aprendiendo de nuestro errores

Lo que faltaba: ahora Francia

28.04.2014 | 02:15

Alain Minc parece estar contento. Este exasesor de Sarkozy aplaude el cambio de orientación de la política económica francesa impulsada por el nuevo primer ministro, Manuel Valls, sin duda con el apoyo de Hollande, que va a producir unos recortes en el gasto público de 50.000 millones de euros en tres años. Minc ha venido a resumir este "gigantesco paso adelante" del país galo, señalando algo así como: "Mitterrand nos salvó del comunismo y ahora Hollande nos salva del socialismo".

La verdad es que si alguien que se presenta a las elecciones presidenciales con la finalidad de liderar una posición alternativa a la austeridad que defiende Alemania, da un giro de tamaña magnitud, resulta normal que la ciudadanía se pregunte si es que solamente es posible una política y, por tanto, da igual la opción por la que uno se incline en el momento de ser llamado a las urnas.

El día que crea que no existen alternativas, defenderé que "externalicemos" (léase privaticemos) la gestión de lo público. Pero no me refiero a un hospital, un colegio o una universidad; sino a la gestión del gobierno de la nación: dejémosla en manos de un "buen consejero delegado" y paguémosle por ello. Seamos serios: sí existen alternativas, aunque ciertamente estamos en un bucle tramposo.

Francia ha terminado 2013 con un déficit público del 4,3%. En principio, no debería parecernos muy elevado, pero sí lo es, en términos del Pacto de Estabilidad (me niego a "rebautizarlo" como de "y crecimiento", porque para nada está orientado realmente al crecimiento), que considera déficit excesivo aquel que supera el 3% del PIB.

Al parecer, Hollande ha intentado conseguir más tiempo para cumplir con ese objetivo de déficit, pero el Eurogrupo se ha negado; y su primer ministro se ha apresurado a decir que no cambia la política porque se le imponga "desde Europa", sino porque el gasto público francés es muy elevado en términos de su producto, o sea, porque "están viviendo por encima de sus posibilidades". ¿Les suena?

Mientras no seamos capaces de diagnosticar adecuadamente nuestros problemas, no será posible salir de la lamentable situación en la que se encuentra Europa. Por si no teníamos suficiente, Francia, la segunda economía de la zona euro, se suma a la política de austeridad. Y ello aún a pesar de "los éxitos" que han venido alcanzando, durante los últimos años estas políticas impuestas por el triángulo Berlín-Bruselas-Fráncfort. Europa está sumida en el estancamiento; y Francia también.

Nuestros vecinos del norte registraron un insignificante 0,3% de crecimiento en su PIB, mientras su tasa de paro supera el 11% de la población activa. Están mejor que nosotros, pero tampoco para presumir demasiado. ¿Qué impacto van a tener las medidas de ajuste que se anuncian? El gobierno francés dice que congelará los sueldos de los funcionarios, las pensiones, recortará las prestaciones de protección social y reducirá el tamaño de las administraciones territoriales. Ya sabemos que el FMI, después de equivocar sus predicciones respecto a Grecia, señaló que se había infravalorado el impacto del multiplicador del gasto. Hay quienes ya han estimado que los ajustes anunciados podrán reducir el crecimiento del PIB francés en el entorno de un punto porcentual. Más estancamiento, para Francia y para Europa.

Lo que suceda en Francia va a repercutir sobre los demás. Tan irresponsable es caer en un déficit público insostenible, como empeñarse en reducirlo a una velocidad inadecuada. Para reducir el déficit se necesita crecer y, por tanto, recaudar más impuestos. En España desde mayo de 2010 no hemos dejado de reducir el gasto público y de incrementar los tipos impositivos, los directos y los indirectos, y no somos capaces de controlar, realmente, el déficit público, porque no aumentan los ingresos, y nuestra deuda pública está disparada. Si "obligan" a Francia a tal ajuste, ¿qué pasará con España después del 25 de mayo, con un déficit muy superior y fuera de control? Sin crecimiento no es posible salir.

Si el pacto asociado al nacimiento del euro fuera realmente "de crecimiento" -además de estabilidad-- cambiaríamos las políticas. A estas alturas nadie duda que el euro nació con graves defectos de diseño institucional y de gobernanza, pero no corregimos. Si aceptamos que Alemania se niegue a una unificación fiscal, no podemos entender que también se niegue a hacer todo lo que esté en su manos -y a permitir que también lo hagan quienes pueden-- para favorecer el crecimiento del conjunto de la zona euro.

Alemania sabe que el euro está sobrevaluado, pero intimida al BCE para que no actúe con la finalidad de incrementar, de forma decidida, la oferta monetaria hasta el nivel necesario para depreciarlo. Alemania sabe que, fuera del euro, el marco estaría relativamente más alto y podría exportar menos. A Alemania no le viene "mal del todo" el tipo de cambio actual de la moneda común. Pero a los europeos nos vendría mejor un euro devaluado.

Los países con un déficit público elevado y con un exceso de deuda (entre ellos España), pública y privada, necesitan ajustes y disciplina. Pero los países con un elevado superávit en su cuenta corriente, como Alemania, pueden, y deben, impulsar su demanda interna, para que sus socios puedan beneficiarse de ello, crecer, recaudar más impuestos y, por fin, reducir el déficit.

El problema es de los demás, no de Alemania. Aunque podría irles mejor, a ellos les va bien; ¿por qué cambiar?

La cuestión está en que los que suministraron el alcohol para montar "el festorro en el sur" fueron los alemanes. Nadie les obligó; fue una decisión libre de mercado. Y cuando la juerga terminó tenían demasiados deudores; pero con el tiempo, con sus imposiciones, con sus políticas, han conseguido que los "derrochones" hayamos cambiado mucha deuda privada por deuda pública y que nuestros acreedores sean otros. ¿No creen que también tendrán alguna responsabilidad?

Alemania está cada vez mejor y otros cada vez peor. En conjunto, Europa estancada y sin visos de encontrar la salida.

Pero sí, hay alternativas, aunque Francia se sume al drama de los periféricos.

*Economista

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Suscriptor | Opinión

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

PEDRO DE SILVA

El dolor no nos debe hacer ingenuos

Quien suponga que las respuestas y reacciones ante los criminales...

 
 

JOAQUÍN RÁBAGO

Barcelona, ciudad abierta

Todo lo que la capital catalana tiene y debe conservar

 
 

EDUARDO JORDÁ

Lo que haremos las buenas personas

Comportamientos previsibles que siguen a todo golpe del terrorismo

 
 

CAMILO JOSÉ CELA CONDE

Libros sobrevalorados

Un escritor joven, muy prolífico en las redes sociales, ha sacado la lista de diez obras...

 
 
Enlaces recomendados: Premios Cine