25 de septiembre de 2016
25.09.2016
EDITORIAL

Elecciones gallegas 2016 | La hora de acertar por el bien de Galicia

25.09.2016 | 13:46

Los gallegos acuden hoy a las urnas por tercera vez en nueve meses para elegir en esta ocasión a sus representantes en el Parlamento autonómico y, consecuentemente, a quién quiere que los gobierne en la Xunta durante los próximos cuatro años. A ellos les toca dar a través de su voto con las personas idóneas que les proporcionen bienestar y un futuro de esperanza. Así pues es la hora de decidir pensando en el interés de Galicia. Queda desear que el acierto sea pleno para que nuestra comunidad avance por la senda de prosperidad que merece.

La campaña gallega ha sido más bien anodina y previsible. Barridas de un plumazo por la crisis que todavía se arrastra las propuestas sobre grandes infraestructuras, han sido dos semanas de compromisos en su mayoría vagos, de discursos ideológicos e invocaciones a la fe y a la confianza, que poco cuestan. Los partidos han mostrado poca creatividad para ensanchar y enriquecer sus mensajes y propuestas, repitiendo en gran medida el argumentario de siempre.

Como en un ritual de otras citas, los aspirantes, unos y otros, también apelaron al miedo para estrechar las emociones del votante. No faltaron las alertas sobre el riesgo de comprometer la recuperación en ciernes. Como, al contrario, las de quienes ven peligrar el estado de bienestar. Tampoco faltaron los que repitieron, como un disco rayado, que el pasado equivale a atraso y podredumbre.

Ninguno sacó de la chistera las infografías con nuevas obras espectaculares como acostumbraban a hacer en comicios pasados. Está muy bien renunciar a lo que no se puede cumplir. Si no ha habido anuncios estelares, más que a un rasgo de madurez democrática hay que achacarlo al aún deteriorado estado en que se hallan las cuentas públicas. Aunque las gallegas tengan el plus de no estar intervenidas como sí lo están de facto las de otras comunidades en España.

La campaña que acabamos de vivir ha sido francamente insatisfactoria para transmitir cómo los políticos, más allá de ideas genéricas, piensan hincarle el diente de manera efectiva a los verdaderos problemas estructurales que lastran el futuro de Galicia. Aquellos que por su trascendencia más apremian: reactivar el empleo en los niveles necesarios, mejorar la sanidad, lograr una educación que forme personas capaces de desenvolverse en una economía globalizada, fomentar la creación de empresas, corregir la falta de expectativas de los jóvenes, contrarrestar las consecuencias del envejecimiento poblacional, frenar la desertización demográfica, el abandono del campo... Son las cuestiones que más preocupan a los gallegos, tal y como reflejó la encuestas.html' target='_blank'>encuesta electoral de Einvenio para FARO publicada esta semana. Cuestiones peliagudas todas ellas que habrá que encarar con firmeza e inteligencia.

Pese a todo, la campaña tiene que haber servido para que cada votante se haya formado su propia composición de lugar sobre quiénes pueden contribuir a un mañana mejor pensando en servir los intereses de Galicia y no en resolver otras cuitas. Son conclusiones a las que cada cual debe llegar personalmente, a partir de lo que ha leído, de lo que ha visto y de lo que ha escuchado.

Los gallegos premiarán con su voto a quienes esperan que satisfagan sus deseos de mejoras individuales y sociales. Tomarán en consideración la trayectoria de los partidos, sus programas, la fiabilidad de sus líderes y en su caso el grado de cumplimiento de anteriores promesas. Tienen donde comparar.

Los grandes partidos tienen una enorme obligación contraída con Galicia y sus electores. Suya será también la responsabilidad del respaldo que obtengan los planteamientos de fuerzas emergentes que han crecido al calor del desencanto reinante en el ambiente. Los políticos no pueden obviar el desapego que generan. La política se ejerce para los Ciudadanos-galicia.html' target='_blank'>Ciudadanos, no al margen de ellos. Abrir cauces de participación para restaurar la confianza rota y devolver toda la grandeza al concepto de servidor público constituyen uno de los retos inaplazables.

Básicamente, los gallegos tienen que elegir si apuestan por refrendar un tercer gobierno de Feijóo, para lo que precisa bien repetir su mayoría absoluta o bien un posterior acuerdo con Ciudadanos-galicia.html' target='_blank'>Ciudadanos, caso de que esta fuerza obtenga representación y la necesite, o por un cambio cimentado en una eventual alianza postelectoral de izquierdas entre PSOE, En Marea con Podemos y BNG-nos-candidatura-galega.html' target='_blank'>BNG, que se presentan con candidatos neófitos.

Como ya dejamos escrito en este mismo espacio editorial hace un mes, estamos ante unos comicios que irremediablemente vienen también marcados por el insoportable clima de inestabilidad política que vive España, sumida en un bochornoso bloqueo que va ya para nueve meses. Dos elecciones generales después, todo sigue igual. Y está por ver si habrá terceras antes de fin de año. De hecho los resultados-elecciones/autonomicas/galicia/' target='_blank'>resultados de mañana en Galicia y el País Vasco pueden ayudar a inclinar la balanza en una u otra dirección.

La incertidumbre es pues máxima. Todos los gallegos nos jugamos mucho en esta contienda. Lo único que cabe pedir es que Galicia esquive esa deriva de inestabilidad, que no lleva más que a la ruina. Solo un crecimiento económico continuo mitigará los daños. Y éste surgirá de la competencia y el sentido de responsabilidad de los diputados hoy electos y del gobierno resultante como depositario de la soberanía popular.

Esos parlamentarios los eligen hoy los gallegos con sus resultados-elecciones/autonomicas/galicia/' target='_blank'>votos. Más que nunca es el momento de que acierten al ejercer su derecho con libertad y en conciencia, dejándose guiar por la racionalidad antes que por la emotividad. No existen comicios intrascendentes y estos son si cabe más decisivos por el momento de gravedad en que llegan. A la situación específica de Galicia se suma la inestabilidad de España y un contexto mundial inquietante. El futuro de Galicia no es una misión que quepa abordar en solitario. Es una tarea conjunta que, pase lo que pase esta noche, necesita trabajo, diálogo y acierto. De todos.

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