El cambio sin recambio

El descalabro del PP, la caída libre del PSOE y el valor de los nuevos partidos

22.12.2015 | 02:30
El cambio sin recambio

Es difícil decir algo nuevo cuando tantos analistas han estrujado en la noche electoral los resultados del 20 D, pero tampoco es tarea imposible visto el prejuicio político y el desconocimiento jurídico de muchos invitados.

Interpretar resultados siempre es complejo, aunque ya hemos visto la simpleza con la que se expresan los portavoces de los partidos. Es desalentador que los del primer y segundo partido se contenten con el "y tú perdiste más", mientras otros hablan como si constatar que el bipartidismo ha muerto significase que el tercer partido va a formar gobierno.

El descalabro del PP apenas se maquilla con el éxito de ser el partido más votado. Se convierte en fuerza irrelevante en el País Vasco y Cataluña y es incapaz de la autocrítica. El bajón se debe, al parecer, a la política de obligados recortes; la corrupción y el autismo con el resto de fuerzas políticas no cuentan.

El PSOE sigue en caída libre, sin un líder con carisma capaz de atraer a un electorado que ha buscado la ilusión del cambio en Podemos y con un proyecto territorial que ni ellos mismos saben explicar. Pero el principal problema lo tiene Pedro Sánchez en su casa, donde no convence y con una Susana Díaz dispuesta a quitarle la silla.

El éxito de Podemos es grande en términos absolutos, igual que el de Ciudadanos. Podemos tiene el plus de haber aunado esfuerzos en torno a candidaturas invertebradas, pero no se sabe cuánto aguantarán en un proyecto único. El primer desafío lo tendrán en la formación de grupos parlamentarios. Seguramente batallarán por crear tres. En Comú, de Ada Colau, puede ser para Podemos lo que el PSC al PSOE y lo mismo su alianza valenciana con Compromís y en Galicia con las Mareas. A Podemos no le ha sonado la flauta por casualidad, pero Pablo Iglesias la ha tocado arrastrando tras de sí a muchas siglas y grupúsculos que está por ver que bailen todos siguiendo el compás. La experiencia en gobiernos municipales avala la duda, aunque las posibles desavenencias quedarán en un segundo plano si, como es previsible, gobierna el PP. Hacer un frente opositor es más fácil que gobernar en una misma dirección. Quizá lo más valioso de Podemos es que tiene implantación en todo el territorio nacional y sustancialmente en el País Vasco y Cataluña.

Ciudadanos tiene el mérito de haber concurrido en solitario y compitiendo en una franja electoral más reducida que Podemos. Su resultado es muy bueno, pero las expectativas eran tan altas, jaleadas por los medios de comunicación, que su parcial incumplimiento, los mismos medios lo presentan casi como un fracaso.

Hay que tener en cuenta, además, que Ciudadanos, y sobre todo IU, son los grandes perjudicados por un sistema electoral injusto. Valga como ejemplo que Podemos allí donde se presentó en solitario obtuvo 42 diputados, mientras que Ciudadanos sólo 40, pero habiendo recibido 320.000 votos más. Es decir el tercer partido en número de votos es el cuarto en número de escaños. El caso de IU es más sangrante aún. Recibió prácticamente el mismo número de votos que la candidatura de En Comú-Podem, pero ésta consiguió 12 diputados e IU ¡sólo 2! La circunscripción provincial tritura la proporcionalidad y distorsiona, en algunos casos de manera muy grave, la voluntad popular.

Existe también otro dato electoral muy importante. El Senado lo domina el PP ¡y con mayoría absoluta!. Esto comporta tres claves significativas. El Senado actuará de freno y retraso a las iniciativas legislativas procedentes de un Congreso de los Diputados hostil al Gobierno (si gobierna el PP). La mayoría absoluta del PP será determinante para la aplicación, en su caso, del art. 155 de la Constitución en relación con Cataluña y, por último, refuerza la llave de bloqueo del PP a cualquier reforma constitucional. También indica lo anacrónico de un Senado, teórica cámara de representación territorial, dominado por un partido que sólo gobierna en cinco comunidades autónomas, dos de ellas de escasa entidad (La Rioja y Murcia).

A primeros de enero se constituirán las Cortes y el Rey iniciará contactos con los grupos con representación parlamentaria para proponer un candidato a la Presidencia del Gobierno. Lo lógico es que nomine a Rajoy, al haber ganado el PP las elecciones. Sin embargo, su ínfima mayoría sólo le puede dar la Presidencia si se abstiene el PSOE y eso, en principio, no ocurrirá. El Rey puede explorar otras alternativas. La más cómoda y estable sería la gran coalición PP y PSOE, pero sería el final para los socialistas. Por otra parte, la opción de Pedro Sánchez con una macro coalición de partidos a los que sólo les une su antipatía a las políticas del PP tampoco tiene gran recorrido. El PSOE podría pactar con Podemos en algunas cuestiones importantes, pero sería insuficiente y es impensable que sumase al pacto a partidos independentistas como Esquerra Republicana.

Así las cosas, sólo quedan estas opciones. Una es la más dramática; que ningún candidato propuesto obtenga las mayorías requeridas (mayoría absoluta en primera votación y mayoría simple en segunda) y, ante la reiterada negativa del Congreso, pasados dos meses desde la primera votación, allá para mediados de marzo, se disolvieran las Cortes. En total y como mínimo, medio año perdido. Otra solución es que antes de que se cumpla ese plazo, el PSOE haga un ejercicio de responsabilidad, pensando en el interés general, y decida abstenerse en la votación, como hizo en Andalucía Ciudadanos con Susana Díaz. Como contrapartida, podría conseguir del PP algunas medidas que le permitiesen justificar su cambio de criterio y después tener al Gobierno contra las cuerdas durante toda la legislatura, apoyándose en Podemos para aprobar leyes de contenido laboral, social y de regeneración democrática. Una tercera solución podría ser que, tras sucesivas derrotas de Rajoy, el PSOE condicionase su abstención a que el Rey propusiese a una persona del PP que no fuese Rajoy, vendiéndolo Sánchez como una victoria socialista. En ese caso, podría ser Soraya Sáenz de Santamaría la Presidenta. Por último, también podría suceder que el Rey, ante el persistente fracaso de Rajoy y la negativa de Sánchez a liderar un colage electoral, propusiese un candidato independiente y de prestigio, que no fuese diputado, y que pudiese convencer a los dos grandes partidos para una coalición encubierta y con guiños en lo social a la izquierda.

Sea como fuere, el que lo tiene peor es el PSOE, pues de él depende el que haya o no nuevas elecciones generales. De haberlas, a él se le presentará como el culpable y, de no haberlas, se le imputará haber permitido con su abstención que el PP gobierne. Ante unas nuevas elecciones, al PP no le iría tan mal. Podría sacar rédito de su imagen de ganador del 20 D al que no le dejaron gobernar, mientras que Podemos argumentaría que su deber es ser fiel "a la gente" y a sus promesas electorales, no como el PSOE. Ciudadanos también perdería fuelle dentro de un electorado que saldría en auxilio del PP.

Casi todos dicen que por encima de sus intereses partidistas está el interés general, pero todos interpretan que el interés general es el que va en su programa electoral. ¿Habrán entendido que es necesario dialogar, que la democracia es pacto, y que el pacto es cesión mutua para llegar a acuerdos, sin que las concretas renuncias entrañen necesariamente abjurar del global compromiso electoral?. Difícil es para los que han vivido estos últimos cuatro años en la soberbia del poder y también para los que confunden el mandato representativo con un mandato imperativo inmutable, de tipo medieval.

*Catedrático de Derecho Constitucional

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