlleva irremisiblemente a que nos perdamos La patrulla canina, ejemplo narrativo de cooperación, amistad y entrega. Entrega perruna, pero entrega. Aunque bien visto, los perros son siempre un ejemplo de entrega y lealtad. Estaría bien entrevistar a un perro, cada uno al suyo. Guau, qué entrevista.

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