"El Cristo representa la unión del pueblo"

07.08.2016 | 05:08

Gracias, gracias de todo corazón a la Junta Directiva del Cristo de la Victoria y muy especiales para la Presidenta de la Cofradía Doña Marora Martín-Caloto y para mi queridísimo Carlos Borrás, hijo de uno de mis grandes amigos del alma, vigués irrepetible, de una familia tan ligada a Vigo y al Cristo de la Victoria como los Borrás y los Sanjurjo. Para ellos nuestro homenaje y para nosotros la tranquilidad de que la infraestructura terrenal del Cristo en su procesión está asegurada.

Gracias decía, por proponer mi nombre para esta responsabilidad que, creedme, es un incomparable honor que me pesa y mucho como vigués de adopción con más de 40 años de viguismo "as costas".

Salvando las distancias y por tanto con toda modestia, si echo la vista atrás y veo donde nacieron, Cachamuiña, Eduardo Chao, García Barbón, también Antonio y Fernando Quesada, amigos de siempre para los que quiero tener un especial recuerdo, por citar algunos, se disipa cualquier duda como demérito el lugar donde nací, para escribir este pregón desde el viguismo de mi corazón y desde, en y para Vigo lugar, además, de nacimiento de mis hijos.

No puedo, pues, ni quiero ni debo renunciar a mi condición de ourensano. Si lo hiciera, no lo dudéis, no lo duden, tampoco sería un buen vigués de adopción y, ese viguismo que siento profundamente que no me lo toquen.

Lo siento tanto y tan profundamente que desde mi realidad más íntima y mas allá incluso del sentimiento religioso, quiero asumir con todo respeto de la "A" a la "Z" toda la tradición que nos une al Cristo de la Victoria, a nuestro Cristo de la Victoria como algo que, amen de la profunda fe y devoción que despierta en muchos, entiendo que es el Cristo de todos y que representa lo mejor y lo más bello de nuestra ciudad y sobre todo lo veo y lo siento, como el ente que aglutina y engloba de manera trascendente en todos los sentidos de la palabra, la unión del pueblo de Vigo.

Dicho esto, permítanme que haga mías las palabras del presidente de nuestro otro símbolo, más terrenal, pronunciadas con el mismo motivo que hoy me trae aquí, el admirado Carlos Mouriño, presidente del Real Club Celta de Vigo, con quien tengo el honor de sumarme a los ilustres pregoneros, ilustres, ellos sí, del Cristo de la Victoria que me antecedieron cuando decía literalmente: "Sin comparar la divinidad porque es incomparable, no hay vigués que no quiera a su Cristo y no hay vigués que no quiera a su Celta".

En Vigo vivo desde hace 40 años, en Vigo ejercí mi profesión como técnico superior del INEM durante más de una década. En esta queridísima ciudad nacieron mis hijos y en un local, nada menos que de la Calle Misericordia, donde trabajaba por las tardes como asesor financiero, nació el germen y hasta el nombre del grupo de empresas, Terras Gauda, que me honro en presidir.

Vi de primera mano, los importantísimos cambios que se produjeron y se siguen produciendo en esta ciudad que -en algún momento maneje este dato- es la ciudad de Europa que más creció en población y en valores relativos, en el siglo XX.

Vi su pujanza, sus luchas, su frenética innovación hacia el mar y la tierra, viví sus profundas crisis...en fin.

Vi de lo que son capaces sus hombres y el nulo o escasísimo provincianismo en sus gentes. Porque creció sin instituciones arcaicas y con pocos funcionarios de otras administraciones distintas de la local y estos -por no ser capital de provincia- en muchos casos, con cargas de trabajo más acentuadas que en otras administraciones.

Viví las incomprensiones de unas administraciones que no se enteraban de que la pujanza estuvo en Vigo, la creación de riqueza también porque, ancladas en la división provincial de 1833, concebida por el entonces secretario de Estado de fomento Javier de Burgos, no se enteraban -salvo honrosas excepciones- la del INEM fue una de ellas, ya que la Dirección Provincial de este organismo si que nació en Vigo, no se enteraban repito, que era en Vigo donde había que marcar los rumbos ya que esta ciudad era la del crecimiento.

Debo y quiero mencionar aquí a Citroën y a la pujante y empresarialmente impecable pléyade de empresas auxiliares que en conjunto han marcado y marcan, junto con el puerto y las industrias derivadas los parámetros del desarrollo de nuestra ciudad y de toda Galicia.

No puedo pasar por alto, en estas líneas, el nacimiento de nuestra Universidad que veo como un hecho transcendental para la ciudad. La licenciatura en Ciencias del Mar que debemos entroncar con las escuelas náuticas y otras ligadas con la mar y las ciencias, mueve y debe dar respuesta a lo que Vigo como primer puerto pesquero de Europa y Galicia reclama y necesita.

La escuela de Ingenieros Industriales, la escuela de empresariales, económicas... en fin, el cambio cualitativo que supuso la Universidad, ha sido vital para nuestra ciudad y abre un mundo nuevo de inter-relación con estudiantes de todo el mundo. Entiendo que es preciso reflexionar y ajustar las enseñanzas a la realidad social del país y profundizar en el entronque de la Universidad con la ciudad.

Ante nuestro Cristo de la Victoria, símbolo de unidad de los vigueses y de estos con su ciudad, hago votos porque juntos y cargados de generosidad seamos capaces de aglutinar voluntades para, entre todos, llevar a Vigo a una nueva reconquista de los mejores valores éticos, económicos y solidarios que son, también los que precisa nuestra tierra. Y todas las tierras del mundo.

Hago votos también porque nuestros dirigentes tracen con criterio, generosidad y altitud de miras, las líneas de concordancia, que deben, entiendo, canalizar el esfuerzo colectivo que ese si debe seguir siendo nuestro.

Muchas gracias.

*Presidente de Terras Gaudas.

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