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Profesor de Sociología de la Universidade de Vigo

Ícaros postmodernos

06.03.2016 | 04:55
Ícaros postmodernos

La falta de oportunidades laborales, no solo impide que muchos jóvenes se independicen, sino que unos 21.000 se han visto obligados a volver a casa de sus padres en el último año. Los últimos datos del Consejo de la Juventud apuntan a que solo el 17,8 por ciento de los gallegos entre 16 y 24 años se pueden emancipar, un porcentaje que además van en descenso puesto que un año antes era del 21 por ciento. Galicia es además la segunda comunidad autónoma donde menos jóvenes se independizan. ¿Qué es lo que está fallando? El Consejo de la Juventud apunta a la elevada tasa de paro entre los trabajadores más jóvenes y el incremento de la temporalidad. Un sociólogo y un psicólogo opinan sobre las causas.

Hace ya mucho tiempo que comenzaron a modificarse los itinerarios de ubicación social (laboral y familiar, principalmente) de los jóvenes en nuestro país. La edad de emancipación comenzó a subir. La inserción en el mercado laboral se fue retrasando en pos de una mayor cualificación, cada vez más necesaria para acceder a los puestos de trabajo más ansiados. A su vez se precarizaron paulatinamente pero sin pausa los puestos de trabajo, con lo cual los niveles de cualificación dejaron de corresponderse con la posición en el mercado de unos jóvenes cada vez más formados. Ya en los años 90 se hablaba de los JASP (Jóvenes Aunque Suficientemente Preparados) y poco después de los 'Mileuristas'. Además, el mercado laboral de nuestro país se halla segmentado y desfavorece la movilidad social. Los jóvenes no acaban de acceder a aquellos puestos que ocupan miembros de generaciones menos preparadas. Y si no hay movilidad social sólo queda la movilidad geográfica. Queda emigrar o engrosar las filas de los 'nuevos pobres', gente ya no tan joven que no tiene otra opción que seguir viviendo con sus padres y ha perdido el tren de la inserción laboral hace tiempo. La crisis económica reciente lo ha agravado todo más aún. La experiencia migratoria ha sido diferente a la que protagonizó la generación de los 60. Ya no se emigra en busca del Dorado. Van y vuelven según haya trabajo o no. Las relaciones de pareja hace años que se han visto supeditadas al mercado de trabajo y vivienda. A veces su duración va en función de las becas o contratos precarios. Nuestros jóvenes intentan levantar el vuelo con alas más sólidas que nunca. Pero un modelo educativo, productivo y de organización social gris, obsoleto y burocratizado las derrite una y otra vez. La conciencia de vivir en una sociedad fraudulenta y corrupta se extiende. Pero las generaciones conviven juntas más que nunca. Y tienen que llegar a acuerdos. Nunca se ha visto tan valorada la familia y los amigos y menos las instituciones y poderes (públicos y privados). Algún día llegarán a la conclusión de que unos y otros han sido estafados por igual, aunque de distinta manera.

Atrás quedan los años de bonanza desenfrenada, que absorbía a los menos cualificados pero seguía dejando fuera a los más cualificados. El goteo de los jóvenes mejor formados de la historia de nuestro país ha sido constante en Galicia, incluso en los años de mayor crecimiento. No es país para gente muy cualificada. Aunque sea más necesario que nunca el relevo generacional en los cuadros técnicos y administrativos. Hay demasiadas poltronas, capillas, chiringuitos y privilegios (a los que no se ha tocado en el 'ajuste' que nos han aplicado recientemente a todos en plan 'castigo colectivo').

Por aquél entonces (pongamos 2005) el 40 por ciento de los jóvenes menores de 30 años estaban ya emancipados. Hoy no llegan al 20 por ciento en el conjunto de España. Por delante van siempre las comunidades más pujantes. Por detrás, los que no lo ven tan claro y tienen que emanciparse fuera de su lugar de origen (en las zonas en las que es posible encontrar trabajo). En el resto de Europa las cosas son muy diferentes, exceptuando a los países más afectados por la crisis, que están a nuestro nivel en este tema (Portugal, Grecia, Croacia o Bulgaria). En aquellos tiempos, la tasa de desempleo juvenil era como la que tenemos ahora para el conjunto de la población activa (una cuarta parte en paro). Hoy en día está en el 50 por ciento. Por no hablar de que a muchos ya no les salen las cuentas para completar los años de cotización requeridos para una futura e improbable jubilación. Nunca ha sido fácil ser joven. Pero, dadas las expectativas que se han puesto sobre el colectivo y lo que los jóvenes esperaban de esta sociedad, es más frustrante que nunca. La estructura de oportunidades no permite que se incorporen al disfrute y responsabilidad de posiciones sociales que se suponía merecían. Pueden alcanzar esos fines (la riqueza material, la seguridad económica) por nuevos medios (legales o no) e innovar o, simplemente, renunciar a ellos y dejarse llevar por la historia a dónde sea que ésta nos lleve en vez de intentar despegar. Cualquiera de las dos opciones va a generar el mundo que le dejen a los jóvenes que vengan detrás. Cuando me preguntan por el envejecimiento demográfico siempre me pregunto qué pasaría si tuviésemos aún más población joven de la que hay.

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