02 de abril de 2017
02.04.2017

El acoso escolar es cosa de toda la comunidad educativa

02.04.2017 | 03:05
El acoso escolar es cosa de toda la comunidad educativa

El acoso escolar, el bullying, causa tanto sufrimiento y tiene consecuencias tan graves, a veces incluso fatales, que no podemos confundir lo urgente con lo importante. Aunque todas las iniciativas han de ser bienvenidas, es imprescindible que se enmarquen en la actuación global de toda la escuela.

Es fácil exponer una opinión contraria al acoso escolar. Lo difícil es desterrar creencias e ideas que, en realidad, justifican dinámicas que están en la raíz de estas conductas, que justifican relaciones poder/sumisión, que justifican la ley del silencio, que sostienen que algunas víctimas "se lo buscan", que lo califican como cosa de niños, ?Creencias que constituyen la violencia cultural que sustenta el acoso.

Y cambiar creencias no es fácil. Exige dedicar tiempos y espacios a debatir para cuestionar, desaprender y aprender dialogando, reflexionar críticamente, ?una tarea difícil pero imprescindible.

Cuando se produce un caso de acoso escolar lo urgente es proteger a la víctima y asegurarnos de que el acoso no va a continuar.

Y después, educación, más educación.

Porque educar es el valor añadido que tiene que aportar la escuela en la respuesta al maltrato. La escuela tiene que transformar las conductas contrarias a la convivencia en oportunidades de aprendizaje.

No basta con parar el acoso, con sancionar una conducta acosadora. Controlar no es educar. Es necesario que el agresor aprenda, que desarrolle su razonamiento moral, que aprenda a gestionar sus emociones, a ponerse en el lugar del otro, a respetar, ? es necesario que los espectadores aprendan para cuestionar su pasividad e involucrarse en lo que le pasa a los demás, ? y también es necesario que la víctima aprenda a superar lo vivido desarrollando su resiliencia, su fortaleza emocional, su asertividad, para que disminuya su vulnerabilidad y sepa defenderse, actuar y pedir ayuda si vuelve a verse en una situación similar.

Pero si queremos acabar con el acoso escolar, no podemos esperar a que se produzca y podamos detectarlo. Necesitamos utilizar la herramienta más útil que tenemos: la prevención. Investigación educativa y experiencias de éxito así lo indican.

Claro que, de nuevo, hablamos de prevenir desde la educación. Porque quien quiera prevenir desde el control, proponiendo medidas coercitivas contra el acoso: vigilantes, cámaras, etc., no está educando.

Prevenir desde la educación significa construir la convivencia en la escuela día a día, creando relaciones interpersonales de calidad, creando clima y cultura de convivencia en positivo, desarrollando en el alumnado su competencia social, aprendiendo a resolver conflictos de manera pacífica y a restaurar las relaciones dañadas cuando se quiebra la convivencia.

Prevenir construyendo la escuela inclusiva, pero de verdad, una escuela en la que todo el alumnado participe y aprenda, en la que se sienta acogido, valorado, respetado, importante y en la que se asegure el progreso del aprendizaje sea cual sea la condición de cada uno.

Y, además, prevenir exige planificar específicamente la lucha contra el acoso: construir escuelas seguras, en las que la participación de todo el alumnado los convierta en protagonistas de la convivencia en positivo y del rechazo al maltrato.

La escuela necesita, también, profesorado formado, porque la convivencia es una de las finalidades de la educación, no un medio para poder enseñar.

Y necesita de la cooperación de las familias, de los medios de comunicación, de toda la ciudadanía.

Necesita familias que eduquen, que proporcionen ambientes sanos y experiencias de buena convivencia a los niños y niñas. Que colaboren con las escuelas y estén atentos a los indicadores que alertan de que su hijo o hija es víctima de acoso o se ha convertido en agresor. Que se involucren en educar para que sus hijos no se conviertan en espectadores impasibles ante el sufrimiento del otro.

Necesita una ética periodística que no convierta los sucesos violentos que se dan en la escuela en titulares; medios de comunicación que no potencien el tratamiento frívolo de las relaciones interpersonales y la violencia, que no alarmen ni confundan, que ayuden a crear un conocimiento real de la escuela, en la que todos los días miles de profesores y profesoras, de alumnos y alumnas conviven en paz y construyen convivencia.

Necesitamos Políticas, con mayúscula, que cambien la violencia cultural y estructural que permite que existan niños, niñas y adolescentes en situaciones vulnerables, que permiten la desigualdad.

Si la escuela tiene voluntad de acabar con el acoso, toda la comunidad educativa tiene que involucrarse en prevenirlo y en actuar cuando se produce. Por eso necesitamos que todas las escuelas sean escuelas antiacoso.

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