Puertas de entrada y de salida

27.04.2014 | 01:45

El vodevil admite multitud de variantes. Fíjense en la sucedida en un hospital romano, donde a una mujer le implantaron por error en el útero (dónde, si no) los embriones de otra. Significa que el espermatozoide salió de un cuerpo, el óvulo de otro, y el niño amaneció en un tercero que no tenía nada que ver con los anteriores. Un juego de entradas y salidas, como en las mejores comedias de enredo, donde las puertas cumplen un papel fundamental. Esto, naturalmente, no pone en cuestión la fecundación in vitro, sino los recortes económicos. Tradicionalmente, le venían dando a uno el niño que no era porque lo habían cambiado de cuna en el nido. Pero una cosa es que te den el niño que no es, lo que suele arreglarse tras cambiar las etiquetas, y otra muy distinta que te embaracen de los embriones que no son. Cuando sucede lo último, resulta muy difícil convencer a la parturienta de que los mellizos son ajenos. Han sido nueve meses de embarazo, oiga, ha sido un parto doble, los he visto salir de mi vientre, etc.

De otro lado, ¿cómo convencer a los auténticos dueños de los embriones de que los niños dados a luz por esa extraña no son de ellos? ¿Quiénes son más padres, los facilitadores del material genético o los que ponen la cavidad uterina? Bueno, la cavidad uterina solo puede ponerla la mujer, lo que lejos de simplificar las cosas, las confunde más. El padre auténtico, que solo ha puesto el espermatozoide, y que carece de la experiencia sentimental de embarazarse, se preguntará si el útero de su esposa es mejor que el de la vecina. En cuanto al padre falso, que ha visto crecer la barriga de su mujer sin sospechar que dentro de ella crecía una semilla extraña, se quedará de piedra, claro, porque el roce engendra cariño y él se había encariñado ya con esos mellizos a los que habían decidido poner, es un ejemplo, Claudia y Luis.

Lo que señalábamos al principio: un vodevil lleno de puertas por las que entra o sale quien no debe para divertimento del público, que sospecha que la vida no es otra cosa que un malentendido continuo. Si no, piensen qué habrá sido, a su vez, de los embriones que debían haber implantado en la mujer que ha dado a luz a unos hijos que son de otros y que a la fecha se encuentran en vientre o en hogar desconocidos.

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