Un millón

Seguimos en tránsito

07.06.2014 | 03:31

Seguimos en tránsito. Vamos a una nueva transición, después de cerrar media docena de veces la anterior con la aprobación de la reforma política, el intento de golpe de Estado, la victoria del PSOE, el referéndum de la OTAN, la entrada en la Comunidad Europea, el regreso de la derecha al poder, algunos avistamientos del fin del terrorismo... Va siendo hora de que lleguemos a algún sitio y se acabe este éxodo en nuestra propia tierra en el que cruzamos pasos arriscados sin un notable cambio del paisaje. Seguimos siendo un país bastante cruel consigo mismo, que no es puntero en nada interesante salvo en el turismo de sol y sangría, agradable pero con su rencor de resaca y melanoma.

Un techo en España, en propiedad o en alquiler, cuesta la vida entera. Se entra tarde a un mercado de trabajo que expulsa pronto y todo a cambio de menos dinero cada vez. En seguida serán más pequeños el paraguas del paro y la marquesina de la jubilación. Todo eso, que es la vida, en los países de nuestro entorno está mejor armado.

En términos institucionales, la nueva transición es cosa de ellos. Había rey y habrá rey. Estrenamos algo muy viejo. España tiene elecciones y un sistema fiscal pero, vista desde lejos, está donde estaba: es monárquica, católica y corrupta. La mayor transición ha sido del olé al gol, aunque queda la fiesta nacional en un par de ciudades importantes porque siguen haciendo falta hombres valientes para la corrida de alcoba de la duquesa y la mejora de la casta y para que sigan viéndose y siendo vistas la aristocracia, la guardia civil, el lotero, el notario, la rubia de las gafas negras, el bipartidismo bicameral y la prensa de la villa de Madrid.

Qué tránsito hacia el mismo país donde la procesión va por fuera; el trabajo, sumergido; el dinero, por debajo; la política, por detrás, y, eso sí, el fútbol por delante. Gana España, la marca de nuestros bancos y constructoras.

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