01 de febrero de 2017
01.02.2017

La caja antes que las urnas

01.02.2017 | 02:58
La caja antes que las urnas

El nulo recato con el que el exjuez Vidal propalaba el oscuro tejer hacendístico del soberanismo provoca, en primer lugar, una sensación de alivio: saber que alguien tan contemporizador con la ilegalidad, cuando sirve a fines elevados, ya no está en la magistratura tranquiliza a cualquier ciudadano que pudiera verse sometido a sus decisiones. El uso impropio de la independencia judicial deja una estrecha tierra de nadie en la que florecen comportamientos atrabiliarios y aplicaciones de la ley a la medida de quien la administra que pueden arruinar una vida, sin que los órganos disciplinarios del poder judicial lleguen a tiempo de enmendar el daño.

El ya exsenador de ERC es hombre aficionado a las listas. Lo mismo habla del censo proscrito de contribuyentes que de la relación de jueces afines que pueden ayudar a la materialización de "sueños e ideales", términos que, en boca del dimisionario, dan un tono iluminado a la causa catalana. Toda lista buena tiene su reverso, que es la lista negra, algo que debería inquietar a los antiguos colegas de Santiago Vidal, sobremanera a aquellos cuyo nombre no figure en la enumeración de los contemporizadores con quienes se mueven a impulso de los hechos consumados.

Desde esa perspectiva, mejor que Vidal haya quedado fuera de la judicatura para entregarse al apostolado del independentismo. También en esa labor hemos de agradecerle que, al revelar el lado clandestino del proceso hacia la secesión catalana, ponga de relieve lo que de verdad importa. En los impuestos reside una de las potestades primigenias de todo estado y de ellos depende en buena parte su capacidad vertebradora. La lengua o la cultura se vuelven elementos de identidad débiles frente a la ventanilla de recaudación, la auténtica fuerza cohesionadora porque de ella depende todo lo demás.

Vidal deja constancia de que, como aspirantes a constructores del nuevo estado, los soberanistas quieren el control de la caja incluso antes que el de las urnas del referéndum. No es ninguna gracia sobre la idiosincrasia catalana sino la constatación de que los avances del independentismo se centran ya en el terreno de lo práctico, el que resulta más peligroso.

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