04 de diciembre de 2016
el correo americano

Adiós a todo eso

04.12.2016 | 02:26
Adiós a todo eso

Cuando el historiador marxista Eric Hobsbawn se refirió al siglo XX como el "siglo corto", que comenzaba en el año 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial y finalizaba en el año 1991 con la disolución de la Unión Soviética, no tenía en cuenta el extenso epílogo cubano. Cabe suponer que la muerte de Fidel Castro, celebrada y lamentada como propia en las antiguas y lejanas barricadas, ponga fin a esa parte del relato, pues desaparece el último gran protagonista de aquella "era de los extremos". En el imaginario colectivo estadounidense, el régimen castrista simboliza mucho más que la intolerable resistencia de un enemigo histórico que subsiste impúdicamente en una isla vecina: es la historia de una obsesión recíproca que trajo como consecuencia invasiones fallidas, amenazas nucleares, exilios forzados y embargos inútiles. En el imaginario colectivo de la izquierda internacional, el castrismo representa un verdadero dilema moral que, en ocasiones, desemboca en una contradicción evidente: que la supervivencia de la ideología y la lucha contra el imperialismo justifican el culto a la personalidad y la ausencia de determinadas libertades. Las libertades de los otros, claro, nunca las de uno mismo.

"Cualesquiera que sean sus fallos, su propia existencia demostró que el socialismo era más que un sueño", escribió Hobsbawn sobre la Unión Soviética. El académico británico también afirmó que el "informe Jruschov", un discurso realizado por el líder ruso en 1956 ante el comité central del partido en el que condenaba el terror estalinista, fue una "denuncia brutalmente despiadada de los excesos" de Stalin. "Obsérvese que es la denuncia de Stalin lo que atrae a los epítetos ('brutal' y 'despiadada'), no los "excesos", señaló perspicazmente otro historiador inglés. Ocurre que, para muchos intelectuales, el comunismo no es sino una "religión secular", como la denominó Raymond Aron, quien estaba mucho más preocupado por las incongruencias de sus colegas de la izquierda que por las apreciables obscenidades de la derecha, para la cual no tenía tiempo que perder.

Castro, desde el llamado "caso Padilla", partió en dos a la intelectualidad latinoamericana; nunca dejó de causar una extraña fascinación en algunos observadores externos, en su mayoría europeos, quienes, según Vargas Llosa, ven a América Latina como una "realidad ficticia" donde pueden volcar sus "utopías fallidas" y resarcir sus "decepciones políticas". Los obituarios publicados en los periódicos norteamericanos ilustran muy bien la complejidad del personaje, sobre el cual se ha llegado incluso a debatir si era periodísticamente conveniente llamarlo "Fidel", a secas, como lo llaman los compadres. El New York Times tituló: "Fidel Castro, el revolucionario cubano que desafió a Estados Unidos, muere a los 90 años". El Post, sin embargo, no dudó en añadir la palabra "dictador" en su portada. Mientras que la revista The New Yorker se limitó a informar en su cuenta de Twitter que el "antiguo líder cubano" había fallecido, remitiéndonos a un perfil sobre el difunto escrito por Jon Lee Anderson hace pocos meses. Y el Miami Herald, publicación más próxima a la comunidad cubana en Estados Unidos, no recurrió a adjetivos de ningún tipo. "Fidel Castro ha muerto", sentenciaba el diario de Florida.

Durante la época de la Revolución Francesa, Edmund Burke, el crítico conservador más sagaz de este acontecimiento, conmovido ante el sufrimiento de María Antonieta, quien se había visto acechada por la muchedumbre en el palacio de Luis XVI, escribió un panegírico romántico a la reina cargado de excesivas florituras y ampulosos sentimentalismos, poco habituales en él, que generó numerosas burlas y críticas. Thomas Paine, su gran rival ideológico y entusiasta de la revolución, quien pensaba que fijarse en el dolor de un miembro específico de la monarquía opresora obviando las heridas del pueblo oprimido significaba cerrar los ojos ante la injusticia, replicó: "Llora al ver el plumaje, pero se olvida del pájaro que agoniza".

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