Crónica Política

La atonía

04.11.2015 | 02:00
La atonía

Uno de los datos que más llama la atención en los estudios que desde una cierta objetividad analizan el presente y el futuro de Galicia es la persistencia en los avisos de que, por el camino actual, la convergencia con la media de bienestar española, y ya ni se diga europea, va para largo.Pero como lo susceptible de empeorar, empeora -Murphy dixit-, hay algo que sorprende aún más: que son pocos los que escuchan y menos aún los que atienden.

El efecto inmediato de esa actitud generalizada es que la sociedad gallega no adquiere el grado de tensión positiva preciso para preparar respuestas a los problemas que se denuncian pero no se valoran en su grado real. Y a medio plazo las soluciones se complican, aparte de que como daño colateral suele aparecer una sensación irreal de comodidad, casi de complacencia colectiva con que las cosas estén como están o al menos no se deterioren,

(El útimo de esos estudios -aparte de los datos de octubre sobre el empleo- es el que, firmado por el INE, insiste en que la economía de Galicia crece, pero menos que la estatal. Y eso ratifica el aviso de que la convergencia tardará más en llegar y por tanto que el optimismo oficial -a veces solo propagandístico- no está bien fundamentado o deja margen para otras lecturas, bastantes de ellas muy diferentes a las otras, lo que merecería más atención.)

Dicho eso, conviene añadir que la responsabilidad de la atonía social que en cierto modo se padece aquí no está solo en la estrategia de quienes, desde el poder, la provocan porque les conviene. Hay otros factores, ninguno de ellos despreciable, que requerirían una reacción correctora que no se produce porque también coincide con las tácticas de quienes podrían protagonizarlas.

Esas tácticas, resumidas en el lamentable eslógan del "cuanto peor, mejor", son las que aplica la miopía sindical, concentrada en responder solo a lo que atañe a sus intereses corporativos -que no a los de los trabajadores- aunque aumente la carencia de soluciones. O al servilismo de la patronal, que sabe lo que ha de hacer pero a la que resulta más cómodo y menos arriesgado callar.

En este marco -opinable, claro- de denuncia que incluye a la política oficial, está la de la oposición, que debate y escandaliza asuntos menores y deja pasar como si nada otros básicos. Por ejemplo la galopante pérdida de presencia e influencia gallega en sectores básicos para este antiguo Reino. Hay excepciones -entre ellas la de Abanca-, pero no rompen la regla de aquel debilitamiento: el último ejemplo, el de "R", que ha pasado a otras manos mientras aquí apenas unos pocos lo lamentaron. Eso es atonía.

¿No?

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