Encogerse ante la riña

Rajoy elude el discurso de un Aznar empeñado en imponer la derecha más dura

24.05.2016 | 02:12
Encogerse ante la riña

No hace falta ser ningún experto en lenguaje corporal para detectar al macho dominante cuando coinciden Aznar y Rajoy. El autodominio que dan los mil abdominales tempranos, la melena leonina y ese mirar altanero con que el expresidente crece muchos centímetros contrasta con el encogimiento desmañado de un presidente que podría mirar desde arriba a quien lo nombró heredero, tanto por exceso de estatura como porque todavía está investido de lo que el otro fue un día. Aznar ejerce sobre Rajoy una dominancia que va más allá de lo físico y de lo ejecutivo, que se sostiene sobre un discurso contundente, filípico y sin ambigüedad.

Cada vez que el expresidente reñidor recita su catecismo liberal está incitando a Rajoy a que pierda toda vergüenza de mostrar lo que es la derecha prístina, a que no se acobarde y asuma que, como alardea el multimillonario Warren Buffett, "hay una lucha de clases y la vamos ganando". Por eso incita a mantener la dureza de los ajustes en un país exhausto, cuya recuperación depende de que le aflojen el dogal, con el que se les fue la mano, como reconocen algunos librepensadores miembros del Gobierno popular.

Rajoy sabe, en cambio, que de su encogimiento depende su supervivencia futura. Puede sacar pecho sobre los resultados de una reducción de déficit que, con uno de esos pellizcos de monja que son sus réplicas semiclandestinas a Aznar, defiende como muy superior a los tiempos más brillantes del PP. Pero sabe que cada mención a sus éxitos con las cuentas lleva parejo un recordatorio de sus recortes, algo bastante inapropiado en vísperas electorales.

La exigencia de nuevos ajustes es un condicionante con el que habrá de contar quien gobierne después del 26 de junio. El margen para desarrollar alguna política distinta será la flexibilidad que se negocie con esos socios europeos que nunca parecen estar de nuestra parte. La confrontación solo agrava el castigo, como bien saben los griegos. Pero de asunto tan crucial pocas aclaraciones cabe esperar en campaña.

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