21 de mayo de 2016
21.05.2016

Personaje inolvidable

21.05.2016 | 02:26
Personaje inolvidable

Tuve el privilegio y el honor de conocer y tratar en diversas ocasiones a Miguel de la Quadra Salcedo, que hoy nos ha dejado para viajar a la Eternidad. Un personaje inolvidable, admirado, caballero, artista, aventurero, atleta destacado y olímpico. Un hombre que tenía el gran don de ganarse al momento, a todos aquellos que estuviéramos cerca. Sus historias, sus aventuras a veces increíbles y su peculiar y personalísima idea de la vida, no tienen comparación con nada ni con nadie.

Con admiración de deportista, conocí a Miguel, después de saber de sus hazañas en el atletismo y su "invento" de un nuevo y peculiar lanzamiento de la jabalina. Consistía en una técnica igual que el lanzamiento de disco. Giraba sobre sí mismo con la jabalina en el extremo del brazo y la lanzaba como si fuera el disco. Con aquella técnica prodigiosa revolucionó el mundo atlético y batió el récord mundial, pero le fue prohibida por peligrosa, ya que de aquella forma no se podía asegurar bien la dirección del dardo.

Personalmente le conocí en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960 y tuve la grata oportunidad de hacer el Desfile de Inauguración en el Estadio a su lado, codo con codo. Fue una hermosa experiencia personal que agrandó mi admiración por aquel gran atleta y personaje tan especial y peculiar.

Sus historias son inmensas e innumerables y habitan entre el mito y la leyenda. Después de Roma-60 se fue con el Equipo Nacional de atletismo a los Juegos Iberoamericanos a Chile. Al acabar no volvió a España con la Selección, sino que se embarcó en una aventura que todavía es difícil de asimilar. Se fue a la selva amazónica y allí entre los indios llegó a convertirse en el jefe de la tribu, porque era el que más lejos lanzaba la jabalina. Los indios lo adoraban.

Al regreso de la amazonia estuvo en Vigo, y aquí tuvimos alegre tertulia con Carlitos Pérez, atleta universal y compañero e íntimo de Miguel. Cuantas cosas nos contó. Algunas realmente sorprendentes y extraordinarias. Miguel era capaz de todo. Tribus salvajes, serpientes, fiebres, humedad, mosquitos, de todo pasó el bueno de Miguel. Y todo nos lo contaba con absoluta humildad y sencillez, como si no tuviera ninguna importancia.

Después, instauró el movimiento Quetzal con los jóvenes iberoamericanos de España y latinoamérica, para enseñar a la juventud todas la rutas de Colón y los conquistadores. Fue una manifestación inmensa que se agrandó año a año y que hoy todos conocemos y admiramos.

Hace algunos años estuve con él en una reunión de olímpicos en el Comité Olímpico Español. Y la última vez que le ví fue en la Escuela Naval Militar de Marín hace uno o dos años, en el acto de la Jura de Bandera de los Caballeros-Cadetes el día de la Fiesta del Carmen. Fui a saludarle y como siempre, me recibió con el cariño y amistad habitual. Allí estaba con su grupo de jóvenes Quetzal disfrutando admirados del acto. Fue para mí un encuentro feliz y maravilloso.

Al querido Miguel, desde mi humildad, pero también desde mi enorme admiración y cariño, quiero expresarle mi sentimiento más personal y profundo, por esta ausencia que nos deja, ahora que se ha ido a ese Cielo en el que él, con su infinita imaginación y espíritu, ya vivió aquí en la Tierra. Fue un hombre feliz.

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