20 de mayo de 2017
20.05.2017
Nuestro mundo es el mundo

E Gobernando con la cruz a cuestas

20.05.2017 | 02:23
E Gobernando con la cruz a cuestas

He escrito que Rajoy es un hombre con suerte. Pese a haber quedado lejos de la mayoría sobrevive no solo por sus méritos -los aciertos en economía- sino por el BCE y, todavía más, por las carencias y divisiones de sus enemigos. Pero sobrevivir e intentar gobernar no es lo mismo que gobernar. Y algunos días parece un condenado con la cruz a cuestas. ¿Hombre con suerte y condenado a la misma vez?

Parece imposible, pero es verdad. Tras lograr aprobar hace semanas con el apoyo del PSOE -a cambio de un aumento del 8% del salario mínimo- algo tan esencial como el techo de gasto anual, ha logrado derrotar las enmiendas a la totalidad de los presupuestos por 175 a 175. Y parece que culminará el empeño sumando un diputado canario. Serán 176 a 174. Rajoy habrá sudado y dejado muchos pelos en la gatera pero tendrá presupuestos. Por esta parte tiene la gobernabilidad asegurada hasta el 2019 porque en el 2018 siempre puede recurrir a la prórroga presupuestaria. Y casi toda la oposición -PSOE, C's y PNV- han demostrado cierto grado de responsabilidad. Saben que con las cosas de comer es peligroso jugar.

Pero el martes el Congreso votó una moción del PSOE reprobando al ministro de Justicia, Rafael Catalá. Es la primera vez desde el 77 en la que se reprueba a un ministro. Y la causa es grave porque se le acusa de proteger a políticos del PP investigados por corrupción. Además la reprobación se extiende al nuevo fiscal general del Estado, José Manuel Maza, y al más nuevo todavía fiscal Anticorrupción, Manuel Moix. Y la oposición no fantasea. Es que hay una escandalosa conversación, grabada por orden judicial, entre Eduardo Zaplana (el de Valencia, el portavoz de Aznar, el acompañante de Rajoy en sus primeros años de oposición y luego refugiado en Telefónica) y el propio Ignacio González en el que se felicitan -antes de que se produjera- del próximo nombramiento de Moix para Anticorrupción.

Con todo, quizás lo más grave no es ya la reprobación de Catalá -un ministro clave en el actual momento- sino el muy amplio apoyo a la reprobación: 207 votos contra 134. Una mayoría muy superior a la que tendrá -si todo va bien- la aprobación a los presupuestos que será de 176 contra 174. Aritméticamente, si unimos las dos votaciones, podríamos decir que hay 207 diputados contra Rajoy y 176 a favor. Es lo que ha pasado, pero la aritmética no vale porque solo hay 350 diputados (no 373) y lo que pasa es que a la moción del PSOE se han sumado, además de Podemos, la antigua Convergencia y ERC, grupos como C's y el PNV que se han comprometido a aprobar los presupuestos.

Lo que indican las dos votaciones es que España está partida. Por una parte hay una mayoría raspada para aprobar los presupuestos. Por la otra hay una práctica unanimidad -con exclusión del PP- en censurar la actitud del Gobierno Rajoy ante la corrupción. España está partida entre un sí con reparos a no paralizar la marcha de la economía y un no irritado a los continuos escándalos de corrupción.

Es posible que los motivos del PP no sean solo espurios. Algo no funciona bien cuando se filtran informes policiales -no avalados ni por los fiscales ni por el juez del caso- que acusan a Cristina Cifuentes, la presidenta de Madrid y una de las renovadoras del PP. Y es posible que en la Fiscalía Anticorrupción haya exceso de "justicieros" tras muchos años de silencio obediente (antes de que se creara esa fiscalía). Pero "reordenar" la justicia no lo puede hacer un Gobierno en minoría sin el apoyo de la Cámara y basado solo en las recomendaciones de Manuel Marchena, el poderoso presidente de la sala segunda del Supremo, que es al parecer la eminencia gris de los cambios.

Además, dos datos más indican que el pantano está lleno de barro pestilente. El primero es que Cristina Cifuentes -cuya imputación sería fatal para el PP- no cree que la filtración sea casual pero no atribuye la maldad a Podemos, o al PSOE, sino que apunta a "fuego amigo". El segundo es que el juez Velasco -el que envió a la cárcel a Ignacio González- dejará de instruir el caso porque ha sido ascendido -a petición propia- a la sala de apelaciones de la Audiencia Nacional. ¿Patada hacia arriba para que no moleste?

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