21 de febrero de 2017
21.02.2017

Había una vez un botiquín

21.02.2017 | 01:58
Había una vez un botiquín

Hay quien considera que la Secretaría General de Pesca, en un tiempo de bonanza económica, adquirió una importante remesa de botiquines para embarcaciones menores que, sin embargo, no supo "colocar" adecuadamente, por convicción, a sus destinatarios y estos, ahora, obligadamente, han de adquirirlos y exhibirlos a reclamación de cualquier inspector. Pero son un instrumento inservible, dudosamente recomendado por personal sanitario y cuyos componentes caducan sin ser utilizados por los tripulantes y que son arrojados al mar precisamente porque la fecha de caducidad induce a ello.

Patrón, armador y marinero de una embarcación menor, mi amigo J.M. me decía recientemente, de regreso ya de una marea más que aceptable: "Es una mamarrachada, un absurdo, sin pies ni cabeza. El botiquín de mi barco no lo tocamos. Ni siquiera sabemos para qué son determinados medicamentos que, obligadamente, tenemos que llevar a bordo. Usados o sin usar, la inspección que debes pasar anualmente tiene que constatar que esos medicamentos están ahí. Y yo me pregunto si es tan solo para que ellos, los inspectores, comprueben que se llevan tales medicamentos en el barco. Para nosotros, con un poco de desinfectante, unas tiras de esparadrapo o tiritas y, por si las moscas, unos analgésicos, es más que suficiente. La mayor parte de los medicamentos que nos obligan a llevar, te prometo que se van a la basura. Necesitamos un botiquín, pero que este sea el adecuado a nuestras necesidades. Si hay causa mayor, venimos a tierra y vamos al médico".

Hace años que los marineros gallegos -al igual que los de las demás comunidades autónomas españolas- rechazan el tan traído y llevado botiquín, y no es por lo que cuesta su renovación, sino por el incordio que es pasar la inspección de este adminículo que impone perder un día de trabajo en la mar dado que solo puede acudir por la mañana al servicio correspondiente. Como si en la mar hubiese un horario o como si la merluza fuese como un autobús, que pasa a una hora determinada y tienes que utilizar el mismo o esperar al siguiente. No se pesca por turnos de mañana, tarde o noche, aunque el funcionariado sí tenga el suyo de 8 a 15 horas (cuando lo cumple).

"Más que por el gasto que significa la renovación -me cuenta J.M.- es la obligación de llevar a bordo semejante botiquín, mientras carecemos de otros elementos mucho más necesarios. Se ve que ellos, los que han diseñado este tipo de complemento sanitario, no tienen que usarlo. Que se pregunten qué es lo que tienen en sus casas y hagan un cálculo de lo que nosotros podemos precisar a bordo de, por ejemplo, un barco de artes menores. Están locos o es que, como a Astérix, el cielo se le viene encima de la aldea gala".

¿Vendrá alguien algún día que, verdaderamente, se ponga en el sitio del marinero y legisle o dictamine en función de lo que este precisa y no de lo que determinadas industrias -en este caso farmacéuticas- precisan vender?

No quiero pensar en remuneraciones, pero obligan a pensarlo.

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