Claves del adiós

26.06.2014 | 01:56

Se ha consumado el prematuro y triste adiós de la Roja en el presente Mundial de fútbol y, lógicamente, tiene que haber claves que expliquen tan inesperado final. Antes de intentar descifrarlas se impone resaltar el respeto y reconocimiento a un equipo excepcional que nos hizo vibrar de gozo y sin solución de continuidad con dos campeonatos de Europa y uno del mundo. Se lo merece tan incomparable e histórica gesta de la que, a buen seguro, seguirán hablando generaciones futuras.

Considero obligatorio dejar sentada esta idea y tras hacerlo con gusto me atrevo a reflexionar sobre las aludidas claves, o al menos sobre algunas de ellas, que a mí se me antoja han sido las que han reservado con anticipación el billete de regreso

En primer lugar creo que se aceptará que varios de los jugadores no llegaron en su mejor momento de forma y que casi todos acusaron el esfuerzo de disputadísimas competiciones anteriores: Liga, Copa y torneos europeos. Y tal vez no se deba descartar que a ello se haya añadido cierta y absurda soberbia emanada de los entorchados últimamente acumulados.

Considero que otra clave se manifestó con reiteración durante el partido contra Holanda. En efecto, cuando España ganaba por uno a cero, un jugador de tan reconocida clase como Silva, falló un gol ya cantado que hubiera establecido un marcador que me atrevo a decir aseguraría la victoria, más que por la amplitud del tanteo porque el estado anímico de los equipos se habría manifestado de forma muy distinta de lo que luego sucedió. A mayor abundamiento hay que señalar que uno de los goles holandeses no debió subir al marcador, porque se consiguió cargando clara y puniblemente dentro del área pequeña a un desconocido Casillas. Una jugada similar, aunque no tan clara, en la portería de Brasil, determinó la anulación del gol croata. Claro que lo de Casillas -excepcional portero y en otras ocasiones reiteradamente salvador del equipo- en este partido debió obedecer a una inimaginable y nefasta conjunción de astros. Solo así se entiende que en el primer gol holandés estuviese de paseo alejado de la portería y que posteriormente protagonizase el charlotesco despeje que propició otro gol al rival. Habelas hainas.

Una tercera clave, sin duda más controvertida, tiene en mi opinión nombre y apellido: Diego Costa. No voy a discutir la clase del jugador ni a negar sus significativa aportación a la última y excelente campaña del Atlético de Madrid; pero su peculiar juego no encaja en el engranaje de nuestra selección, provocando el error de Del Bosque al decidir que se prodigasen largos desplazamientos de balón en busca del delantero; de lo que no se sacó partido e hizo que se desdibujase el estilo cristalizado por el campeón del mundo, para difuminarse en un anodino ni chicha ni limoná. El último partido contra Australia creo que corrobora esta opinión.

En fin, ya hemos abandonado Brasil y hay que asumirlo con pena, pero sin rasgarse las vestiduras, porque si marca un fin de ciclo con varios protagonistas dando el definitivo adiós a la selección, queda un buen número de contrastados jugadores que con la incorporación de la nueva savia que ya llama a la puerta, pronto volverán a ilusionarnos con algo parecido a lo que ahora pudo ser y no fue. Pese a ello y por lo mucho que nos han ofrecido, no malgastemos energías en reproches reservándolas para los agradecimientos.

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