De vuelta y media

Milagros Riestra, cronista de sociedad

"No apta para hombres" fue su sección de cabecera en el semanario Litoral a mediados de los años cincuenta, que no dejó indiferente a nadie

15.11.2015 | 04:55

Una Riestra con pedigrí metida a cronista de sociedad en un semanario local que desprendía un aroma rojillo mal disimulado en los tiempos del cólera franquista. Todos estos ingredientes compusieron uno de los episodios más disparatados que contarse puedan de aquella Pontevedra de mediados de los años cincuenta.

La tal Riestra no era otra que Milagros Riestra Peinador. El semanario era Litoral en su tercera época, que resultó la postrera. Y Domingo González Lucas, alias "Domingo Dominguín", propietario y gerente, era el culpable único de la fragancia rojilla que soltaban algunas de aquellas páginas por su condición de militante y benefactor del clandestino PCE (Partido Comunista de España).

Como maestro irredento de aquella ceremonia de la confusión ejerció Rafael Landín Carrasco, a la sazón director de la publicación.

Milagros Riestra aún vive para contarlo y guarda "un recuerdo muy grato" de aquella experiencia: "Me pagaban muy mal, pero lo pasé muy bien".

"No apta para hombres" fue la cabecera de la sección a su cargo que echó a andar el 19 de octubre de 1957. Su primer reportaje se tituló "Seis guayabos se confiesan" y dio mucho que hablar.

Los guayabos eran en realidad guayabas: Bebé Fonseca, Zita Lorente Amalita Puig, Sara Roldán, Rosita Rodríguez y María Jesús Díaz, todas jóvenes amigas suyas de conocidas familias. Y las confesiones demandas eran del tenor siguiente: "¿Cómo te gustaría que fuera tú futuro marido? ¿Qué carrera prefieres qué tenga? ¿Cómo te gustaría que sea tú petición de mano y luego tú boda? ¿Y a donde irías en el viaje de novios?"

Ni corta ni perezosa Bebé Fonseca respondía así: "Me es igual: de 24 a 34 años se admiten todos"? "Con tal de que gane mucho dinero?" "Un viaje de novios en helicóptero a Portofino". Sin duda ponía el listón alto a su futuro marido, el arquitecto Joaquín Basilio Bas, pero ignoro si finalmente le cumplió o no el capricho de visitar Portofino en plan romántico.

Por su parte, Zita Lorente se conformaba con "un buen chicho, alto, moreno, ojos verdes, de 20 a 26 años". Pero al final se descolgó con una exigencia inverosímil para su viaje de novios, puesto que eligió como vehículo "un satélite artificial", al tiempo que reclamó "una escala en Buenos Aires". No lo puso fácil, si bien es verdad que aquella atractiva quinceañera a lo Romy Schneider estaba en su derecho de pedir la luna.

El número se agotó y Rafael Landín se sintió el director más satisfecho del mundo por su acertado fichaje de Milagros Riestra.

Precisamente Zita Lorente proporcionó a Milagros Riestra poco después el "scoop" más sonado de su trayectoria periodística; una gran exclusiva que no obtuvo el eco merecido por culpa de la dichosa censura, aunque sí consiguió burlarla, que no fue poca cosa.

La intrépida cronista logró sin dificultad una fotografía de la fiesta de cumpleaños de su buena amiga. Allí acudió como invitado especial el príncipe don Juan Carlos de Borbón, en período de formación en la Escuela Naval Militar.

Entonces pendía sobre la cabeza de Rafael Landín una prohibición expresa de publicar en Litoral cualquier información o fotografía de don Juan Carlos en Marín o Pontevedra. Aún no tocaba su promoción como sucesor de Franco.

Como buen periodista que era, el director de Litoral no quiso resignarse a guardar la foto en un cajón. De modo que coló su publicación al censor de guardia mediante una socorrida treta: tintó de negro el pelo rubio de don Juan Carlos, que ocupaba una discreta segunda fila y no citó su nombre en la información. Solo habló de "distinguidísimos invitados" en la celebración de aquel cumpleaños de Zita Lorente y el acertijo quedó servido para los más avispados.

La primera crónica de sociedad propiamente dicha que recogió Milagros Riestra, con foto incluida, tuvo como protagonista a Chicha Malvar, "que la semana pasada contrajo matrimonio con José Malvar Figueroa".

Aquella fue la boda del año en Pontevedra y la intrépida reportera reveló, entre otras cosas, que la novia vistió un traje "de raso brochado, línea clásica y fantástica cola, modelo de Valentina".

Más adelante publicó una encuesta sobre la mujer, el pitillo, el pantalón y la moto. Toda una provocación al lector en aquel tiempo.

Las respuestas de Manolo Fariña, el vendedor ambulante popularmente conocido como "Manolo el de los periódicos" resultaron demoledoras. Tanto el pitillo en la boca de una mujer como su pompis sobre una moto le parecían literalmente "un asco". Y sobre su vestimenta con pantalones dijo que "algunas parecen clones del circo; otras un adefesio".

Ramona Casqueiro, la sombrerera por excelencia de la ciudad, no se quedó atrás y manifestó que a ese tipo de mujeres tan atrevidas "no las deberían dejar entrar en España". Sin duda era otra época bien distinta.

Solamente Amelia Vázquez, la popular cajera de ultramarinos El Hórreo, vio con buenos ojos a las mujeres fumadoras y con pantalones. Solo mostró algunas reticencias a la conducción en moto.

No menos polémica resultó otra encuesta probablemente urdida por Rafael Landín, siempre provocador y bullangero, y realizada por Milagros Riestra sobre "el matrimonio y el qué dirán".

"¿Temería casarse aprisa o a deshonra por temor al qué dirán?". Una respuesta pública a aquella pregunta tan atrevida tenía su enjundia a mediados de los años cincuenta en una ciudad tan pacata como Pontevedra.

Carlos Peláez en hombres y Merchy Sobrino en mujeres, contestaron escuetamente que "no", que ya era mucho decir. Augusto Aláez señaló que "todo depende de lo que opine mi futura mujer". Y María del Carmen García Cabezas se salió por la tangente: "yo no quiero casarme".

Con motivo de la celebración de "el día de la madre", de reciente implantación comercial, también abrió otra ronda consultiva y el reconocido ingeniero Ricardo López Molero se descolgó con una respuesta muy repipi: "la madre es lo más importante en la vida de un hombre".

Litoral languideció al año siguiente porque no tenía futuro y Milagros Riestra abandonó para siempre su faceta periodística, que compartió con otra labor comercial de contratación de anuncios a comisión, poco antes del cierre definitivo.

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