el correo americano

Realismo

12.06.2016 | 06:57
Realismo

"Se hace campaña en poesía y se gobierna en prosa", dijo una vez el extinto Mario Cuomo, Gobernador de Nueva York durante más de una década del siglo pasado. Esa cita se ha repetido hasta la saciedad para justificar las promesas incumplidas y las mentiras propias de los tiempos de elecciones. Los líricos trovadores se transforman de la noche a la mañana, ay, en unos prudentes pragmáticos. Por esa razón la participación en las instituciones democráticas provoca en ocasiones un cierto cinismo, pues de esa manera se comprueba que la política funciona como cualquier otro oficio, con sus miserias, nepotismos y despidos, ocupando y protegiendo un puesto que mañana te pueden arrebatar.

Una campaña electoral no es sino una exposición -más o menos costosa- de una quimera: en ella aceptamos que nos ofrezcan algo objetivamente irrealizable. Durante ese periodo se deposita la confianza en un candidato como quien vive un intenso y desenfrenado affaire, el cual pasa por esa primera fase de cristalización de la que hablaba Stendhal: queriendo creer todas sus palabras, perdonándole sus contrastables errores pasados, restando importancia a sus probadas contradicciones, obviando las críticas dirigidas hacia su persona y desoyendo algunos consejos de amigos y seres queridos, quienes pretenden desvirtuar una imagen demasiado tentadora -carisma, pureza, honradez, valentía- y cuya atracción principal radica sobre todo en ser la novedad; en distinguirse radicalmente de todos los fracasos pasados.

De ahí que Barack Obama, además de mostrar su apoyo a Hillary Clinton, también quisiera agradecer a Bernie Sanders sus esfuerzos por "arrojar luz sobre asuntos como la desigualdad económica", "denunciar la enorme influencia del dinero en la política" y "hacer que la gente joven se involucre en el proceso". Es decir, por haber introducido algo de poesía en estas elecciones y hacernos soñar a todos con las estrellas. Nadie mejor que él sabe lo que significa dirigir una campaña revolucionaria, fundar una coalición imbatible en términos demográficos (latinos, afroamericanos, mujeres, jóvenes) y ganar unas elecciones históricas, para luego encontrarse con un Congreso, plagado de intransigentes prosistas, dispuesto a rechazar todos sus proyectos de ley por el simple hecho de que era el señor Obama quien los presentaba. Nadie mejor que el presidente sabe cómo los discursos a veces se convierten en estrofas mojadas y el programa en una versión tan distinta del primer manuscrito que apenas se puede reconocer en él el estilo de quien lo firmó. Donald Trump, además, se ha apropiado por ahora del alma del Partido Republicano y amenaza con trasformar las elecciones presidenciales en otro "reality show". Para combatirlo se necesita firmeza y astucia, cualidades que suelen obtenerse gracias a la experiencia, especialmente en un gobierno, soportando feroces ataques personales y críticas de diversa procedencia. Algo que a Bernie Sanders -asociado también a la palabra socialismo, un vocablo todavía desconocido y maldito en este lugar- le falta y Hillary Clinton sin duda posee, tras haber servido varios años como Primera Dama y Secretaria de Estado.

No obstante, merece la pena escuchar el discurso que el candidato de Vermont pronunció en Santa Mónica, California, la noche electoral de esas primarias. Carteles con el lema "Un futuro en el que creer". La manifestación de grandes ambiciones ("Nuestra misión no solo es vencer a Donald Trump sino trasformar nuestro país"). Recordar, de nuevo, la situación de desigualdad que padece la nación ("No es aceptable que el 1% de la población posea tanta riqueza como el 99%"). La resistencia a darse por vencidos ("La lucha continúa"). El público gritando, en español, "Sí se puede". La letra suena muy familiar y, sin embargo, de repente a uno le viene a la mente aquellos versos del poeta Pedro Salinas, también interesado en los efectos secundarios de la infatuation: "Nunca se entiende un sueño/ más que cuando se quiere a un ser humano/ despacio, muy despacio/ y sin mucha esperanza".

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