Violencia doméstica y vivienda

18.10.2015 | 02:33
Violencia doméstica y vivienda

El Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, en su informe de 2011 sobre víctimas mortales en el ámbito de la pareja o expareja, analiza en el "modus operando" el sitio donde se produce el mayor número de muertes. El lugar de los hechos resulta ser en un 72% de los casos: el domicilio (común, de la víctima, o de la ex pareja). Esto es, en la vivienda. Tenemos que aprender a saber que el horror acecha en el corazón mismo del habitar.

"Habitar es guardar", define Heidegger, y añade, "el fin que preside todo construir". Una larga cavilación histórica se resguarda en tres particularidades de la vivienda: está intervenida al máximo por los poderes públicos (nadie puede construir el escenario de su intimidad, su propia casa, al libre albedrío); al mismo tiempo, va mucho más allá de la mirilla de cada célula doméstica (se extralimita, anega el espacio público); y sobre todo, es un claustro esencial de la educación cívica.

La vivienda, inviolable y sagrada, está no obstante constreñida por mil normas del legislador: habitabilidad y salubridad, seguridad de utilización, protección contra incendios, supresión de barreras, accesibilidad, evacuación, protección frente al ruido, ahorro energético?telecomunicaciones. Es más, existen planes quinquenales, programas, subvenciones y ayudas. Promoción pública, y el mismo derecho a la vivienda lo invoca la Constitución.

En segundo lugar, hay en el habitar una necesidad recostada de fluidez entre el interior (privativo) y el exterior inmediato (público). La supresión de barreras para personas con movilidad reducida, implica tanto a la disposición de las piezas del cuarto de baño de la vivienda, como a las texturas del pavimento de la calle; al ancho de puertas, características del ascensor, rampas del portal o mobiliario urbano. La continuidad, de un tirón.

Por último, hallamos su mayor grandeza en la sensibilización y eficacia educativa. Resulta esclarecedor el reto de los residuos domésticos. Algún día, tras una pausa para husmear, se descubrió algo simple: el buen criterio de separar residuos. Aquello, en inicio irrisorio, una vez crecido dio gran resultado. ¿Nos habremos dado cuenta de la actual desenvoltura en la clasificación, envases, vidrio, cartón, orgánico? Sin sabotajes. Nunca la conciencia eco-ética ganó tanto.

Después de todo, la vivienda se inserta en un ideario comunitario. Los ojos del vecindario se vuelven hacia la cotidianidad o novedad en el acceso desde la calle, el patio interior o el descansillo de escaleras. No hay portal sin comunidad. Están instituidas y legitimadas. Son un útil social volcado en la gestión de la convivencia. Aquí, no caerían en saco roto iniciativas o campañas de concienciación y prevención de la violencia doméstica

En los años cincuenta el matrimonio Alison y Peter Smithson investigaron la casa del futuro. Una utopía orgánica y tecnológica que, en muchos aspectos, ahora reconocemos en materiales, artilugios, ambientes y disposición de enseres en el interior arquitectónico. En el estilo de vida. Fue fruto de un embrujo desprejuiciado y pragmático. Hoy, con rebeldía y mucha prudencia, habría que ensanchar esa utopía al halo comunitario de la célula doméstica.

A unos oídos contemporáneos suena bien la alarma y esfuerzo contra el fuego. Suena bien exigir, al interior y al exterior, ayuda al socorro. Al igual, ante la violencia doméstica, hay margen para indagar, disciplinar y socialmente, en la "activación de mecanismos" o "modo emergencia", dentro de una visión respetuosa de la rica esfera de la vivienda. Nada se echaría a perder por una hebra de clarividencia y tensión para atajar la locura.

Un momento capital del deseo de vivir lo marca la elección o construcción de la vivienda. Luchemos por ese torrente de vida.

*Arquitecto

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