Puntos de bifurcación

02.06.2014 | 02:00

La teoría de los puntos de bifurcación, en una interpretación libre, describe la situación crítica o de equilibrio en la que, ante dos opciones divergentes, basta con una ligerísima variante para inclinarse hacia un lugar u otro. Sería como en la película de Woody Allen, "Match Point", cuando el policía echa una moneda a rodar, y según caiga, aceptará la inocencia o culpabilidad del protagonista. En resumen, de la decisión que se tome, llegará el éxito o el fracaso.

Mentaba los puntos de bifurcación con precisión académica el catedrático Emilio Fernández, director del Campus del Mar, para significar lo cerca o lejos que se puede estar de alcanzar el objetivo. En el ámbito que lidera, que es el proyecto intelectual más importante que nunca ha habido en Galicia, para advertir que puede convertirla en una potencia científica mundial o quedarse en la mediocridad. Depende del camino que se emprenda.

Si todos los implicados empujan en la misma dirección, aportando los máximos recursos y con plena convicción, Galicia brillará en el top científico mundial y el Campus del Mar reportará enormes réditos en el ámbito de las industrias del mar.

¿Cuál es el principal enemigo de este objetivo? La cicatería, la disgregación, el localismo, los obstáculos internos.

Emilio Fernández contaba una anécdota clarificadora. En un reciente viaje a China, cualificados científicos del país asiático les preguntaban si Galicia quedaba cerca de Finlandia.

La pregunta implicaría falta de interés de unos intelectuales, por no haberse preocupado de consultar dónde está Galicia en un mapa o en Google, pero es comprensible. En el contexto mundial, es un territorio minúsculo con una población irrelevante, en comparación con cualquiera región china, formada por millones y millones de ciudadanos.

La realidad sirve para no caer en ensoñaciones distorsionantes y poder valorar en su justa dimensión lo que significa la cuestión de que se trate. En este caso, Galicia, demasiadas veces enfrentada en luchas intestinas, en todos los ámbitos: universitario, municipal, cultural, deportivo, empresarial, financiero, etcétera.

La conclusión es que se exigen miras altas si se quieren extraer todas las potencialidades de un objetivo en un espacio limitado. Y sobran dirigentes de vuelo rasante, que prefieren liderar la nada antes de que algo que les trasciende se les escape de las manos.

Cuando se presenta una oportunidad como el Campus del Mar, nadie que se sienta concernido con los intereses de esta comunidad, puede ignorar que es el gran mecanismo para que Galicia esté en la cúspide en el ámbito marítimo pesquero.

Lo recordaba el director del campus en el acto académico del centenario del Oceanográfico, que fue el primer gran proyecto científico que se fraguó en España y que está en los orígenes del trabajo de experimentación biológica e investigación marítima.

Su historia la repasó en una conferencia Rafael Robles, un antiguo director y gran impulsor del centro. Para contrastar lo que se avanzó en el último medio siglo, en medios y dotación de recursos, que permitieron obtener importantes resultados, habló de las penurias que padeció. Cuando llegó a Vigo, en el año 1966, el único material que le dieron para su trabajo fue un bolígrafo bic y una resma de folios para todo el año. Y lo enviaron a hacer su labor al Berbés.

Eran los tiempos heroicos del Oceanográfico, de los que todos se sienten deudores, pero estamos en el siglo XXI, y el Campus del Mar tiene que competir con potencias mundiales y los mejores centros universitarios del mundo.

Galicia está ante una oportunidad única. Pero se encuentra en un punto de bifurcación. Si quiere jugar en la Champions de la investigación marítima, y ganarla, necesita disponer de todos los recursos imprescindibles. Del resto se encargan los investigadores.

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