14 de noviembre de 2016

¿Qué sucedió el 26 de junio?

El mapa electoral español, tras los resultados de las últimas elecciones generales y el barómetro del CIS del mes de octubre

14.11.2016 | 01:44
¿Qué sucedió el 26 de junio?

El realineamiento de un porcentaje limitado del voto en algunos estados de los Estados Unidos ha generado allí un cambio político de incierto devenir y una gran expectación por lo que pueda pasar en los países centrales de Europa. En los próximos meses se celebrarán votaciones para decidir sobre una reforma constitucional o elegir presidentes o parlamentos en Italia, Austria, Francia y Alemania. Las fuerzas políticas antisistema tienen opciones de ganar en los tres primeros y de conseguir un avance importante en el cuarto. En España, después de la investidura de Rajoy, las urnas estarán cerradas por un tiempo, pero la incertidumbre en la que está obligado a moverse su gobierno, la crisis del PSOE, la definición estratégica pendiente de Podemos y el efecto Trump mantienen el interés por los vaivenes electorales.

Para conocer los cambios en la orientación de los electores se hacen encuestas antes, durante y después de las votaciones. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha publicado la semana pasada los datos del sondeo que realizó en la primera quincena de julio sobre las últimas elecciones generales y el barómetro de octubre, que incluye una estimación de voto. En primer lugar, la encuesta postelectoral confirma algunas conjeturas que se hicieron en su día para explicar los resultados y de paso despeja dudas sobre lo ocurrido aquel 26 de junio. Por un lado, la repetición de elecciones favoreció al PP, que incrementó su apoyo electoral mayormente gracias a que retuvo el voto propio y recibió el de un 16% de quienes en diciembre de 2015 habían votado a Ciudadanos. Por otro lado, la coalición Unidos Podemos no consiguió su objetivo de superar al PSOE porque uno de cada cinco votantes de Podemos y, atención, casi la mitad de los votantes que habían votado por Izquierda Unida en diciembre, decidieron no apoyar en junio a la nueva coalición formada por ambas organizaciones, dividiendo la mayoría de sus votos entre el PSOE y la abstención. Así, el PSOE compensó la inhibición de una décima parte de sus votantes, que se abstuvieron, con los votos desprendidos de los rivales situados a su izquierda.

Uno de cada cuatro votantes tuvo dudas. Los más seguros de su voto fueron los del PP y los más indecisos los de Ciudadanos, de los cuales unos contemplaron la posibilidad de votar al PP y otros al PSOE. Entre este partido, Unidos Podemos y la abstención hubo otra zona concurrida de indecisión. No debe sorprender, por tanto, que Ciudadanos, Unidos Podemos e incluso el PSOE tuvieran entre sus votantes los que decidieron su voto más tarde, hasta el mismo día de las votaciones, y que fueran los más rezagados a la hora de acudir a las urnas. Entre los votantes de Ciudadanos y de Unidos Podemos se manifestó, tras la votación, el porcentaje más elevado de votantes que declaraban haber votado menos convencidos de su decisión. Los datos indican, en resumen, no sólo que votantes de Ciudadanos, Podemos e Izquierda Unida transfirieron su voto al PP y al PSOE, como si de un retorno a sus competidores establecidos se tratara, sino que no consiguieron retener todos los votos que habían sumado en las elecciones de diciembre.

El barómetro de octubre reafirma la distribución del voto registrada en las elecciones de junio y desvela alguna novedad que conviene anotar. El PP sigue respaldado por el electorado más estable y sigue recuperando votos a costa de Ciudadanos, al que declaran su lealtad, apenas tres meses después de las elecciones, sólo el 65% de los votantes. Caso aparte es el PSOE, pero de especial interés. Cuando fue hecho el trabajo de campo para el barómetro del CIS, en la semana siguiente al infausto comité federal, más de la mitad de sus votantes aseguró que volvería a votar al PSOE. El resto no respondió a la pregunta por su voto o se inclinaba por no votar. Sólo un 4% declaró que de haber elecciones inmediatas votaría a Unidos Podemos. El CIS estima para el PSOE una pérdida de casi cinco puntos desde las elecciones de junio. Lo significativo es que esos votos no se transfieren a otros partidos y, en consecuencia, existe la posibilidad de que el PSOE los recupere.

La conclusión de la lectura de las dos encuestas es que la movilidad electoral en España, altísima en las elecciones de diciembre, se ha reducido notablemente en las de junio. La progresión electoral de Podemos y Ciudadanos parece haberse detenido. Más aún, se constata un leve retroceso de ambos, que de momento no consiguen beneficiarse de la crisis del PSOE como cabría esperar. En todo caso, es pronto para dar por estabilizado el mapa electoral español. Máxime teniendo en cuenta lo imprevisibles que se han vuelto el futuro del PSOE, el de Podemos y el panorama internacional.

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