Crónica Política

La táctica

12.08.2015 | 02:17
La táctica

A partir de la idea de que, como cualquier otro imputado, el señor Besteiro tiene derecho a la presunción de inocencia -algo que él no le ha aplicado a otros, varios de ellos colegas suyos- y a escoger la táctica que más le convenga, quizá vengan al caso algunas reflexiones. La primera, considerar que no hay mejor defensa que un buen ataque, siempre que este sea eficaz y se apoye en sólidas bases argumentales, "detalle" que aquí está todavía por ver.

La segunda, que desde esa idea el secretario general del PSOE gallego orienta sus réplicas hacia algo que, de suyo, ya debería estar probado; los contenidos de sus cuentas corrientes y escrituras notariales, en las que solo un insensato haría constar cualquier cosa reprochable. Y si se acepta que el dirigente socialista no tiene un pelo de tonto y por tanto no cometería esos errores, es evidente que la publicación de sus datos solo prueba lo que prueba.

La tercera reflexión, formulada desde el respeto, afecta a lo que parece una reiterada descalificación a los actos de la señora De Lara, que define de "falsedades". Y como eso llevaría implícita una intención concreta, rozaría la prevaricación que -y más en tiempos en los que, como en estos, todo se mira con lupa- es la acusación más seria que se puede formular contra un juez y también la peor de las razones para apoyar un alegato de inocencia.

En realidad, y es otra reflexión, el señor Besteiro insiste en un argumento que expuso en el primer momento de su litigio: que la titular de la instrucción contra él actúa por razones políticas. Dicho de otro modo, poco menos que en línea con lo que le convendría a los adversarios de la actual dirección del socialismo gallego, externos o quizá -y a la vez- internos. Y esas son palabras mayores.

Dicho eso, parece igualmente cierto que hay datos sorprendentes en lo actuado hasta ahora contra el dirigente del PSOE gallego. Primero, la antigüedad de las imputaciones y, segundo, el aplazamiento de la declaración, que enlaza el lío con las vísperas electorales. Pero eso ha ocurrido, semejante o casi, con otros políticos y otros juzgados y supone una sospecha aún mayor que rebasa el ámbito de lo individual y plantea sombras sobre zonas en las que no debería existir ninguna.

Algunos analistas no alineados creen por eso que la táctica de don Xosé Ramón podría no solo aportarle disgustos, que serían problema suyo, pero también recelos hacia un sistema judicial que, por el bien general, debe quedar libre de sospecha porque es garante final de la convivencia ordenada. Por eso hay quien considera temerario el modo de hacer del señor Besteiro, que precisa de la merdée para tener éxito.

¿No...?

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