tribuna del lector

Ruidos y nueces del hospital

19.10.2015 | 01:58
Ruidos y nueces del hospital

Cada día, durante las últimas semanas, me asalta la idea de referirme a la esperpéntica actualidad del nuevo hospital vigués, bautizado con el nombre de Álvaro Cunqueiro, el preclaro escritor gallego que en la etapa en que dirigió Faro de Vigo nos deleitó cotidianamente con el "envés", encuadrados, jugosos y sui generis párrafos con los que buscaba el otro lado de la noticia; algo que le vendría muy bien a las que se refieren al flamante centro sanitario.

Sin evidencias que me permitan pontificar, pero basándome en opiniones que me merecen la máxima consideración, me inclino a pensar que al alboroto al que estamos asistiendo se le podría aplicar perfectamente el título de la conocida obra de Shakespeare "Much ado about nothing" , que en acertada traducción conocemos como "Mucho ruido y pocas nueces". El ruido parece proceder de tamboriladas políticas, de unos y otros. Y, al margen de que lo ideal suela ser enemigo de lo posible, a las nueces, que tal vez no sean tan pocas, y que pueden ser frutos de nogales de precipitación e improvisación habría que aplicarles, hasta donde sea posible, un rectificador cascanueces, sin la teatralidad de Tchaikovski y con el rigor y sensatez del sentido común.

Si en algún caso es exigible el estricto cumplimiento de la norma, es en un establecimiento sanitario. Por ello, no es discutible la incongruencia de una inauguración antes de que los controles microbiológicos garanticen hasta el 100% la seguridad de su idoneidad y sin caer en la tentación de precipitaciones e improvisaciones. En este platillo del lastre habría que poner, en su caso, la carencia de un adecuado laboratorio, la posible rebaja en el número de camas o el rumoreado desvío de especialidades a Santiago, ignorando el volumen de población que debe atender el HAC.

Admitida la posibilidad de estas indeseadas nueces, que debieran someterse con urgencia y severidad al cascanueces, hay que observar el otro platillo de la balanza y ver hasta qué punto se puede aceptar la opinión del presidente Núñez Feijóo, señalando que el nuevo hospital marcará un antes y después en el ámbito sanitario de nuestra zona y tal vez de toda Galicia.

La lupa para ver este contrapeso me la facilita un buen y respetable amigo, con probada y exitosa experiencia como doctor en Medicina. Sus verbas desprenden admiración por una infraestructura asistencial de casi 300.000 metros cuadrados, la obra sanitaria española de mayor envergadura en los últimos años y que cubija el más moderno hospital de Europa, llamado a ser la referencia médica para una importantísima masa de población. Apostillando su opinión resalta dos singularidades: el helipuerto que acogerá, los helicópteros medicados que hasta ahora tenían que posarse en Peinador y el singular hecho de que sean individuales el 70% de las habitaciones, alejándose de la proliferación de biombos usual en muchos establecimientos públicos de sanidad.

El conjunto de estos pros y contras más que opinable parece irrefutable; pero no es así lo que atañe a la polémica sobre el carácter público o privado del nuevo centro sanitario, ni al aparcamiento de pago. Me atrevo a opinar que en lo que se refiere al aspecto sanitario debe considerarse como público, ya que todo paciente amparado por la Seguridad Social es atendido gratuitamente, como en cualquier otro de la red de establecimientos sanitarios públicos. En todo caso, ¿se hubiera erigido tan fastuosa obra sin colaboración privada? Y lo público también lo pagamos con nuestros impuestos.

El aparcamiento, con independencia de que fuese oportuno dejarlo construir de forma privada, es algo complementario del hospital, pero no sanitario ni imprescindible. ¿Qué aparcamiento atendió al Xeral? Pero claro que es deseable contar con un aparcamiento de uso público. Y no me parece que deba tomarse a broma, como se afirmó en un pleno municipal, que el Ayuntamiento pueda complacer este deseo habilitando a tal efecto terrenos de su propiedad ubicados en la zona del HAC. Afortunadamente ya está en marcha.

En fin, para no dejarnos arrastrar por la crítica, admitamos que la extensión de las instalaciones y su estreno crearan, inevitablemente, algunos problemas, no preocupantes porque sin duda la rutina no tardará en solucionarlos; tal como sucede cuando nos cambiamos de casa.

Lo realmente triste es que cuando debiéramos echar las campanas al vuelo tengamos que sonrojarnos por irracionales posiciones políticas, que llevan a utilizar tan vital evento como un tablero para su interesada partida de mutuos reproches. En aras de consolidar esta emblemática aportación al mapa sanitario del sur regional, exijamos a los responsables políticos que se liberen del lastre de sus prejuicios y colaboren lealmente a que podamos sentirnos orgullosos de un destacado icono de la ciudad. Y, por asociación de ideas, pidamos imaginación para utilizar el popular pirulí y no caer en la aberración de hacer desaparecer otro inconfundible icono.

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