Obediencia y resistencia

30.10.2016 | 03:12

Como único aspirante a unas elecciones primarias todavía no convocadas, desde ayer Pedro Sánchez ya no es nadie en el PSOE. Nadie desde esa concepción piramidal del partido en el que sólo existen quienes están en condiciones de decidir por otros. Y pueden llegar incluso a convenir que borrar a un antiguo secretario general bien merece el sacrificio desmesurado de todo un grupo parlamentario y un todavía insondable coste electoral.

Sánchez participa también de esa visión teocrática del partido y asume que nadie se salva fuera de la Iglesia. Por ello ayer optó por despojarse todo para intentar recomponerse desde la nada orgánica. Eligió el adverso camino de la obediencia y la resistencia. Obediencia al partido pero resistencia sus rescatadores : "De las dos opciones que me da la gestora, no escojo ninguna".

Afronta ahora la prueba definitiva para convertirse en un líder auténtico, después de dos años de insistencia, desde el propio seno del PSOE, en que su supuesto liderazgo era sólo la vestidura de su condición de tonto útil de Susana Díaz. Sánchez era sólo el candidato guapo de la mercadotecnia frente a la cabeza políticamente vertebrada de Eduardo Madina.

Ese esquema ignomisioso se quebró con la espantada de Rajoy ante la amenaza de una investidura fallida. Para el líder nunca reconocido fue la oportunidad de volar solo, osadía que siempre encuentra su castigo, como tendría ocasión de comprobar, y sobremanera si el vuelo carece de un destino claro.

Desde ayer, Sánchez está en una nueva fase de ese proceso de adquisición de su propia consistencia política. Quienes encarnan el orden del partido le dejan un buen material para ello, como abanderado de una militancia disconforme, que en momentos decisivos exige más que una representación delegada. Pero el camino es muy incierto en un partido demolido hasta dejar sólo el solar, por recurrir a una de las esas imágenes melancólicas tan del gusto de Javier Fernández, que hace muy inteligible la situación interna del PSOE en un país machacado por la crisis de la construción. A los ahora dueños del solar siempre les quedará, como la más benigna de las expectativas, que sus votantes sigan también el mandato imperativo de la gestora y se declaren abstencionistas.

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