De vuelta y media

El parque de verano del Casino

Una finca de los Saenz-Díez en la carretera de Marín acogió sus instalaciones desde 1930 donde se celebraron cenas y bailes memorables durante treinta años

09.08.2015 | 05:29
El parque de verano del Liceo Casino en Mollabao acogió con sus mejores galas unas fiestas celebradísimas entre la alta sociedad pontevedresa. // Foto: Pintos, archivo FARO

Pontevedra era a fínales de los años veinte una ciudad en ebullición que mostraba una enorme vitalidad por sus cuatro costados. Al calor de esa efervescencia popular surgieron incontables proyectos y se plasmaron muchos anhelos. Casi de forma paralela al nacimiento del Círculo Mercantil como nueva sociedad en 1928, el Liceo Casino se propuso contar nada más y nada menos que con un parque de verano. Todo un lujo en aquel tiempo.

Inicialmente la directiva del Casino anunció aquel mismo año su instalación en una propiedad de Manuel Carballo, entre la calle de Santa Clara y la avenida de Buenos Aires. Sin embargo, el estado de la finca sin un solo árbol y su propia ubicación en un lugar a desmano tuvieron una fría acogida.

Unos días después de conocerse tal pretensión, Francisco Riestra López (hermano del marqués y director de la sucursal del Banco de España) publicó una carta abierta en la prensa local advirtiendo del grave error que iba a cometer la sociedad con una elección tan disparatada. Su reflexión fue mano de santo y se descartó la ubicación cuestionada, pero el proyecto siguió vivo hasta que tomó cuerpo dos años después.

El lugar elegido en esta ocasión, una gran finca perteneciente a la familia Saenz-Díez en la carretera de Marín (hoy entre las calles Rosalía de Castro, Ramón Peña y Manuel del Palacio), se recibió de buen grado. Esa aprobación general se transformó en caluroso aplauso cuando los socios del Casino conocieron las instalaciones del parque de verano una vez realizadas las obras oportunas.

"En aquel paraje se aprovechó lo mucho bueno que había. Sus calles sombreadas por enredaderas y rosales, sus salones cubiertos por frondosos árboles; sus jardines pletóricos de flores, etc.", reseñó un cronista de la época tras una visita informal.

Dotado de los servicios más adecuados para su uso recreativo, con un alumbrado eléctrico espectacular para las fiestas nocturnas, la instalación estrella fue, sin duda, una pista de tenis, deporte de moda entre la alta sociedad.

El acondicionamiento de la pista de tenis en un lugar inhóspito entre peñas y jaras exigió nada menos que el removimiento de mil metros cúbicos de tierra. "Eso se dice pronto -señaló el cronista de referencia-, pero no se lleva a cabo con facilidad".

Especial valoración recibió igualmente su espléndido bar a cuyo frente se puso Pepe García, émulo de Chicote tanto en competencia como en amabilidad, considerado por muchos como el mejor barman de Galicia.

El viernes 1 de agosto de 1930 fue la fecha señalada para la inauguración oficial del parque de verano con un garden-party a partir de las seis y media de la tarde. La directiva a cuyo frente estaba el ingeniero de la Junta de Obras del Puerto, Rafael Picó Cañeque, echó la casa por la ventana y se dispuso a obsequiar con un café de fruits y pastas a los asistentes.

Todo estaba dispuesto para aquel día tan señalado en la historia del Liceo Casino. Pero cayeron chuzos de punta y no quedó otro remedio que posponer la ansiada inauguración. En pleno mes de agosto el mal tiempo todavía se mantuvo activo durante varios días, hasta que el estreno del parque de verano pudo celebrarse, al fin, el día 10 con una gran verbena.

"Nunca como ahora se puede decir que la primera verbena que el Casino celebró en su parque fue enviada por Dios o, cuando menos, que en ella puso el Supremo Hacedor su mano."

Los cronistas de la época rivalizaron en loas y parabienes sobre aquella fiesta. Entonces sí, todo salió a pedir de boca incluida una noche "como no volveremos a tener dos: temperatura agradabilísima, sin humedad alguna, con escaso viento, un céfiro blando, que diría el poeta."

"Caras bonitas, trajes elegantes, cuerpos admirables"?."Allí estaban las mujeres más lindas, más distinguidas y más elegantes de esta bella región"?."Los múltiples forasteros que acudieron a este festejo se hacían lenguas de la magnificencia del mismo y de su excelente organización"?.

Las crónicas señalaron que a las doce y media de la noche ya era imposible dar un paso por aquel lugar. "Ni a pie vamos a coger aquí", comentó con gracia un comensal. Hasta se bailó en la pista de tenis por falta de espacio.

Contratada para la ocasión actuó Los Axejos, orquesta habitual del Gran Hotel de La Toja, que mereció el reconocimiento general de un público que no paró de bailar hasta el amanecer en sentido literal.

Tan buen sabor de boca dejó aquel estreno que tres días más tarde se improvisó una segunda fiesta el miércoles 13 de agosto. Fue un lunch de tarde hasta las diez y media de la noche como homenaje a los participantes en el campeonato de tiro de pichón Copa Galicia, otro deporte en alza entre las familias distinguidas.

Vázquez Lescaille, García Solis y Pardo Leis defendieron el pabellón pontevedrés, pero el triunfo correspondió a Alonso, de Vigo, con veinte pájaros sin cero, entre un total de dieciocho escopetas.

Tras aquel mal comienzo del mes de agosto, el buen tiempo prevaleció al final del verano. Esa bonanza climatológica animó a la directiva a organizar la primera cena con baile de su nuevo parque el primer sábado de septiembre, día 6, a partir de las nueve y media de la noche. Los Axejos repitieron actuación tras su gran éxito anterior.

Consomé en taza, ensaladilla rusa, pastelillos de langosta, fiambres a la gelatina, helado, queso, frutas, vinos y champagne. Esta cena americana para la ocasión se ofreció a razón de 15 pesetas el cubierto. Luís Patiño, Rafael Picó, Remigio Hevia, Alberto Quiñones, Manuel Espárrago, José Lino, José Aboal y Calixto G. Posada hicieron las primeras reservas para sus respectivas familias.

A la cena, que resultó exquisita, siguió el baile que se prolongó hasta las cuatro de la madrugada y resultó animadísimo. El champagne corrió en todas las mesas.

A partir de entonces, el parque de verano de Mollabao estuvo unido al Liceo Casino durante más de treinta años de fiestas inolvidables. Luego tuvo otras vidas más cortas como Silos Club, Barbarella y 45 RPM, pero esa es otra historia.

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