06 de noviembre de 2016
Férvido y mucho

Historia de O (e histeria de A)

06.11.2016 | 04:55
Historia de O (e histeria de A)

La rebeldía, para que llegue a ser cualidad impulsora de lo nuevo, del cambio, para que traiga la frescura del futuro, hay que trabajarla con cultura y perfeccionarla con autocrítica. Los logros de la rebeldía solo se consolidan cuando se asientan no tanto en el clasicismo como en la solidez del pasado.

La rebeldía mal encauzada, dejada al albur del capricho, de la moda, de los egoísmos tramposamente disimulados, degenera en pose, en pura teatralización de causas perdidas anacrónicas y extravagantes. O, peor aun, rebeldía como coartada ideológica de instalados que no luchan contra la corriente y, por el contrario, se dejan llevar. Es evidente en el caso de jactanciosos jóvenes independentistas catalanes, vascos, gallegos. Fardan de rebelarse contra la nación española y, en la práctica, son conducidos en manada siguiendo la inercia del medio escolar, social y familiar. Que los ahormó sometiéndolos al cumplimiento de una liturgia elaborada para ser interpretada sin el mínimo cuestionamiento. ¿Dónde la rebeldía?

Situándonos en el moderno contexto democrático, en política un dandi es un rebelde con clase; un revolucionario, es un rebelde cutre, demagogo y oportunista. No hará falta explicar, supongo, la diferencia entre rebeldía y oportunismo. En el contexto democrático, el 95% de revolucionarios son puro lumpen. Todo empeora cuando la rebeldía de circunstancias, retórica e impostada, evoluciona hacia el radical-chic. Con esos mimbres, la demagogia precipita en logomaquia histérica. Convivir social y políticamente con histéricas/histéricos obsesionados por su ego empoderado es una cruz.

Por encima de todo, la rebeldía es lo contrario de la moda. Pero habida cuenta que en Galicia, ahí atrás, estuvo de moda Podemos, ya no, los nacionalistas más oportunistas y sedientos de empoderamiento se subieron al carro podemita visto que el del BNG se había atascado en las corredoiras de la Historia. Les suele ocurrir a los nacionalismos histéricos.

Una forma de rebeldía política oportunista, anticonstitucional, con productividad social negativa, asociada a la histeria discursiva y al radicalismo chic, es la que practica la pequeña burguesía empoderada de En Marea.

Histeria de A

Querida A., Excelentísima señora, no puedo tomar en serio ni respetar políticamente a una rebelde profesional -quiérase decir, a sueldo- filo-independentista, experta en poses revolucionarias-pamplineras, que viaja en clase business, para presentarse en cada sesión parlamentaria con nuevo modelito, a cuenta del Estado español: 10.000 euros cuesta mensualmente su rebeldía mercenaria, entre pitos y flautas. Ya digo: productividad social negativa.

Tengo sobradas razones para no respetar a la portavoz de En Marea en el Congreso. Estableció hace poco una analogía entre la asonada de Tejero el 23F y un supuesto golpe palaciego (¡qué logro lingüístico, Alejandra Vanessa, dios, qué inmenso logro!) perpetrado entre PSOE y PP para que este pudiera gobernar. No sé quién le escribe los discursos a la Excelentísima señora A (probablemente uno de Cospeito, la Viena de Lugo, otro habitual de la clase business) pero no parece esforzarse mucho. Memeces semejantes pueden copiarse directamente en Gara o El Punt-Avui.

Sucede que, era de esperar, no condenó las coacciones absolutamente antidemocráticas y el matonismo chulesco del lumpen que rodeaba el Palacio de las Cortes, edificio que alberga el Congreso de los Diputados. Muy mal. Porque si su respeto por la democracia es tan limitado y sesgado que prefiere echarse histéricamente al monte, colocándose del lado de los asediadores no del de los asediados, me invade la sospecha que se sitúa moralmente también del lado de quienes, en su odio a la democracia, el 23F asediaron en un primer momento el Palacio.

Quizás si la Excelentísima señora A se zambullese en la lectura de Calderón de la Barca (La vida es sueño) algo aprendería por boca de Astolfo: Pues medid con más espacio/ vuestras acciones severas;/ que lo q[ue] hay de hombres a fieras/ hay desde un monte a palacio. De darse el caso, no albergo esperanza de que las propias limitaciones, de toda índole, que la condujeron a declaración tan histérica y falta de razón se curen leyendo a Calderón, sabedor que en la misma obra encontramos (recordaba recientemente Martín Olmos, ese genio) lo que En Marea y allegados afirman constantemente sin rubor: Nada me parece justo/ en siendo contra mi gusto. Verbigracia, la Constitución española.

Historia de O

Concediendo el beneficio de la duda, pudiera ser que los casos de la portavoz de En Marea y del de Cospeito, me dije, no sean representativos de la calidad intelectual de tan renovador movimiento. Decidí investigar. Investigué, suelo hacerlo, y encontré una columna, publicada recientemente en un periódico del norte, de la autoría de un fogueado economista, diputado de En Marea en el Parlamento de Galicia.

La pieza periodística arrancaba bien: Ir de lo particular a lo general es un principio básico en los métodos de investigación escribe el autor. Desafortunadamente, lo que sigue, Historia de O, es casi pura pornografía científica perpetrada con tanto partidismo -siempre en nombre de los pobres, claro está- como desenvoltura y ligereza en cuanto a ropajes argumentales. En Marea, ni los mejores se enteran de la misa, la media, he concluido. Veamos.

El economista y parlamentario de En Marea, interpretando a su manera lo que considera un principio básico en los métodos de investigación se centra en el caso de una joven de 27 años (Obdulia u Olalla o algo parecido) que, a pesar de tener formación universitaria, gana en el sector del telemárketing 742 euros netos mensuales (supongo que habrá que añadir dos pagas extras ¿no?).

La forma de presentar la Historia de O es tan triste que me hizo saltar lágrimas. De la risa. Soy insensible a la demagogia y sensible a la inteligencia y al humor. Si el maestro Anxel Vence hubiera tratado el mismo asunto a buen seguro también me habría reído, aunque sin regodeo.

El autor de Historia de O extrae de un caso particular múltiples conclusiones y plantea tantas preguntas que no puedo pasar todas en revista. Me centraré en las siguientes.

1.- ¿Es el salario de O decente? Los trabajadores cobran en función de la productividad. Midiendo la productividad de cada trabajador por el valor añadido que genera obtenemos 230.000 euros de media en telecomunicaciones (media del sector servicios, 36.000 euros por trabajador) y 13.500 euros en lavanderías, peluquerías y otros servicios personales pagados a precios de mercado. El salario de O sería indecente si trabajara de ingeniera en el núcleo duro de las telecomunicaciones y cobrase 742 euros. No parece ser el caso, la remuneración no está lejos de su productividad real.

2.- ¿Con ese salario puede plantearse O tener una familia? Sí, a condición que encuentre pareja primero, digo yo, que ingrese también 800 euros netos mensuales (más dos pagas). No le resultará difícil dado el salario mediano español (más de 1.600 euros).

3.- ¿Tiene el nivel salarial español impacto favorable o desfavorable respecto a la demografía? Respecto a la demografía, el impacto es favorable puesto que hay, sin contar sus familias, un millón setecientos mil inmigrantes trabajando en España. El nivel salarial respecto al número de hijos por mujer es otro cantar. Hace cincuenta años los ingresos reales por hogar eran mucho más bajos y las mujeres tenían más hijos. En nuestra época, países más ricos que Galicia -Alemania e Italia- sufren el efecto de la baja natalidad. En otras regiones españolas más ricas se constata, prácticamente, el mismo número de hijos por mujer que en Galicia. En España, la baja natalidad no depende ni de la riqueza regional ni de la clase social (El déficit de natalidad en Europa. La singularidad del caso español - estudio coordinado por Gosta Esping-Andersen, Fundación La Caixa)

4.- ¿En 2014 había en Galicia 300.716 asalariados que cobraban por debajo del salario mínimo interprofesional de entonces? Conviene no torturar ni manipular las estadísticas. En ese año, el 33% de trabajadores españoles, cinco millones ochocientas mil personas, cobraba menos que el SMI. Pero se trata de una estadística basada en las declaraciones tributarias de las empresas (cifras de la Agencia Tributaria a partir de datos proporcionados por los empleados en la Declaración Anual de Retenciones e Ingresos a Cuenta sobre Rendimientos del Trabajo). En esa estadística, las remuneraciones se miden sin tener en cuenta el tiempo que han permanecido los trabajadores en el mercado del trabajo. Por tanto, se observa un sesgo a la baja del salario medio en relación con estadísticas alternativas. Es decir, si una persona ha trabajado dos meses cobrando 3.000 euros mensuales, aparece en esta estadística como perceptor de 6.000 euros al año, 500 euros al mes. O si alguien cumplió 65 años en enero y empieza a la pensión, once meses se contabilizan como salario nulo.

Todo queda claro remitiéndose a la EPA. De acuerdo a las cifras del INE para el año de referencia, 2014, únicamente el 10% de los empleados españoles tenía un sueldo inferior al SMI (en doce pagas) contando trabajadores a tiempo parcial y temporales. Solamente el 1% de asalariados a jornada completa gana menos del SMI al mes; el sueldo medio (trabajando 40 horas semanales) es de 2.200 euros.

5.- Last but not least, el economista y parlamentario de En Marea amenaza con llevar la Historia de O al Parlamento de Galicia porque hay que cambiar este estado de cosas y porque a partir de un caso concreto se puede saber dónde están los problemas del país. Pues no, jamás el método científico aconsejó, a partir de un caso concreto (distinto es ir de lo particular a lo general) extraer conclusiones generales, dar lecciones y proponer soluciones. Mucho menos hoy día: la experimentación en economía se realiza, no pocas veces, buceando en inmensos bancos de datos disponibles (big data). Sin embargo, en llegando aquí casi estoy por dar la razón al susodicho.

Efectivamente, a partir no de uno sino de tres casos concretos -el suyo propio, la portavoz de En Marea, el de Cospeito- se entiende mejor dónde nacen los problemas del país. En parte nacen de los revolucionarios del discurso radical-chic pagados con unos sueldos que, O probablemente lo ignora, los sitúan en el decil de los ricos a pesar de productividad social nula o negativa.

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