personajes y tradiciones

Bar Gómez, en la rúa Doctor Fleming

08.06.2014 | 04:03

Todos los bares del mundo encierran una parte de nuestra historia como testigos fieles de la realidad de cada momento. Nadie puede esquivar su existencia porque se trata de algo vital y cotidiano en nuestra vida. Nadie se puede imaginar si algún día desapareciesen todos los bares y no dispusiésemos de ese lugar de encuentro, de comunicación, de ocio o simplemente de sosiego en el que compartimos con alguien todo lo que somos y lo que no somos. Éste es el caso del Bar Gómez en la calle Dr. Fleming de Ourense, en el que miles de ourensanos, y los que no lo eran, disfrutaron de un lugar en el tiempo alguna vez en su vida.

Ya existía el Bar Gómez cuando nuestro protagonista, en todos los bares del mundo siempre hay un ser especial que se convierte en confidente de todo aquel que lo visita, Paco Pereira Noguerol ("Tocas" para los amigos"), lo adquirió allá por el año 1967, tras abonar 1.000.000 de pesetas de aquel entonces y quién sabe si algo más. Había emigrado a Alemania, pero la morriña le pudo y regresó a su terruño con el propósito de montar su propio negocio. Así cumplía los deseos de su mujer Carmen Dacal Pérez, prima del señor Dacal del Bar Dacal, natural de Gueral (A Peroxa), de regentar su propio bar porque había aprendido en su aldea natal el oficio con su madre en la Tenda da Isaura.

El personaje central de la historia, que se desarrolla en torno al Bar Gómez, fue "Tocas", hombre que nació con dos de las más preciadas bendiciones que puede desear alguien; don de gentes y suerte. Conviene explicarlo: "Tocas" era amigo de todo el mundo; en su bar nadie se sentía extraño porque él tendía la mano a todo aquel que lo solicitaba, lo conociese o no, era el banco del pueblo y apoyo de cualquier iniciativa que alguien quisiese poner en marcha, llegando a financiar viajes a emigrantes que no podían pagar su billete y miles de favores más, porque además estaba muy bien relacionado con todos los estamentos de la ciudad, tanto políticos como sociales, que justificaba su gran don de gentes que poseía.

La otra faceta de nuestro personaje era la suerte. Esta gracia era casi divina, porque desde pequeño tuvo una aptitud extraordinaria para los juegos de cartas en todas sus variantes (si hubiese vivido en la época actual, Ourense contaría con uno de los más importantes maestros del poker, mus, subastado, julepe, siete y media... a nivel mundial), y no había timba en Ourense que se preciase si no contaba en su mesa con "Tocas". Toda la gente que lo conoció guarda como un tesoro las vivencias compartidas y ahora es justo dedicarle éstas líneas para que queden para siempre en la memoria de nuestra ciudad.

El Bar Gómez no era un bar cualquiera, aparte de contar con la personalidad arrolladora de su propietario, era donde tenía la administración y se despachaban los billetes de la Empresa Gómez, que hacía la ruta diaria de A Peroxa a la 1 y a las 7 de la tarde, además de ser parada de la Empresa Pereira, Castromil, la Directa, Villalón etc? En el interior del bar aún se conserva la vieja taquilla donde se expedían los billetes y algunas fotos enmarcadas de los entrañables autobuses o "Carritos" de aquel entonces y de algún personaje curioso que formaba parte de aquel inmenso enjambre de gente que pululaba por allí. El bar estaba atendido por al menos siete empleados que servían sin descanso las nueve mesas e incluso despachaban bocadillos a las puertas del bar en las horas de mayor aforo.

El menú estaba compuesto por cocido, pulpo, callos, carne guisada con patatas, carne asada, arroz, flan de la casa ? regado con buenos vinos y licor café de la casa. Para darse de cuenta de la carga de trabajo que soportaba el Bar Gómez hay que decir que la carne que venía de Gustei le llegaba dos veces en el día, al igual que el camión de Jaime Campos con suministros de vinos y alimentación, las gaseosas de Troncoso, Dacal, el camión de Agua de Sousas, el de Aguas de Cabreiroá y sobre todo el camión de Fanta que a la hora y media se acababa. También era parada de Autos Galsan que hacía su ruta por Francia y Alemania, y punto de encuentro por unas horas de los portugueses que emigraban a Francia. Allí hacían sus cambios de moneda y cambiaban su Tofina o su Sical que por éste motivo le llamaban el bar de los invasores. A la noche partían para Francia después de degustar su frango y su sopa de legumes, siempre acompañada de su Fanta preferida.

Además de los clientes viajeros, era punto de reunión de la intelectualidad y referente cultural en el que era fácil compartir tertulia con Carlos Vello, Guillot, Vidal Souto, J. Díaz, Tizón, César, Robert, Conde Corbal? entre otros, sin olvidarnos de Hermida, autor del hermoso mural que preside en bar desde hace décadas. No podemos olvidarnos de mencionar que fue refugio y fonda solidaria de los personajes más desfavorecidos de nuestra sociedad, como Toñito Patata, O Mérito, O Paxáro, O Mudo de Pereira, ? y vendedores como O Señor Herminio das rosquillas, A Señora Carmen que traía roscas de Ribadavia, los vendedores de mantas de Salamanca, A Rosita que vendía mandiles y todo un cartel de protagonistas de lo que fue uno de los establecimientos más emblemáticos de nuestra ciudad y que ahora sus nietos Javi, Marta y Marcos quieren continuar para disfrute de todo aquel que quiera revivir la esencia más pura y profunda de nuestra hermosa ciudad.

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