tRIBUNA LIBRE

Una tenue brisa de justicia

04.08.2016 | 02:28
Una tenue brisa de justicia

El informe Chilcot, llamado así porque el alto funcionario jubilado John Chilcot fue su director, recoge 7 años de investigación sobre la participación de Reino Unido en la guerra de Irak. Fue encargado por el Gobierno de Gordon Brown en 2009, ante la evidencia de que el régimen de Sadam Husein no escondía armas de destrucción masiva. Llama la atención que un encargo así no se hubiera hecho también en España, habiendo sido José Mª Aznar, Presidente de Gobierno en aquel momento, uno de los instigadores del conflicto, con Mariano Rajoy de Vicepresidente.

Sin existir evidencia alguna acerca de que Irak representase una amenaza inminente, ni base legal para la guerra, en marzo de 2003 Bush acomete la invasión, arropado por Tony Blair y José Mª Aznar. La guerra ha sido un inmenso engaño al mundo, sin razones objetivas que la justificaran y sin previsión alguna de lo que se haría después. Mentiras fabricadas en los centros de poder de Estados Unidos llevaron a un conflicto que aún hoy tiene terribles consecuencias.

Tony Blair, en enero de 2003, fue conocedor de la decisión de Estados Unidos de emprender la guerra contra Sadam Husein. Si bien trató de que se contara con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, no lo logró y, aun así, decidió unirse a la invasión, con un clamor mundial en contra, y después de que el 27 de enero de 2003 los inspectores concluyeran que no había pruebas definitivas sobre la existencia de armas químicas y biológicas. Nunca hubo esta evidencia, y sí muchas mentiras y falsedades, como ocultar que no se habían agotado todas las posibilidades antes de recurrir a la guerra.

Desde su inicio hasta que en el año 2010 Obama comienza a retirar las tropas americanas - Reino Unido las había retirado ya en marzo de 2009 - , más de 150.000 iraquíes perdieron la vida a causa del conflicto, muchos otros fueron torturados en cárceles como Abu Ghraib, y más de un millón se vieron obligados a abandonar sus hogares. Irak es hoy casi un estado fallido, con múltiples infraestructuras aun por reconstruir, fragmentado entre sus tres principales comunidades: la chií, la kurda y la suní, y está acosado por el terrorismo. Tres años después de declararse la guerra, la violencia sectaria abrió una senda que condujo a miles de muertes. Estos días, sin más, un terrible atentado en el barrio de Karrada, en Bagdad, perpetrado con un camión frigorífico cargado de explosivos, segó la vida a 250 personas. Un terrorismo que golpea también a Occidente como consecuencia de una decisión tan desastrosa, decisión que está, además, en la base de la profunda crisis de refugiados que vive hoy Europa.

El Informe Chilcot es un duro alegato contra la guerra de Irak, y responsabiliza a Tony Blair, George W. Bush y José Mª Aznar, porque no se agotaron todas las opciones pacíficas, no se contó con base legal, se manipularon las pruebas suministradas por la inteligencia militar, las consecuencias de la invasión fueron infravaloradas, no se previeron las consecuencias desastrosas de la guerra y porque la planificación del Irak pos-Sadam resultó calamitosa.

Tony Blair está fuertemente tocado por las conclusiones del Informe Chilcot. Centenares de manifestantes pedían recientemente en Londres un juicio contra él por crímenes de guerra, y, probablemente, familiares de soldados británicos muertos en Irak emprendan acciones legales en su contra. En la cumbre de las Azores, el 16 de marzo de 2003, Bhus, Blair y Aznar escenificaron la inminencia de la invasión. Blair se ha disculpado públicamente, pero se niega a admitir que mintió, Bush reconoció errores y José Mª Aznar, a pesar de las abrumadoras acusaciones que se desprenden del Informe, no lo ha hecho aún. Una tenue brisa de justicia comienza a levantarse contra los instigadores de la guerra ¿Pagarán de algún modo por ello?

*Miembro del Ateneo Estradense y del Círculo de Podemos.

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