De ejercicios espirituales

29.07.2016 | 03:39
Castrelos, tracatrá. ¡Pardiez, pero si son los del Racing de Castrelos, campeón de modestos de Vigo en la temporada 1976-77! Ahora ya peinarán canas todos y alguno ha caído en combate por la vida pero miradles qué frescos entonces. Ahí están, de pie, Rique, Pardillo, Miguel, Chori, Juan y Coqui; agachados, J. Villar, Mata, Garrincha, Herminio y Bóveda.

No sé vosotros pero yo ayer me levanté con la vista al fondo de la torre de la catedral de Salamanca y recibiendo a primera hora de la mañana el frescor del río Tormes, el del Lazarillo, solo posible si lo tienes al lado y madrugas porque a lo largo del día la ciudad se convierte en un horno, como Ourense estos días. Sí, he venido a orar otra vez a ciudad de tan preminentes iglesias pero no pude negarme anteayer noche, al poco de mi llegada, a sentarme en la Plaza Mayor repleta de gente, pedir algo para el sustento a un camarero de Tito, el del Cervantes, y dejarme arrullar por la orquesta de la comunidad de Castilla y León, aunque debo decir que no estaba la sonorización como debiera. Después me tomé con una rubia un gin tonic en The Doctor, junto al museo del toro (uno es taurino, cristiano, monárquico según cuándo y sentimental), bar de moda que creo que es del dueño del Novelty y cuya terraza exterior estaba llena de bellas señoritas, estudiantes ellas las pobres y las más de allende esos Pirineos que unos nuevos frikigolpistas quieren quitarnos como frontera española, para hacerla suya. Ya de retirada, me crucé con Fernando Viñals, un elegante sexingtón del que me dicen que su habilidad con las manos en el quirófano infantil es tanta como la que tiene cuando las pone al servicio del piano para el jazz o las hace solidarias en cirugía pediátrica en Gambia. Y luego, el ventilador, sino imposible dormir.

Por el teatro García Barbón

Hace tiempo que esta sección se hace eco de la lucha en solitario de Margarete Brandt, de madre viguesa y padre llegado aquí para trabajar en el Cable Alemán, para que nuestro teatro principal vuelva a llamarse como le llamamos todos los vigueses, García Barbón. Ahora se llama Afundación, antes Caixanova... según el poder económico que la rija. Margarete llegó a recoger 1.800 firmas a pelo, pero ahora va a tener quien respalde su lucha. El "Teatro García Barbón" siempre ha estado íntimamente ligado a la historia de la ciudad de Vigo y el vigués Julio Alonso ha puesto en marcha una iniciativa a través de la plataforma www.change.org para hacer visible el deseo general de recuperar su nombre original, "Teatro García Barbón", sin menosprecio de su titularidad. Julio, profesor de Química pero activista social, escritor y fotógrafo, está también en ese empeño. pero adoptando Internet como instrumento de recogida de firmas. Es importante reunir el mayor número -me dice-- y quien quiera apoyar esta iniciativa puede hacerlo a través de la mencionada plataforma Change.org buscando: "Para que sea restituido el nombre de Teatro García Barbón".

Llega Paco lores

Ya os aviso de que en nuestras Memorias del primer domingo de agosto el protagonista va a ser Paco Lores, grovense que preside la Federación de Asociaciones Gallegas de Argentina y el Museo de la Emigración, padre de la artista Lorena Lores, cuya presencia gozamos en Vigo desde que dejó Buenos Aires hace bastantes años. A Lores le vemos cuando por una u otra razón vuelve a esta su Galicia natal que siempre ha tenido en el corazón de sus afectos. Nuestro último biografiado, el pasado domingo, fue el pontevedrés Manuel Antas Fraga, que también fue dirigente del colectivo emigrante pero en Brasil, y ahora estamos detrás de la presidenta de la asociación Residentes de Vigo, sita también en Buenos Aires, Mary Carmen Araújo, para que haga memoria de su vida. Creo que la única asociación viguesa de emigrantes en el mundo.

Y el país de Lois Patiño

¡Qué bueno ver a toda plana en el suplemento del domingo de El País al vigués Lois Patiño! Es hijo de los pintores Antón Patiño y Menchu Lamas, nieto de Patiño el de Librouro, y lo sitúan como representante destacado del Novo Cinema Galego, autor entre otras de Costa da Morte. Conozco a Antón y Menchu desde hace mucho, gocé de la hospitalidad de su casa en Madrid hace décadas, pero a su hijo Lois no lo conocí hasta hace dos meses y, mira por dónde, fue en el fin de fiesta de las jornadas de Cinema de Muller en Vigo, en una casa del barrio viejo que resultó ser la mía.

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