el correo americano

Falsos profetas

04.10.2015 | 02:27
Falsos profetas

Las circunstancias en que se produjo la dimisión de John Boehner como presidente de la Cámara de Representantes, anunciada previamente por la prensa, parecían indicar que el citado político republicano, incapaz de contener las lágrimas mientras escuchaba las palabras del Papa en el balcón del Congreso, había decidido renunciar al cargo debido a una iluminación.

Sollozando ante la presencia del pontífice, Boehner (católico y sentimental) comprendió por fin -especulaban algunos bienintencionados- la enorme irresponsabilidad mostrada por su partido durante los últimos años, ya que esta formación política, secuestrada ideológicamente por los miembros del Tea Party, ha basado su estrategia en un irreflexivo obstruccionismo, impidiendo que republicanos y demócratas pudieran alcanzar compromisos sobre diversos asuntos (reforma sanitaria, cierre de la administración federal, carreteras, reforma migratoria) y haciendo que las dos cámaras se estancaran en sus correspondientes procesos legislativos. Después de que el presentador del programa "Face the Nation", John Dickerson, le hiciera un comentario sobre lo poco juiciosos que son esos extremistas, Boehner confesó: "Absolutamente. No son realistas? Pero ya sabes, la Biblia dice que hay que tener cuidado con los falsos profetas. Y hay gente ahí fuera haciendo ruido sobre cuánto se puede hacer".

Según el político de Ohio, algunos congresistas y senadores, asociados al movimiento mencionado anteriormente, hacen promesas a la gente a sabiendas de que no pueden cumplirlas. Antes de llegar a tan lúcida conclusión, Boehner, sin embargo, se había entregado con entusiasmo al grupo de supuestos charlatanes (minoritario, conviene recordar) a los cuales ahora señala como culpables de la inoperancia del sistema bicameral. Si los profetas eran falsos, todos ellos debieron de interpretar su papel a la perfección, hasta el punto de que consiguieron despistar al más escrupuloso de los lectores de la Biblia.

La epifanía del balcón contribuyó, seguramente, a que el expresidente de la Cámara de Representantes consiguiera aclararse un poco las ideas, haciéndole sospechar también que su dolorosa soledad en la retirada podría ser recompensada con unas cuantas editoriales favorables. Allí estaba él, único sensato entre los desquiciados, para presentarse a la opinión pública como el hombre que lo intentó. Demasiado tarde, quizá, para escenificar esa versión tergiversada de Dostoievski. Aunque su renuncia se pueda interpretar como una clara demostración de la ineficiencia del filibusterismo, arrojando luz sobre las manos ocultas que imposibilitan el buen funcionamiento de un gobierno, su legado (a pesar de que, en un primer momento, la renuncia provocó una cierta empatía) está siendo utilizado por algunos periodistas y congresistas, de uno y otro bando, como ejemplo de las perniciosas consecuencias políticas que puede provocar la cobardía.

"Si Boehner hubiera permitido la aprobación de la reforma migratoria, puede que el Tea Party se hubiera rebelado contra él y acabaran echándolo, pero al menos se le podría atribuir al político republicano un logro sustancial. En vez de eso, no hizo nada y perdió igualmente su trabajo", escribió Jeffrey Toobin en The New Yorker. En ocasiones, no hacer nada y agarrarse al cargo, seguir una tendencia más o menos minoritaria contaminada de sectarismo con la intención de no molestar a los ruidosos -confundiendo lealtad (al partido) con el deber (con los ciudadanos) - supone un peligro aún mayor que tomar decisiones difíciles arriesgando la supervivencia política de uno mismo. Riesgo a tener en cuenta siempre, por cierto, a la hora de lidiar con los falsos profetas que existen, no lo olvidemos, en todos los partidos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine