sol y sombra

Una de Kohl

03.07.2017 | 00:55
Una de Kohl

Helmut Kohl, el canciller de la unidad alemana, no se ha ido en paz. Sus restos mortales han viajado por tierra, mar y aire en medio de una disputa familiar. Sus hijos permanecen peleados con la viuda, 35 años más joven que el fallecido, después de que el veterano político se separase de su primera mujer, la madre que los engendró y se suicidó en 2001 tras haber permanecido a su lado desde la juventud. Podría decirse que el hombre que unió a Alemania no pudo evitar la división de sus seres queridos, así se escribe la historia.

Kohl era un político aficionado a comer bien, uno de esos ejemplares que ya no se dan, y cultivó la afición hasta que su decadente salud se lo impidió. Incluso colaboró con sus recetas en un libro del que es autora la primera de las mujeres que lo acompañaron en la vida, la citada Hannelore, de soltera Renner. Le gustaba hablar de comida, prolongaba las sobremesas oficiales para ello y en sus discursos hubo más de una alusión a los vinos servidos. En un banquete celebrado en Sevilla, siendo anfitrión Felipe González, dedicó una parte del brindis a comparar los vinos andaluces con los de su tierra, el Palatinado. Aznar le invitó a Vega Sicilia en El Escorial y esa misma tarde pidió visitar las famosas bodegas.

El expresidente del Gobierno popular, según cuenta el inolvidable Luis Carandell, no supo corresponder en un viaje a Alemania al interés mostrado por su colega, cuando Kohl, para romper el hielo, le invitó a tomar una caña en la cervecería que frecuentaba de estudiante. "No bebo cerveza", dijo con la sequedad que le caracteriza. Más corrida está la anécdota de que el canciller alemán, en una cumbre europea celebrada en Madrid, al terminar el banquete oficial en el Palacio de Congresos, dijo a los que le acompañaban: "Ahora, vámonos a cenar".

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