la mirada //

El designio de las urnas

04.10.2015 | 02:27

¡Qué distinto el post 27-S al post 24-M en el PP! Pese al batacazo en las elecciones catalanas, no se ha oído ruido de sables en las filas populares. La rebelión de barones para desplazar a Rajoy la frenó en seco el presidente del Gobierno tras los comicios municipales, y bajo el lema de Alfonso Guerra, el que se mueve no sale en la foto, nadie ha osado ahora cuestionar a Rajoy como cabeza de cartel en las elecciones del 20 de diciembre y menos aún buscarle sucesor. Excepto, claro está, José María Aznar, con su advertencia de que "este es el quinto aviso y no se puede desoír" , pero Aznar, aunque hace daño a las expectativas electorales de los suyos, ya no representa el futuro y no tiene un grupo de generales secundándole con la esperanza de luego repartirse el botín.

Tampoco hay tiempo. No quedan ni tres meses para los comicios generales. Y lo que tenga que ser será tras conocerse la decisión de los españoles. Si renuevan o no la confianza en la gestión de los populares, con o sin mayoría absoluta. El designio de las urnas en diciembre decidirá el futuro de un buen puñado de dirigentes del PP. También el de Alberto Núñez Feijóo. Hay quien no termina de ver al presidente de la Xunta repitiendo en Galicia y más bien se lo imagina en Madrid. Son malos compañeros de viaje que ante la coyuntura de si el líder del PPdeG debe optar a un tercer mandato o no en la comunidad, anteponen el interés personal, es decir sus opciones de ganar, a su compromiso con su tierra. Mal favor le hacen. No vaya ser que si al final no se presenta haya quien piense que es porque temía ser derrotado.

Y una semana más llega su fin sin que sepamos cómo termina el pacto de Podemos, Anova y Esquerda Unida. Si las elecciones catalanas fueron un jarro de agua fría para el PP, también resultaron una decepción para Podemos. Mientras Ciudadanos se vio aupado a alternativa, el partido de Pablo Iglesias hubo de conformarse con la quinta posición, una plaza por detrás del PP, con quien empata en número de escaños, once, pero menos votos.

La flojera electoral que le ha entrado al partido que prometía asaltar el cielo permite suponer que pierde capacidad de presión para imponer la marca Podemos en la lista electoral, con la que concurriría con la gente de Beiras y Yolanda Díaz. Pero seguimos sin saber si el líder de Anova ha sido capaz de doblarle el pulso a Pablo Iglesias y la candidatura será la de la Marea Galega.

El viernes escenificaron en una plaza de Compostela, uno de los bastiones de la izquierda alternativa, el acuerdo, pero este, cuentan, se limita a que van a ir juntos. Los detalles, sostienen, aún no han sido cerrados. Debería ser más fácil y rápido para formaciones que ya compartieron candidatura en las municipales en algunos concellos. Mientras negocian, no hacen campaña, dejan entrever complicaciones y eso levanta suspicacias en la ciudadanía. Deberán saberlo.

Por ahora lo único que tenemos casi claro es que el nacionalismo gallego acudirá de nuevo dividido a la cita con las urnas. El Bloque ha sido relegado; si se suma, será con un papel secundario, toda una humillación para quien jugó a ser en las Cortes el referente de Galicia como país, pero si no se suma corre el riesgo de desaparecer el Congreso fagocitado por las nuevas fuerzas emergentes.

Su dilema es que subirse al proyecto de las mareas le exige reformular su política en los concellos, donde se lo están poniendo muy difícil a las mareas. ¿Puede el BNG ir con las mareas a las elecciones generales y luego tumbar sus proyectos en los concellos?

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