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FARODEVIGO
El mirador de Lobeira

Los pueblos no perdonan la indiferencia

27.12.2015 | 02:38
Los pueblos no perdonan la indiferencia
Los pueblos no perdonan la indiferencia

Los ciudadanos de O Salnés han dado una lección a todos los partidos. Y no solo han votado lo que les dio la gana sino que además acudieron en masa a las urnas pues apenas un 20% del electorado prefirió quedarse en casa, seguro porque no les satisfizo el programa de ninguno de los partidos y agrupaciones que esperaban esos votos como un maná. Y es que el trabajo de unos y otros esta campaña ha pasado desapercibido. Como si no existieran. Apenas algunos mítines, con escasas figuras en el escenario, y algunas docenas de banderolas, pocas, en lugares estratégicos de las poblaciones.

La única ventaja fue que tampoco han atronado con megafonías por las calles ni hubo el costosísimo merchandising que en otras ocasiones nadie era capaz de esquivar. ¡Qué despilfarros aquellos! Ni mancharon espacios públicos.

Por eso, los resultados de O Salnés son especialmente puros. Es lo que ha dictado la conciencia, la sapiencia y el interés de cada uno.

De ahí que no es de extrañar que ni siquiera haya habido los típicos "carrexos" tan rurales de otras épocas. Faltó el contacto vecino a vecino de aquellas ocasiones y el resultado es limpio, casi transparente.

Como se ve, el pueblo es sabio y colocó a cada cual en su sitio. El mapa comarcal se tiñó de azul salvo en A Illa y O Grove, pero es un azul demasiado pálido, desvaído, porque han perdido cerca de diez mil votos respecto a 2011.

Salvo en A Illa, el PSOE también cosechó un resultado desastroso. En Vilagarcía, la caída es especialmente significativa, casi catastrófica, pues han bajado hasta en las mesas que otrora eran consideradas "granero" del puño y la rosa. En Cambados, otro tanto de los mismo. Y qué decir de Ribadumia, donde el tripartito se atomizó como vaso que cae al suelo de forma súbita.

Con todo, la gran sorpresa la deparó O Grove. El pueblo le leyó la cartilla al alcalde Antonio Cacabelos y lo mandó a la tercera división, al apostar por En Marea, una agrupación que ni siquiera tiene líderes claros en el municipio. Cacabelos lleva tiempo en las trincheras, como si sufriera en silencio. Algo tiene que ocultar y los vecinos le exigen que dé la cara. Un gobierno no se puede sostener a escondidas. El pueblo no perdona tal indiferencia. Y al final, castiga.

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