EDITORIAL

El éxito del Área Metropolitana de Vigo, un ejemplo del buen hacer político

08.05.2016 | 02:07

Asistimos, sabido es, en los últimos tiempos a un clima político de trincheras, reproches, ausencia del diálogo, sordera ante el clamor ciudadano, tacticismo electoral y yoísmo, entre otros males públicos. Por ello es especialmente valioso que, en una atmósfera tan contaminada, 14 alcaldes de las más diversas incluso contrapuestas fuerzas políticas se hayan sentado alrededor de una mesa durante semanas para -tras plantear, negociar y ceder- sellar un acuerdo sobre un asunto que procurará el bienestar de sus conciudadanos. Este éxito colectivo merece, esta vez sí con toda propiedad, el calificativo de histórico. En verdad el consenso municipal escenificado esta semana en torno al proyecto definitivo del Área Metropolitana representa lo mejor de la política, un oficio que ha vivido tiempos más felices.

La gestación del Área y su alumbramiento encarnan, hoy cuando tanto se reclaman, las grandes virtudes de la acción pública, eso sí, después de 16 años en los que fueron el perfecto ejemplo de los grandes errores de la actividad política. Y es que durante tres lustros el debate sobre el Área se convirtió en un campo de batalla en el que nuestros líderes políticos, cómodamente atrincherados en sus intereses personales y partidarios, se emplearon en el nada edificante deporte del fuego cruzado: acusaciones, críticas y censuras de toda laya se han podido escuchar durante este tiempo ante el pasmo ciudadano, que nunca ha comprendido cómo un instrumento de organización administrativa y territorial que promete más y mejores servicios a un menor coste tardaba toda una eternidad en ver la luz.

Sin embargo, el carrusel de desencuentros y pullas públicas es, por fortuna, ya el pasado. No es conveniente olvidar ese periodo negro de la política local (o localista) pero tampoco conviene refocilarse en él. Así que tras la foto de familia ofrecida el pasado miércoles en Vigo y las posteriores declaraciones de satisfacción absoluta de todos los munícipes, el Área Metropolitana se despojará en breve de su ajado y maltrecho uniforme de proyecto ilusionante para estrenar el de firme realidad. Tras miles de días de frustración, han bastado cien de trabajo serio, riguroso y solidario para hacerlo posible. Un hecho que demuestra que cuando nuestros gobernantes sitúan el interés general por encima de otros más mezquinos pocas empresas resultan imposibles. Porque, pese a la corriente dominante hoy, en política, como en la vida, ceder no es perder, rectificar no es claudicar ni pactar es fracasar. Al contrario. Ahí radica el verdadero éxito. Ésta es la gran lección que nos dejan los 14 alcaldes de la futura Área Metropolitana.

Los ciudadanos de Vigo, Redondela, Cangas, Moaña, Porriño, Mos, Baiona, Nigrán, Gondomar, Salceda, Salvaterra, Soutomaior, Fornelos y Pazos de Borbén están de enhorabuena. El acuerdo sellado tras el anuncio del alcalde vigués, Abel Caballero, de que la ciudad se incorporará al transporte metropolitano el 1 de julio, supondrá un cambio sustancial -incluso una revolución- en un territorio que comprende 14 ayuntamientos y acoge a casi medio millón de personas. Si el ente supramunicipal cumple sus objetivos fundacionales, la coordinación de servicios y competencias hará que éstos sean más eficientes y útiles para los ciudadanos. Más racionales y sostenibles. Más baratos. El transporte público -con ahorros de hasta 68 euros al mes para el bolsillo ciudadano- es el perfecto exponente de ello.

Los recursos públicos siempre escasos serán mejor empleados. La competencia dará paso a la solidaridad; la rivalidad a la colaboración. La integración -que en el ámbito social, económico y cultural es desde hace tiempo una evidencia- será más íntima, sin dañar las señas de identidad propias de cada concello. Tras la puesta en marcha del Área -un modelo que debería servir de ejemplo, a otras comarcas gallegas, como alternativa a procesos de fusión o absorción más controvertidos y traumáticos-, nada será igual o, mejor dicho, todo debería ser mejor.

Pero hasta ese momento todavía queda un corto pero decisivo trecho por recorrer. Los alcaldes de Vigo y su entorno han cumplido con sus deberes. Y lo han hecho en un tiempo récord. La fe en la utilidad del ente ha provocado una desacostumbrada expectación. El ánimo de los alcaldes está caliente y sus espíritus confiados. La prueba inequívoca de la ilusión generada es la asistencia a la reunión del miércoles de otros ocho regidores cuyos municipios -Ponteareas, Tui, A Guarda, Tomiño, Mondariz, As Neves, Vilaboa y Pontecaldelas- no forman parte del proyecto inicial del Área pero desean entrar cuanto antes en ella. Y junto a ellos otros seis concellos también aguardan que se abra la puerta de este club para ingresar como nuevos socios.

Ahora es tiempo de que la Xunta se ponga en marcha. O, para ser precisos, acelere. Todo lo que pueda. Ya no hay excusas que valgan. Sobre la mesa del conselleiro de Presidencia, Alfonso Rueda, ya está el acuerdo de los 14 alcaldes y sus respectivas corporaciones. Sin una sola tacha. Así que cuanto antes pase ese documento a la sala del Consello y se apruebe, mejor. Y de ahí al Parlamento autonómico, en donde la mayoría absoluta, sino la unanimidad, está más que garantizada. Julio, como se comprometió en su día el presidente Alberto Núñez Feijóo, sería el mes de la sanción definitiva de la reforma de esta tan trabajada ley. Según los cálculos de Caballero, en septiembre se deberán nombrar a los miembros del nuevo ente, que entraría en funcionamiento en octubre. Si se cumple el calendario, ese mes se vivirá un hito en la historia del municipalismo. Porque entonces se grabará con letras indelebles una página en la política gallega encabezada por los valores de la solidaridad, la colaboración, el diálogo, el consenso y el triunfo: el de la generosidad y el sentido común, herramientas imprescindibles para dibujar ese futuro mejor que se merecen cientos de miles de ciudadanos.

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