tribuna del lector

La Navidad

22.12.2015 | 02:30
La Navidad

Las luces y las millones de lámparas que iluminan nuestras calles, nos despiertan de las noches largas del invierno.

Festejamos que hace 2015 años nació en Belén Jesucristo hombre y Dios. El Mesías anunciado por el Antiguo Testamento. En este torrente de luz vemos motivos de nieve, de hojas, pero siento una gran pena la falta de alusión al niño Dios, a la Virgen y a San José.

Hacemos monumentos y damos el nombre de calles a personajes que seguro que se lo merecen. Pero no es de recibo que se olviden del origen de estas fiestas que es Jesucristo.

Gandhi, el verdadero libertador de la India decía que Jesucristo había sido el más importante personaje de la historia del mundo y él no era cristiano.

La historia de la libertad de la India bajo el dominio inglés es apasionante. Grupos violentos sembraron el terror en los ferrocarriles y en las calles de muchas ciudades de la India. Todos estos actos de violencia no hicieron mella en el imperio británico. Pero cuando Gandhi logró parar toda la industria de fabricación de tejidos durante 24 horas, las autoridades británicas empezaron la negociación para la liberalización de la India.

Jesucristo nació en una cueva en la ciudad de Belén tal como decían las profecías del Antiguo Testamento. En Belén no había sitio para él en las posadas porque no llegó allí en carrozas sino que llegó con María embarazada al lomo de un asno y San José. Poca cosa para aquellos que se fían nada más de las apariencias. Y la luz vino al mundo.

Una vez empadronados en Belén, volvieron a Nazaret y allí estuvo hasta los 30 años sujeto a sus padres y trabajando como un habitante normal de aquellas tierras.

Empezó su vida pública y realizó su misión: Dar a conocer un Dios nuevo, un Dios misericordioso, un Dios padre que ama a todo el género humano sin distinción de razas.

Leyendo los Evangelios tenemos la oportunidad de conocer a Jesucristo. Obra, milagros, dio vista a los ciegos, curó a los enfermos, resucitó a los muertos y demostró su poder sobrenatural. Lo fascinante de Cristo fue su doctrina: la parábola de la oveja que deja a todas y va en busca de la oveja perdida y no vuelve hasta que la encuentra y la carga sobre sus hombros, la parábola del hijo pródigo, el hijo que pide su herencia. La despilfarra en tierras extrañas y cuando vuelve su padre lo come a besos y celebra un gran banquete.

Bienaventurados los pobres de espíritu, los mansos, los humildes, los pacíficos, los limpios de corazón. La parábola del rico Epulón en que condena la codicia, el egoísmo y exalza al pobre Lázaro.

En un mundo en que el poder, el dinero y el sexo se han convertido en los nuevos dioses, Cristo choca y es expulsado de nuestras vidas y de nuestras calles.

Qué bien nos venía a todos leer cada día el Evangelio y sobre todo vivirlo. El mismo nos lo recuerda: no todo el que diga Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi padre Dios.

Pero el Señor dice en el Evangelio: venid a mí todos los que estéis cargados que yo os aliviaré: mi carga es ligera y mi yugo es suave.

No tengáis miedo, yo he vencido al mundo. La Navidad es una fecha propicia para la alegría y el perdón. El Papa Francisco acaba de inaugurar el año jubilar de la misericordia. Aprovechemos para pedir perdón a Dios, a nuestros hermanos y a nosotros mismos.

*Miembro del Club 55

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