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análisis

Sobre los regates a Hacienda

09.12.2016 | 02:10

La nómina de imputados o sospechosos por fraude tributario crece últimamente por el lado del fútbol, un negocio global, como los de las multinacionales, y que convierte a sus estrellas en máquinas de facturar que, también como las multinacionales y como otras personas con grandes patrimonios, tienen acceso a procedimientos de planificación fiscal agresiva que unas veces puede ser vista como elusión (aprovechando los resquicios de la ley para tributar menos, pero sin transgredirla) o como evasión (pasando por alto las normas). Los casos recientes de Cristiano Ronaldo (investigado por Hacienda por la supuesta evasión de hasta 150 millones de euros, según una revelación periodística), Xabi Alonso, Di María, Neymar o antes de Messi siguen el mismo patrón: la creación de estructuras societarias para derivar hacia empresas fantasma, en ocasiones radicadas en paraísos fiscales, ganancias obtenidas mediante la explotación de los derechos de imagen de los jugadores. Nada muy distinto a las prácticas de "exportación" de beneficios que se atribuyen a grandes compañías y que dejan continuas demostraciones de la capacidad de los grandes contribuyentes y de sus caros asesores de regatear a Hacienda.

Que el foco esté ahora sobre los futbolistas añade una cuestión de naturaleza cultural que merecería una reflexión colectiva: ¿Cabe seguir considerando como ídolos a quienes hacen trampas con el dinero de todos? Como reflejan algunas encuestas sobre las actitudes y las opiniones fiscales de los españoles, el reproche social hacia el fraude no es tan intenso como debiera ser (algo propio de sociedades con altos niveles de economía sumergida) y sí está muy generalizada la convicción de que quienes defraudan resultan impunes.

Aunque tal opinión pueda ser discutible, el "agujero negro" del fútbol y tantos otros identificados en el sistema tributario avalan a quienes, como los técnicos de Hacienda, demandan cambios de verdadero calado en la lucha contra el fraude, no "los parches" de estos años, en palabras de esos profesionales. Por seguir el símil futbolístico, las cuestiones generales sobre los que deberían ponerse de acuerdo los partidos políticos pueden enunciarse así: reforzar las reglas del juego, mediante una auténtica reforma tributaria, para evitar que los contribuyentes, singularmente los que tienen acceso a los procedimientos de ingeniería fiscal que bordean la ley o la incumplen, sigan metiéndole goles al Estado; multiplicar los medios, ahora inferiores a los de los países más avanzados, de quienes (la Agencia Tributaria y el Poder Judicial) deben sacar tarjeta roja a los evasores, y exigir también con la contundencia necesaria que al menos dentro de Europa todos los países jueguen para el mismo equipo, el de los que sí tributan.

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