David Letterman, la jubilación del rey

20.04.2014 | 01:15

En esta vida eres de David Letterman o de Jay Leno. Si escoges al segundo, te pido respetuosamente que te largues de este artículo. Antes de que la televisión arrasara a las películas de detectives con series magistrales, el humorista norteamericano hizo lo propio con el cine cómico. En su estela, la gran pantalla se ha reducido a adaptar los gags que Letterman escenificaba en el estudio televisivo.

Sin ir más lejos, Letterman sintetiza a Chaplin, Buster Keaton, Jerry Lewis y Groucho. Ya sea en la NBC o en la CBS, siempre con la partícula Late en sus espectáculos y desde un teatro cargado de público, no solo ha batido el récord temporal de Johnny Carson al frente de un magacín humorístico. A lo largo de más de tres décadas, se ha convertido en la única manera irracional de acabar el día. Provocaría las carcajadas de una persona dormida.

Letterman ha anunciado su jubilación para el año próximo. Tendrá 68, y nunca olvidaremos su mirada carnívora en las entrevistas. Entiende el humor como la aplicación del microscopio a los sucesos gigantescos y del telescopio a los diminutos. Admitamos que hace tiempo que reinaba otoñal desde su madriguera, ya no puede improvisar números desternillantes por las calles de Nueva York. Se limita a estar.

Letterman vive de provocar la carcajada simultánea de millones de personas, doscientas noches al año. Siempre evitó que el discurso ahogara su comedia, la tentación del moralista que paraliza a los payasos. La telespectadora española suele decir que nunca ha disfrutado al humorista estadounidense. Es incorrecto, lo ha visto cada vez que aparecían en pantalla Pepe Navarro, Sardà, Andreu Buenafuente y sus múltiples imitadores.

Las productoras españolas no solo han saqueado el discurso de Letterman, también su estilo. Cada mug o taza de té que aparece sobre la mesa de un presentador gracioso, la forma de sentarse a horcajadas, los golpes con el canto de las cartulinas en la mesa, o la forma en que Buenafuente hace callar a la orquesta, provienen directamente del maestro americano y no de El culo del mundo, según pretende el catalán en su docudrama.

El heredero natural de Letterman no es el Bill Maher de culto en España, demasiado editorialista. Fuimos infieles por vez primera al gran humorista con Jon Stewart, más orientado hacia la actualidad. De hecho, el sucesor del jubilado en el Late Show será el punzante Stephen Colbert, vástago de Stewart. Por primera vez en la historia, desde España empatamos con Gran Wyoming. Consumimos el telediario en régimen de parodia, porque solo el bufón dice la verdad.

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