con otra cara

Con sinceridad

26.04.2014 | 02:11

Vale, la mentira es nociva y tiene las piernas cortas. Pero ¿y la sinceridad? ¿Tan buena es? Recuerdo que cuando era jovencita, una de mis obsesiones era que el noviete de turno no me engañara. Presumía de poder perdonarle un escarceo, pero era fundamental que me lo contara él y no enterarme por la amiga. Eso, en teoría, porque en la práctica, si picaba y me lo contaba, armaba la de San Quintín y lo mandaba de vuelta con su madre. Pedimos sinceridad, pero ¿alguien me puede decir qué gana una sabiendo que la pareja acabó una noche de farra en el club de lucecitas de las afueras? Y así, pasa lo que pasa: "Manolo, dime de verdad qué hicisteis. Yo solo quiero que seas sincero porque puedo perdonarlo todo. No pasa nada". Y a Manolo le da la vena honrada y confiesa... Y sí que pasa... Por no hablar de los hijos. Últimamente tengo la sensación de tener más información de la que necesito. Yo me crié en una época y en una familia en la que la mentira era necesaria porque, si no, hubiera sido imposible salir con aquel chaval tiradillo que le hubiera provocado un infarto a mi madre o pasar con 17 años un fin de semana en Benidorm con las amigas. Ahora en cambio te encuentras con que la niña de 15 años te pide que la acompañes al ginecólogo o con que el chaval de 19 te pide que le ayudes a planificar el viaje que va a hacer a Ámsterdam con dos colegas. ¿No seríamos más felices pensando que la niña sigue liada con las muñecas y que el niño se va a Cuenca con la familia de un amigo? Ya sé que me van a decir que no, que la sinceridad de la pareja y la de los hijos es básica para mantener una buena relación, pero a veces, tengo mis dudas. Llega el peque y te suelta: "Te voy a decir la verdad si no te enfadas", como si la sinceridad en sí fuera un eximente de cualquier tropelía. "Señor juez, le voy a confesar que robé el banco y luego me voy para casa". Si esto no vale en un juzgado, ¿por que tiene que valer en la familia? Pues sí. ¿Quién no se ha encontrado atado de pies y manos al prometer al de enfrente que no pasa nada si le dice la verdad para luego tener que poner cara de póquer ante la respuesta? Nos obsesionamos con la verdad, nos preocupamos horrores cuando no sabemos por qué lleva días mustio el peque, fomentamos la confianza de nuestras parejas y de nuestros hijos convencidos de que siempre es mejor saber qué hacen y con quién, pero luego no hay quien duerma con ese exceso de información. Yo me quedaría con un termino medio. Que me cuenten lo gordo, que recurran a mí cuando lo necesiten, pero tampoco pasa nada si se ahorran algunos detallitos insustanciales, la verdad.

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