Personas, casos y cosas de ayer y de hoy

Simplezas en la esfera bergaminiana

31.08.2015 | 22:40

No pretendo que mis simplezas sean máximas ni adoctrinamiento, solo transcripciones de mi observación y discurrir en los momentos en que me detengo y pienso. Aceptarlas o no, en su forma y contenido, es decisión que les corresponde a ustedes, mis lectores. Lo que sí pretendo es causarles sorpresa, por lo que a fuerza de ser sincero quiero prevenirles contra el fogonazo que pueda despistar su propio sentir. No se dejen influenciar nunca por nada hasta que tengan el convencimiento de que se trata de la verdad -y, ¡atención!, muchas verdades no son permanentes-. Tampoco es pretensión del que les escribe, consciente de que no pocas veces abandona la escrupulosa razón para dejarse llevar por su natural afán soñador. Una y otra vez les he traído mis simplezas a estos artículos con la definición de que están a medio camino entre el aforismo y la greguería, sin nunca olvidar su gusto por la paradoja, ese gusto socarrón de volver al revés el concepto. Si a algo se parecen mis simplezas es, a larga distancia en mi detrimento, con los aforismos bergaminianos.

José Bergamín (Madrid, 1895 - Fuenterrabía, Guipúzcoa, 1983) fue un notable poeta, periodista, dramaturgo y ensayista, cuya obra literaria comenzó y estuvo dominada por la publicación de aforismos, con los que se inició. Los aforismos constituirían el clima y el género fuente de todos sus trabajos, incluso de sus largos ensayos sobre política, literatura, religión o metafísica. Su primer libro de aforismos fue El cohete y la estrella (1923), al que le siguieron otras obras del género corto: El arte de birlibirloque (1930) y La cabeza a pájaros (1934). Este último es una recopilación de los aforismos recogidos por las revistas de su momento, como Revista de Occidente, La Gaceta Literaria y Cruz y Raya -dirigida por él mismo entre 1933 y 1936-. Sus obras postreras también tuvieron su fundamento en el aforismo, tal es el caso de La música callada del toreo, dedicada al diestro De Paula. Su obra poética, aunque iniciada en 1936, no sería publicada hasta mucho después con La claridad desierta (1973), a la que sucedieron otros poemarios. A todo ello hay que sumar una extensa obra ensayística.

En la lista de los adalides e inspiradores de Bergamín figuraron Pascal, Navalis, Juan Ramón Jiménez y Nietzsche. A ellos hay que sumarles Ramón Gómez de la Serna, al que consideró su maestro, y a Unamuno, uno de sus pilares fundamentales. Pero lo cierto es que Bergamín, un gran escritor, no fue ni es suficientemente conocido, posiblemente por los prejuicios políticos derivados de sus propias actitudes y sinuosidades. El autor se declaró pro-republicano y anti-monárquico y, fiel a este posicionamiento, apoyó a la república en la Guerra Civil española y después se exilió en el régimen franquista por diversos países latinoamericanos. No regresó a España hasta después de la muerte de Francisco Franco y al hacerlo no aceptó el restablecimiento de la monarquía y las omisiones de la Transición española. De hecho, en sus últimos años navegó entre posiciones nihilistas y acomodaticias, que le acercaron a totalitarismos radicales y abertzales, en contradicción con la realidad de España, que tenía para él una significación nuclear, indudablemente influenciada por Unamuno. Él mismo dejó escrito, en el contexto vasco, cosas como "Si España es una, ¿dónde está la otra?" y "Un resistente es todo lo contrario de un terrorista". El escritor y poeta José Manuel Benítez Ariza asevera que la esencia de Bergamín fue la contradicción y lo define así: "No falta lo contradictorio, en efecto, ni en su vida ni en su obra: católico y comunista, sutil filósofo y agitador periodístico, renovador y casticista, profundamente imbuido de lo último del pensamiento europeo y, a la vez, tan español como el hoy discutido arte de la tauromaquia, al que dedicó páginas tan hondas y sentidas como las que escribió sobre música, teatro, religión o filosofía". Sin embargo, tampoco debemos dejar en el tintero datos anteriores injustificables que reflejaban su espíritu tornadizo. Andrés Trapiello, en su obra Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939) (1994), refiere que Bergamín publicó en plena guerra civil, desde la columna periodística anónima ¡A paseo! y en el periódico El Mono Azul, un artículo en que instigaba a quienes "paseaban" o asesinaban a civiles en la retaguardia republicana.

Un estudioso de Bergamín, Alfonso Lázaro Paniagua, sostiene que: "El aforismo basa su virtud en lo certero de su expresión. La pasión y la razón aunando esfuerzos se lanzan a la diana y ya todo depende del tino que partió". Y considerando el tino y lo certero del disparo, una condición del propio Bergamín: "Ni una palabra más: aforismo perfecto", aunque no siempre seguida por él, como puede comprobarse en la última compilación de su obra aforística, El duende malpensante (Granada: Cuadernos del Vigía, 2015), donde algún aforismo ocupa más de una página y pierde su condición por más que su editor, Gonzalo Penalva, le llame "aforismo extendido".

Lo expresó muy bien Georg Lichtenmber, ya traído a estas páginas (Faro, 12.07.2015): "En el cuaderno borrador uno puede anotar sus ocurrencias con toda la prolijidad que habitualmente aplica cuando la cosa aún le resulta nueva. Una vez que se familiariza con ella, empieza a discernir lo innecesario y lo resume [?]. Muchas veces he matizado una expresión con algo que en el cuaderno borrador era un pequeño artículo".

Y sin más, mis propias simplezas.

Ser iluso es ser real, porque las realidades nacen de las ilusiones.

Vivir es evolucionar y evolución implica cambio permanente.

Ante la incertidumbre has de buscar la resolución, mas después de decidir, sobra la vacilación.

La única certeza que exige la fe es la de creer.

En la ciencia la única certeza es la evidencia de la demostración.

Es mejor ser analfabeto que no serlo y aun así ni leer ni escribir.

Playa es una parrillada de carnes humanas de diferentes edades sobre franja de arena y con vistas al mar.

El médico no solo ha de acertar en diagnóstico y remedio, también ha de convencer al paciente de que lo acepte, sin por ello intervenir en su libre decisión.

La verdad es que cuando los médicos informamos a los pacientes lamentablemente los vacíos son mayores que las certezas.

No te preocupes por tu edad, desde el primer día has rebasado los límites de la vida, pues tú no los has fijado.

El optimista, por viejo que sea, fija sus límites en el que rebasa su edad; el pesimista, por joven que sea, se está muriendo siempre.

Los médicos que confían todo a la evolución del enfermo debían exhibir el título de astrólogos.

Para pensar primero hay que salir fuera de sí y después meterse dentro.

La vida es como la corriente de un río: pasa, no permanece y deja surcos. Tu deber es determinar el cauce, el sentido y la desembocadura.

Yo asistiré a una corrida de toros cuando tenga la certeza de que la bestia ha firmado su consentimiento informado.

Al callarse la voz de un sabio se apaga la inteligencia; cuando cierra la boca un necio se ilumina el discernimiento.

Triunfar o no es mantenerse o ceder ante el fracaso.

Delinquir o no puede ser cuestión de la oportunidad de hacerlo.

La verdadera honestidad es una proposición y ejercicio voluntarios.

Algunos confunden originalidad con hacer lo contrario de lo que ven.

La falsedad del político es directamente proporcional a la verdad tergiversada.

La única diferencia entre narcisistas y celosos es el número de rivales. Los primeros los anulan y los segundos los inventan.

La obcecación es proporcional a la limitación de entendimiento.

No hace nada malo y no discute versus nada bueno hace y de opinión carece.

Al que deja de leer y estudiar le sucede como al que queda ciego durante la noche. El primero cree que nada ha cambiado y el segundo que la noche continúa.

Dícese glotón inverso del zampón que sacia a los que le escuchan sacando a colación su próxima comida.

Debería renacer un limbo de los vivos para alojar a aquellos que ejercen de muertos sobre la tierra en tanto no les corresponda estar debajo.

Algunos hombres son tan insensibles y producen tan fétido olor que se diría que nunca se lavan mental ni físicamente, por lo que parecen más próximos a las mofetas que a los humanos.

Es tal el aherrojamiento de nuestro profesorado universitario que han mandado a nuestro universidad a las galeras de la endogamia.

Al contemplar el currículo de muchos profesores universitarios se diría que son tales no por su acreditación sino por su vieja tarjeta familiar de visita.

Después de leer a algunos prosistas se comprende que para publicar no se necesita mente ágil y buena pluma sino editores amigos.

Cuando analizamos a algunos gobernantes de la democracia concluimos que el hombre es un animal al que le gusta la esclavitud.

Algunos hombres son tan inactivos que solo hacen dos viajes. Uno el anual alrededor del sol y otro vital, el viaje postrero.

Una de las virtudes de la inmigración es que ya no hay que viajar para hablar idiomas.

Los amores muy ardientes acaban quemando.

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