Lo que quedará de nosotros

01.05.2014 | 02:00

¿Qué se dirá de nosotros cuando no estemos? ¿Quién administrará nuestra memoria? La pregunta, antigua y angustiosa, toma nuevos matices a la luz del mundo digital, de las redes, del acerbo infinito al alcance de todos con un par de clics. Allá, en cientos o miles de servidores conectados todas las horas de todos los días de todos los años, se guarda lo que hemos dicho y escrito, y las imágenes que hemos compartido, pero también lo que de nosotros ha sido dicho o escrito, y las imágenes que de nosotros se han tomado y divulgado sin nuestro consentimiento. Una autobúsqueda puede dar resultados devastadores para el propio orgullo, revelar la estulticia de quienes creen conocernos o el empecinamiento de nuestros enemigos, y aunque un carácter bien formado sea inmune a tales cosas, es inevitable pensar que todo eso continuará allí cuando ya no estemos, y que contaminará la memoria que de nuestro paso por la Tierra registre la historia, aunque sea en la nota mínima del último anexo. Hay sin embargo un remedio capaz de activarse solo, sin nuestra premeditación: basta con tener buenos amigos que en algún momento hayan apreciado lo que hacemos como positivo para otros, y deseen que tal contribución siga siendo efectiva en nuestra ausencia. Vamos al ejemplo, que al fin y al cabo es el que mueve la parrafada. Hace seis meses murió de cáncer, a los 45 años de edad, el sacerdote jesuita Marc Vilarassau, nacido en Barcelona y ejerciente en Lleida. La enfermedad le había sido diagnosticada en 2010 y tras una primera tanda de quimioterapia y otros fármacos, el pronóstico mejoró. Sin embargo, llegó la fatal recaída. Antes de esta, en abril de 2011, Marc grabó un vídeo para ser proyectado en unas Jornadas de Acompañamiento en el Duelo y la Enfermedad; a lo largo de media hora, comentaba su vivencia del momento en que recibió el diagnóstico, y la experiencia de la dura quimioterapia en la que se sentía morir, con todo su cuerpo "envenenado". Marc reflexionaba sobre los "duelos" que experimentó en este periodo y el papel de la fe para su aceptación. El tema no era la inminencia de la muerte, pero cuando esta sucedió, sus amigos crearon un web memorial e insertaron aquel vídeo en su página de inicio. Lo llamaron "En las puertas de la quimio" (http://enlaspuertas.net), por un texto del propio Marc titulado "La puerta", redactado en 2012 a partir de las conversaciones en la sala de espera de quimioterapia, y publicado en Catalunya Cristiana. También pusieron en él algunas de sus homilías dominicales y otros escritos, en algún caso relacionados con su enfermedad y en otros no. Hoy, quien busque referencias de Marc en las redes se tropezará con estas páginas en las que algunos de sus amigos, compañeros jesuitas y seguidores perpetúan unas reflexiones sobre la vida, la enfermedad, la fe y la esperanza, que sin dudad pueden dar fruto a quien las reciba. Una última reflexión: en uno de sus escritos, Vilarassau decia haber soñado que el rostro de Dios, invitándole a compartir su mesa en el Reino, estaba compuesta por los rasgos de los rostros de sus amigos, que le acompañaban el el viaje. Sus amigos, con "En las puertas de la quimio", le han dado vida más allá de la vida.

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