El mirador de Lobeira

Gestionar la mejor salida a Larsa

05.06.2016 | 03:15
Gestionar la mejor salida a Larsa

La crisis láctea puso contra las cuerdas a Larsa que anunció a sus trabajadores la arriesgada idea de cerrar durante cuatro meses a partir de octubre. La propuesta disparó las alarmas y a los trabajadores no les ha quedado más que mover ficha y pedir auxilio a la ciudad de Vilagarcía en la que trabajan.

La empresa Peñasanta, con sede en Asturias, ha pecado por su falta de comedimiento pues no puede despertar a sus trabajadores con mensajes nada halagüeños sino que debe poner sobre la mesa las posibles soluciones. Tardó demasiado en tranquilizarlos.

Hace falta dar esperanza pero todavía sigue sin explicar por qué es necesario parar la producción, suprimir la elaboración de los quesos más reputados o disminuir la producción de yogures durante tanto tiempo.

Todos estos mensajes calan de forma pesimista en la plantilla que, en buena lógica, pueden pensar que se trata de un plan para extinguir la actividad poco a poco. La firma asegura la idea contraria aunque de poco vale que insistan en que se mantienen los planes inversores previstos con una inyección de 3,2 millones para la fábrica de Os Martices. Ojalá se cumpla..

La situación de Larsa es crítica desde hace años. El exalcalde Tomás Fole acaba de confesar que firmó un convenio urbanístico de privilegio con la empresa para evitar su cierre ya en 2012. Pero todo ello sirvió para muy poco pues a finales de este año va a ser difícil recuperar la actividad en esta empresa si para sus máquinas. Si no que pregunten en Lantero cuantos clientes se han perdido tras los meses de huelga de sus trabajadores. Recobrar esa confianza suele ser misión imposible.

El alcalde Varela puede amenazar con suprimir el convenio urbanístico en la reunión del próximo martes. Está a tiempo. Pero a lo mejor sería más razonable que se preste a negociar ayudas en otras instituciones. Es decir, hacer algo para que la empresa continúe en Vilagarcía.

La inacción ha provocado ya demasiados cierres en O Salnés, una comarca que no solo puede vivir de terrazas, paseos en bicicleta y poco más. Sangrar a los ciudadanos y condenarlos al paro de forma irremisible sería un enorme error cuando se han cometido tantos otros en los últimos años.

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