el correo americano

Héroes

18.10.2015 | 02:33
Héroes

Iluminado por la supuesta nueva perspectiva que otorga la distancia, en ocasiones veo -gracias a internet- debates televisivos españoles. Una vez convocadas las elecciones generales y pasado el trance de las elecciones catalanas, cabe preguntarse si el país está mejor ahora que hace cuatro años, cuando comenzó a gobernar el Partido Popular. La respuesta, según los economistas que acuden a la televisión con su pizarra, puede variar en función de cómo se formule la pregunta. Depende de a qué llamamos recuperación y a qué llamamos rescate. Depende de si somos liberales o socialdemócratas. Depende de si el trabajo precario se puede considerar, en sí mismo, un trabajo. Depende de si los miles de jóvenes que emigraron a otros países con el objetivo de encontrar una decente salida profesional son, como sugieren a veces los optimistas en el poder, unos felices promotores de la llamada marca España. Depende.

Tal ceremonia de la confusión, protagonizada por opinadores de diversas sensibilidades, está provocando algo de desconcierto entre los electores. Estos últimos, al vivir en un estado permanente de indecisión, modifican cada domingo los resultados de las encuestas, prestando a todos los candidatos -víctimas de la esquizofrenia demoscópica convertida en género periodístico- sus correspondientes minutos de fama. Nos encontramos, por tanto, ante un voluble panorama electoral cuya expectación, además de incertidumbre, genera divertimento. La política, reavivada por activistas, líderes carismáticos y entusiasmados profesores universitarios -quienes están sacando partido al desorden aritmético y a la aparente imprevisibilidad- se ha trasformado en un espectáculo rentable. En este caótico paisaje nacional, saturado de tertulias y redes sociales, resulta fácil intuir la gran responsabilidad que debe de ostentar la figura del asesor, a quien uno se imagina como a Toby Ziegler, el imperturbable Director de Comunicaciones en "El ala oeste de la Casa Blanca", apoyado en la barra de un bar bebiendo su vaso de Laphroaig y tirando trozos de discurso a la papelera mientras intenta descubrir la fórmula que salve de la quiebra a la Seguridad Social.

Deseosos de participar en la democracia entretenida, políticos que quieren serlo y parecerlo se presentan a unas elecciones que recuerdan a las largas campañas electorales estadounidenses, donde los aspirantes se "humanizan" delante de las cámaras evocando momentos entrañables de su vida personal, o realizan simpáticas coreografías en prime time, y a quienes se les castiga en las encuestas si se muestran dubitativos cuando manifiestan las razones de por qué quieren gobernar. "Es la imagen, estúpido", será el lema exhibido en las puertas de las sedes de los partidos liderados por candidatos despistados para los cuales la comunicación, esa cosa tan abandonada, todavía siga siendo un esnobismo de la postmodernidad.

Todos los que quieran estar presentes en este juego del cambio, o les interese sus entresijos, deberían leer Aragón es nuestro Ohio, una obra publicada por Malpaso y escrita conjuntamente por el equipo de Piedras de Papel -un grupo de especialistas en ciencias políticas y sociología que colabora habitualmente con el eldiario.es- donde se cuestionan una serie de creencias establecidas en torno a la ley electoral, la relevancia del centro político, el escepticismo del votante o la supuesta tradición abstencionista de la izquierda, entre otras. Desde 1964, el candidato a las elecciones presidenciales en Estados Unidos que gana en el estado de Ohio ("swing state" en el que los habitantes se decantan por demócratas o republicanos dependiendo de las circunstancias) acaba asumiendo la presidencia de la nación. Algo similar sucede con Aragón en España, puesto que, desde 1977, el partido que sale victorioso en dicha comunidad autónoma termina instalando (o manteniendo) a su candidato en la Moncloa. Aragón representa, de acuerdo con los autores, una reproducción en miniatura del país, ya que en la región se concentran diversas ideologías, entre las que se encuentra el centro-derecha y el nacionalismo de izquierdas, de influencia moderada, y sus tres circunscripciones adoptan una forma equivalente a la que se establece en el ámbito nacional, porque "combinan una grande, donde terceros partidos podrían entrar en el reparto de escaños", y dos pequeñas "donde, hasta ahora, sólo podían ganar representación PP y PSOE". Este "excelente termómetro político", no obstante, puede dejar de funcionar en las próximas elecciones generales si se confirma, finalmente, la muerte del bipartidismo.

Además de facilitarnos una gran cantidad de datos a través de tablas y diagramas, Aragón es nuestro Ohio tiene el mérito de rescatar información propia del restringido campo de la politología y ofrecérsela -con una prosa ágil y legible- al público no especializado, el cual ha tenido poco acceso a este tipo de obras, publicadas con frecuencia en el mundo anglosajón, haciéndonos pensar que la madurez democrática de un territorio se puede medir no solo analizando cómo se comportan los ciudadanos políticamente sino también observando los libros que estos pueden (o, más bien, no han podido) leer. "Un candidato bueno y bien valorado es especialmente útil para movilizar a los indecisos", aseguran los expertos. Los líderes, en resumidas cuentas, son importantes. Allí, al igual que aquí, también se buscan héroes.

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