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El museo

25.09.2016 | 02:23
El museo

El gran historiador y sociólogo afroamericano W.E.B Dubois escribió una vez: "Contra toda mi natural reticencia, contrario a mi sueño de unidad racial y profundo deseo de servir, seguir y pensar, en vez de conducir, inspirar y decidir, me encontré liderando a mi gente en una lucha contra otra cantidad más grande de gente. Odio ese papel". Esta cita explica muy bien la realidad del activismo político, que no puede ser un fin sino un medio, y su ineludible función práctica. Dubois se lamentaba de tener que ejercer un rol impuesto por las desgraciadas circunstancias de su país. Que tuviera que dedicar toda su vida a ello era, en sí mismo, una tragedia. Fundó una revista, The Crisis, con la intención de que dicha publicación recogiera "los acontecimientos que suceden en el mundo relacionados con el gran problema de la relación interracial, específicamente aquellos que afectan al negro americano", y para defender "los derechos de los hombres con independencia de su color y de su raza".

Publicó un extenso libro, Black Reconstruction, en el que desafiaba las tesis racistas del profesor de la Universidad de Columbia, William Dunning, quien había acusado a los afroamericanos de haber convertido al Sur después de la Guerra Civil, con la connivencia de los llamados "republicanos radicales" -en aquel entonces unos verdaderos humanistas-, en una orgía de corrupción, convirtiéndolos en los principales responsables del atraso de esa región. Cuando la crisis económica de los años veinte impidió que su revista se pudiera financiar de una manera independiente y la única forma de mantenerla con vida era gracias a la ayuda de la NAACP, Dubois dimitió porque una revista literaria, escribió, "debe ser libre y no estar controlada", y regresó a la Universidad de Atlanta a seguir dando clases.

No sabemos cómo reaccionaría el escritor si hubiera tenido la oportunidad de presenciar la solemne y conmovedora inauguración que se llevó a cabo este fin se semana en Washington DC del Museo Nacional de Historia Afroamericana (gracias, entre otras cosas, a los esfuerzos del congresista John Lewis, que trató de hacer todo lo posible para que se aprobara la ley que permitió su construcción) pero uno sospecha que Dubois estaría de acuerdo con el presidente Barack Obama cuando este dijo que la historia afroamericana no está separada de la historia estadounidense, sino que forma parte de la esencia de la misma. En la apertura del museo, a la que acudieron varias celebridades, políticos y jueces, hubo comentarios acerca de la ironía de la ocasión, ya que su estreno coincide con uno de los mayores ciclos de violencia racial que ha padecido el país en los últimos años. Lo cierto es que este acontecimiento, sin embargo, es mucho más relevante de lo que parece. Introducir la historia de esta minoría en un museo y situarlo cerca del Capitolio, la Casa Blanca, el monumento Lincoln y el monumento Washington, además de suponer un reconocimiento oficial de una parte importante de la cultura estadounidense, es una manera de integrar simbólicamente toda una subdisciplina académica en el discurso nacional. A Dubois, que murió en su "exilio voluntario" en Ghana, esto, probablemente, le hubiera parecido lo más normal del mundo.

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