Merecido premio

18.10.2015 | 04:55
Angus Deaton, Nobel de economía 2015.

Este año la Real Academia Sueca de Ciencias galardonó al economista británico-estadounidense Angus Deaton (1945) con el Premio del Banco de Suecia en ciencias económicas en memoria de Alfred Nobel. Trataré algunos aspectos de las investigaciones de Deaton mediáticamente poco aireados.

PPP

Una de las aplicaciones concretas de los trabajos de Angus Deaton es la comparación de niveles de vida de diferentes países en Paridad de poder adquisitivo (Purchasing power parity PPP). Aunque la idea se remonta a la escuela monetarista de la Universidad de Salamanca -siglo XVI- el método empezó a utilizarse por el FMI en la década de los años noventa del pasado siglo.

Con carácter pedagógico, y no es poco, The Economist popularizó la filosofía subyacente a la PPP, alumbrando el Índice Big Mac al comparar internacionalmente precios de un mismo producto, estándar, en los restaurantes McDonald's (existe también un Índice iPad elaborado por ComSec con la misma finalidad). En 2013, por ejemplo, el precio de un Big Mac en Hong Kong expresado en dólares norteamericanos (USD), al tipo de cambio corriente, era 2,18; en EE.UU, en local equivalente, costaba 4,37 USD. Por tanto, en base a la PPP, el dólar de Hong Kong estaba el 50% subvalorado respecto al USD. Con los mismos datos de The Economist, la moneda española, el euro, estaba el 9% sobrevalorada respecto al USD; la moneda venezolana, el 108%. Evidentemente, con parecido razonamiento se puede invertir la conclusión: si expresamos el precio del Big Mac en la moneda de Hong Kong, la moneda de EE.UU es la sobrevalorada.

¿Cuál es la utilidad de la metodología PPP en las comparaciones internacionales de nivel de vida? Veamos un sencillo ejemplo. En 1999 el yen estaba sobrevalorado respecto al dólar norteamericano. Por tanto, al expresar el PIB per capita de ambos países en moneda común -pongamos, dólares- los japoneses parecían más ricos que los norteamericanos, con mayor nivel de vida. Espejismo que desaparecía al aplicar la metodología PPP: los norteamericanos gozaban de mayor poder adquisitivo que los japoneses habida cuenta que los precios eran más bajos en EE.UU. Es mérito de Deaton haber desarrollado un modelo de revisión regular de la PPP.

Estudios de campo

En los años ochenta del pasado siglo, Deaton estudió el comportamiento de los consumidores pobres en India (en colaboración con Jean Drèze) Sri Lanka y Costa de Marfil, analizando particularmente la influencia recíproca del estado de salud individual y los ingresos (otros economistas y estadísticos proponen estudiar la influencia recíproca de la felicidad y el nivel de riqueza: ¿las personas felices tienen mayores probabilidades de ser ricas o la riqueza compra felicidad?). Los trabajos de campo de Deaton y Drèze en India les permitieron constituir un impresionante banco de datos relativos al consumo, constatando, entre otras cosas, que la forma de gastar una ayuda social no era la misma si la percibía el marido o la mujer.

Hasta entonces la Economía del desarrollo no se preocupaba por análisis microeconómicos tan detallados centrándose esencialmente en la puesta a punto de modelos macroeconómicos de crecimiento orientados a guiar la política económica. Gracias a Deaton se despejaron nuevos horizontes de investigación hoy día iluminados por Esther Duflo que no ha de quedar sin recibir también el premio del Banco de Suecia. En la vida real, el enfoque de Deaton justifica el umbral de pobreza determinado por el Banco Mundial con vistas a implementar políticas sociales. Ese umbral actualmente es, en los países menos avanzados (PMA), casi 2 USD.

Las políticas de ayuda al desarrollo no han tenido éxito generalizado -en parte debido al peso de la tradición- pero hay estimulantes excepciones. En Bangladesh la pobreza se ha reducido de mitad en veinte años y la esperanza de vida en buen estado de salud ha mejorado notablemente gracias a medidas innovadoras como el microcrédito orientado preferentemente hacia las mujeres. Si bien, para ser sinceros, evaluar correctamente el peso de las medidas sociales impone reconocer que lo más determinante en la mejora de los indicadores del país ha sido la exportación del sector textil y la acumulación de capital humano formado gracias a los fondos enviados por los nacionales residentes en el extranjero.

La heterodoxia de Deaton

La obra que sintetiza el pensamiento de Angus Deaton es The Great Escape. Health, Wealth and the Origins of Inequality (2013) En ella el recién laureado analiza el progreso como una sucesión de transiciones tecnológicas que mejoran en el largo plazo productividad y salud individuales liberando paulatinamente a los seres humanos de pobreza y enfermedad. No obstante, esta dinámica no es uniforme lo cual contribuye -incluso en un contexto de progreso generalizado- a que el foso que separa los niveles de vida se ahonde hasta que una nueva ola tecnológica genere otro salto.

El punto más controvertido del pensamiento de Deaton -que lo convierte en un heterodoxo casi inclasificable- es el concerniente a las inversiones en los países menos avanzados. Las ayudas de este tipo, en su opinión, son inútiles y hasta desaconsejables. Es decir, hay que ayudar, sí, pero indirectamente. Al lado de exitosos programas de ayudas al desarrollo en el pasado -en Corea o Singapur- se observan casos abundantes de aumento de desigualdades sin excluir países que crecen a tasas superiores al 4% anual pero con umbrales de pobreza situados en 2 USD. Por supuesto, el enfoque de Deaton cuenta con numerosos adversarios. El principal es Bill Gates que por medio de su fundación realiza importantes inversiones directas con ánimo altruista, sin duda, pero cuyos efectos globales son difíciles de apreciar.

Deaton afirma, con otras palabras, que las ayudas que intentan aumentar el PIB per capita en esos países pecan de neocolonialismo cultural al querer imponerles la forma de vivir del consumismo occidental, obligándolos a entrar en un proceso que no favorecerá el aumento del bienestar subjetivo de la población. Además, el PIB per capita no es medida que sirva para informar respecto a dicho bienestar. En consecuencia, Deaton propone otros indicadores y ha sido una de las mentes de la Comisión Stiglitz que estudió la elaboración de indicadores complementarios al PIB.

Este debate hay que resituarlo en el contexto de la Paradoja de Easterlin, bien estudiada por Deaton.

Adaptación hedónica y bienestar

En un artículo de 2010 (cuyo descriptivo título en traducción libre sería Altos ingresos mejoran la opinión sobre la propia vida pero no el bienestar emocional del día a día) Angus Deaton y Daniel Kahneman se plantean el reto de saber si el dinero puede comprar la felicidad, analizando por separado dos aspectos del bienestar: evaluación global de la propia vida y bienestar emocional diario. La conclusión de Deaton y Kahneman es que cuando el nivel de ingresos aumenta, el sentimiento de satisfacción abstracta respecto a la evolución global de la propia vida aumenta asimismo pero si se interroga diariamente a las personas sobre las vivencias cotidianas la correlación positiva de la felicidad con el nivel de renta no es evidente. El bienestar emocional del día a día está condicionado por factores que conciernen al temperamento y circunstancias y pesan más que el incremento de renta.

Conviene saber que la adaptación hedónica es la tendencia, observada en nuestra especie, a volver rápidamente a un estado estable de bienestar (quizás natural o genético, cuyo nivel es propio de cada cual) independientemente de los eventos, positivos o negativos, que nos afecten. Bajo la hipótesis de adaptación hedónica, la persecución de la felicidad constituye un objetivo inútil que los sicólogos comparan con una cinta de correr (treadmill): por muy rápidamente que intentemos avanzar no nos movemos del sitio. El temperamento o carácter se centra en un punto (Punto de ajuste hedónico/ Hedonic set point) núcleo duro de nuestra personalidad, en torno al cual se mueven el humor o las emociones.

Como el estudio de la adaptación hedónica permite concluir que generalmente el bienestar personal de largo plazo no se ve afectado por efectos de riqueza, u otros más o menos impactantes, al menos a partir de cierto nivel de ingresos, la sicología positiva intenta descubrir qué elementos conducen a cambios duraderos de felicidad

Va de suyo que vivimos en una sociedad consumista en la que el aumento global de riqueza no se ve acompañado por aumento de bienestar subjetivo. Ello ha estimulado a los investigadores a buscar vías por las que el rendimiento hedónico del gasto crezca para un mismo nivel de renta. Enlazando con el pensamiento de Deaton, Gilovich y Kumar (2014) y Gilovich, Kumar y Jampol (2014) demostraron en sendos artículos que los gastos experienciales (experiential purchases) a veces gratuitos, intangibles o muy baratos (paseo en el bosque, ocio, lectura de un libro, conciertos, comidas con amigos, conversaciones agradables, etc.) tienden a prolongar el bienestar por encima del que depara el gasto y posesión material (vestimenta cara, joyería, robots domésticos de último grito y gadgets electrónicos, etc.) más propensa a la rápida adaptación hedónica.

¿Por qué la satisfacción que procura el gasto experiencial es más duradera? Parece ser que es debido al establecimiento de relaciones sociales de calidad; asimismo, los gastos experienciales forman parte más significativamente de la propia identidad; también son menos susceptibles de generar comparaciones personales desagradables y desfavorables; no se prestan a activar situaciones que al desinflarse las expectativas generan malestar.

Si las anteriores tesis se verifican ampliamente, quizás la heterodoxia de Angus Deaton no vaya desencaminada.

*Economista y matemático

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