Extraviado en el tiempo

20.04.2014 | 04:14

Algo que sorprende o exaspera a quienes me conocen poco o mal es que no uso ordenador ni correo electrónico ni he leído "Cien años de soledad", aunque tengo dos ejemplares en mi biblioteca, ambos regalos. Debe ser porque todo el mundo tiene internet y todo el mundo ha leído "Cien años de soledad". Lo grave sería no haber leído "Los hermanos Karamazov" o "Rojo y negro", pero no haber leído la obra de Vargas Llosa o "Cien años de soledad", es disculpable. Antonio Masip escribió una vez que los hermanos Cela y yo nos parecemos en la manía que les tenemos a los hispanoamericanos. Yo no les tengo manía ni dejo de tenérsela: sencillamente no los leo, salvo a Alfonso Reyes y Octavio Paz, y, naturalmente, a Rubén Darío. Sí he señalado en alguna ocasión la tendencia de los hispanoamericanos a ser cortesanos de cualquiera: Carlos Fuentes lo era de Felipe González y García Márquez de Fidel Castro, como es público y notorio, y también de Mitterrand; y como se trata de un escritor de cuarta o quinta fila, Luis Sepúlveda lo fue de Areces: y con esto no quiero decir que Areces sea menos revolucionario que Fidel Castro, sino que en sus etapas políticas recientes lo disimuló más.

García Márquez y Vargas Llosa son los dos novelistas agraciados con el premio Nobel en Hispanoamérica, tal vez para compensar los premios que no recibieron Rómulo Gallegos y Alejo Carpentier, mucho mejores novelistas que ellos. El día que le concedieron el premio Nobel a García Márquez, volvió a asomar la oreja el cortesano. Pese a vivir exiliado en Méjico, que no en Cuba de sus amores, telefoneó al presidente de Colombia para decirle: "¡Presidente, ya tienes un premio Nobel!". ¿En qué quedamos? ¿Estaba exiliado o no lo estaba? Luego fue a dar la nota a Estocolmo vestido con el racial "liqui-liqui". Entre el kimono de Kawabata y el "liqui-liqui" del colombiano, el kimono tiene una tradición más profunda. Y, en fin, andar con folclorismos en Suecia, no es muy serio que digamos.

Sin embargo, creo que le debo una reparación a García Márquez, y por eso escribo este artículo. En apariencia, la obra de García Márquez se reduce a una sola novela mientras que Vargas Llosa escribió muchas. ¿Se debe a que Vargas Llosa es más trabajador o a que a García Márquez le dieron el premio Nobel antes? En cualquier caso, Vargas Llosa es un novelista convencional de prosa plana, incolora, en tanto que la prosa de García Márquez es mucho más jugosa, viva y colorista. "El otoño del patriarca" es una pesadez de novela y "Crónica de una muerte anunciada" es la madre de un horrible latiguillo: "una dimisión anunciada", "una visita anunciada", etcétera. No habrá escrito mucho más. No obstante, es un excelente cuentista, aspecto en el que no suelen reparar sus admiradores. Escribió cuentos espléndidos, que reproducen ambientes opresivos con la ligereza de mariposas. El coronel que no tiene quien le escriba espera también a Godot con el resultado esperado: lo esperado no llega. No sé si al escribirlo García Márquez pensaría en Beckett: lo que es bastante probable es que al crear Macondo haya pensado en Yoknapatawpha. En cuentos como "Ojos de perros azul" o "Un señor muy viejo con alas enormes" se respira una atmósfera mágica. Lo que ya no entiendo tan bien es lo de "realismo mágico", aunque en García Márquez haya una evidente intencionalidad política. Y si aceptamos la contradicción de "realismo mágico", le conviene mejor al argentino Mario Goloboff, el autor de "El soñador de Smith", un poeta de la prosa que no tuvo tanta suerte como otros autores de renombre.

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