Referéndum para el 0'2% de los españoles

06.06.2014 | 03:28

Por supuesto que una democracia madura no debe temer las consultas refrendatarias. Las cámaras representan la soberanía popular pero no la agotan. Si los ciudadanos quieren ejercerla en temas puntuales y con las condiciones debidas, los parlamentarios están obligados a darles prioridad, ya que representar no significa secuestrar ni suplantar. El problema está en las condiciones debidas, pues asuntos de indiscutible interés nacional como la teórica secesión de Cataluña o la explotación de las aguas territoriales españolas no pueden constreñirse a consultas locales. Competen de manera explícita o potencial a todos y cada uno de los ciudadanos. Los proliferantes referendos de Suiza, ejemplo típico, señalan claramente la pragmática de ese derecho.

Hay que preguntarse si un asunto que preocupa al 0'2% de la población española, según el sondeo realizado en mayo por el CIS, presenta las condiciones debidas para convocar referéndum, o ha crecido tanto en las últimas semanas como para implicar a 47 millones de españoles en la inquietud de menos de 100.000. Aludo, claro está, a la impugnacion de la monarquía en favor de la república. Frente al 80'8% de los abrumados por el paro y el 35'7% de los preocupados por la corrupción, ¿cuál sería el incremento del 0'2% sobre la forma de estado con la única novedad de la abdicación del rey y la proclamación de su sucesor en un marco de normalidad constitucional? ¿Es riguroso presuponer que todos los votantes de partidos republicanos firmarían la petición de un referéndum sobre la forma de estado?

Bastaría la duda para anteponer la verificación a la reivindicación. El republicanismo es un ideal de muchos demócratas, entre los que me cuento. Pero no pierdo de vista dos puntos casi axiomáticos: existen varias democracias avanzadas, y la española es una, con monarcas en la jefatura de estado; y los problemas reales del país no traen causa, en absoluto, de esa alternativa. Sospecho, entonces, que algunos están anteponiendo la forma al fondo y desvían el foco de lo verdaderamente urgente y grave, que es todo lo que alimenta la masiva preocupación española (80'8%, no se olvide). Es normal que el hecho de abdicar para abrir una sucesión renovadora fomente toda clase de comentarios. controversias e interpretaciones en la ciudadanía y en los medios, como también tiquismiquis formalistas gratuitamente "trascendentalizados". Pero seamos serios: lo que hay que resolver de manera urgente para que el país no se hunda no es la jefatura del estado. Los llamados "grandes partidos" lo saben y quizás por eso son grandes, a despecho del último revés electoral. No les libremos del foco, y hasta del tercer grado, en lo que es su deber.

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