EDITORIAL

El turismo apuesta por el paraíso gallego

23.07.2017 | 05:58

La euforia se ha instalado en el sector turístico gallego. El último informe de Exceltur, la patronal que agrupa a la mayoría de los grande negocios, revela un paisaje abrumadoramente optimista, una circunstancia inédita en un colectivo que se ha movido entre la cautela y el lamento. Porque las propias empresas confiesan que el arranque de 2017 ha sido excelente y que las perspectivas para el verano son todavía mejores.

Más allá de que se haya producido un cambio de tendencia en los gustos de los visitantes, es evidente que en este vuelco han tenido mucho que ver el cambio de estrategia y modos del propio sector. Su apuesta por la modernización, por una oferta de calidad, por abrirse al mundo sin complejos y por el uso de las herramientas tecnológicas para explotar las extraordinarias potencialidades de nuestro país. Y también por deshacerse, esperemos que para siempre, de un cierto complejo fatalista que les llevaba a flagelarse en la convicción de que era misión imposible competir con otros territorios que garantizaban el sol y la playa, al parecer, los dos únicos elementos que buscaban los turistas -nacionales y extranjeros-, retratados de una forma tan simplista como falsa. Los últimos datos de junio así lo rebaten: Galicia sumó en junio más visitantes, que además se quedaron más tiempo que el mismo mes del año pasado. En el caso concreto de Vigo, alcanzó la cifra más alta desde que hay registros históricos. La evolución de los aeropuertos gallegos -con Peinador a la cabeza con un crecimiento mes a mes récord- es otro termómetro que indica que la comunidad tiene suficientes ganchos para erigirse en un destino ideal.

El estado de cosas ha dado, pues, un giro copernicano. Exceltur sitúa ahora a Galicia como la segunda comunidad con mejores perspectivas de España, tras las Islas Baleares. "Es uno de los destinos ganadores", resume la patronal. Y los empresarios gallegos también lo certifican con sus propias opiniones. Porque siete de cada diez prevén elevar sus beneficios durante el periodo estival. La cifra supone un récord en la confianza de nuestro sector y supera en 20 puntos a la media nacional.

El sector confiesa, asimismo, que sus expectativas estivales son, en gran medida, consecuencia de lo ya vivido en el primer semestre del año. En ese periodo, siempre más contenido por razones meteorológicas, sociales y laborales -los tiempos vacacionales son mucho más cortos- el 69% de las empresas turísticas ha aumentado su negocio. Este porcentaje -en el que las Rías Baixas ejercen como locomotora- solo es superado por las intocables Islas Canarias. Pero también revelan que han experimentado un crecimiento en sus reservas, ventas y en la contratación de más personal.

La evolución del sector se traduce también en las cuentas de la comunidad. Los servicios constituyen el gran impulsor del crecimiento económico y de empleo de Galicia, superando a la industria, todavía en fase de recuperación tras haber sido noqueado por la crisis.

Pero que las cosas se estén haciendo bien no significa que no se puedan hacer mejor. Porque hay todavía un amplio margen de crecimiento. El sector ha entendido que solo saliendo a competir al exigente mercado de forma abierta y decidida tiene verdaderas opciones no solo de consolidarse, sino de ampliar su cuota. Y lo está haciendo explotando sus virtudes e intentando minimizar sus defectos. Porque Galicia atesora una oferta global de primer orden, capaz de satisfacer a los públicos más diversos: los amantes de la playa, de la montaña, del paisaje, urbano o natural; los curiosos que buscan cultura, tradiciones e historia; los degustadores de una gastronomía de calidad; los buscadores de ocio y diversión; los practicantes del deporte, en especial el náutico; los necesitados de relax en la extensa red de balnearios o del recogimiento en verdaderos remansos de paz. Galicia tiene para todos ellos algo que proponerles.

Sin embargo, toda esta oferta precisa de una mayor profesionalización. El esfuerzo por lanzar un producto global de calidad debe redoblarse, así como eliminar las excrecencias que dañan y perjudican la imagen de todo un colectivo profesional. Conseguir la presencia de turistas es una tarea ardua, de largo recorrido, que exige constancia y sensibilidad. El turismo, como otros fenómenos de masas, también se mueve por modas y gustos coyunturales. Así que es tan importante atraerlos como lograr que regresen. Y porque además los visitantes ejercen una valiosísima y filantrópica labor de publicistas. El boca a boca funciona casi siempre mejor que la más costosa campaña de promoción institucional. Los turistas son disfrutadores de nuestra tierra pero también exportadores de sus atractivos y, en consecuencia, reclutadores de nuevos visitantes.

En ese empeño por depurar la oferta, la decisión de la Xunta de regularizar los pisos turísticos es un acierto. En Galicia, según el Clúster de Turismo, había hasta 30.000 viviendas de veraneo que operaban sin ningún control. El nuevo decreto autonómico pone coto a una actividad que se había desbocado propulsada por las plataformas digitales pero que no ofrecía las mínimas garantías. Ahora con la obligación de registrarse y cumplir una serie de requisitos que se le imponen a los dueños de estas viviendas de alquiler, principalmente estival, se salvaguardan los intereses y derechos de los ocupantes ocasionales.

Como acaba de argumentar el propio Tribunal Superior de Xustiza en la desestimación del recurso presentado por los propietarios de pisos turísticos, la norma autonómica era "necesaria para regular la incidencia de la actividad al poner en orden la oferta en un ámbito relevante como es la oferta turística". Al mismo tiempo la Agencia Tributaria ha implementado una campaña sobre aquellos que se anuncian en webs -unos 8.000- para que sus propietarios atiendan sus deberes fiscales y que ingresarían casi 15 millones anuales en negro.

Galicia tiene en el turismo una formidable palanca de desarrollo, el complemento ideal a la actividad de sectores tradicionales o de aquellos otros más sujetos a las veleidades económicas. Una oportunidad de crecimiento. Pero debe hacerlo de forma ordenada, sólida, sostenible, con la calidad y la profesionalidad como banderas.

Y aunque nuestra comunidad esté por fortuna lejos de sufrir los perjuicios que la masificación está causando en otros territorios -Baleares, Cataluña...-, el fenómeno del turismo descontrolado entraña riesgos. En Galicia los visitantes -por los ingresos económicos y la diversidad social y cultural que nos aportan- son y serán recibidos con los brazos abiertos, siempre que al mismo tiempo seamos capaces de preservar nuestra calidad de vida.

Y ahí reside el verdadero reto: cómo ser capaces de potenciar nuestros indudables atractivos al tiempo que conservamos como oro en paño nuestro patrimonio natural, histórico, cultural. Ese gran tesoro que nos convierte en un paraíso único que cientos de miles de turistas, y cada vez más, vienen a conocer.

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